Los trucos de un psicólogo especializado para resistir la necesidad de mirar el teléfono todo el rato: “En verano se usa más”

La dieta digital debe incluir momentos innegociables.

Paloma Martínez Varela

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El gesto de desbloquear el teléfono está tan normalizado y automatizado como meter la mano en el bolsillo o, incluso, parpadear. ¿Cuántas veces al día se mira el móvil sin haber recibido una llamada o notificación, por simple inercia? Al despertar, mientras se espera en un semáforo, en la cola del súper y hasta mientras mantenemos una conversación. Esa inercia no es casual, responde a mecanismos psicológicos y tecnológicos concretos para captar nuestra atención de forma constante.

“Hay unos algoritmos muy bien montados para que haya un consumo constante con un interés económico detrás”, comenta Marc Massip, psicólogo y fundador y presidente del programa Desconect@, que ayuda a adolescentes y sus familias con la adicción a las nuevas tecnologías, en conversación con elDiario.es.

¿Cómo romper la inercia?

“Lo primerísimo es entender que tiene que haber una conciencia. Si no hay una mínima conciencia, no tiene ningún sentido”, defiende Massip, que compara el proceso a dejar de fumar o cualquier otra adicción. Para el psicólogo es clave que exista intención y voluntad firmes de recuperar ese control sobre el uso del dispositivo y el tiempo propio.

Una vez establecida la convicción, el experto propone lo que denomina “una dieta digital” que, al igual que una dieta alimenticia, cada individuo adapte a su realidad y necesidades, ya que claramente no existen las fórmulas mágicas universales.

“En esa dieta digital cada uno puede establecer sus tres o cuatro ítems, como [no utilizar el móvil] cuando esté con amigos, cuando esté en familia, cuando vaya al gimnasio o a hacer deporte”, ejemplifica Massip, que comparte algunos de los mecanismos eficaces por su experiencia clínica.

Lugares libres de pantallas

Para el experto resulta fundamental establecer ciertos lugares libres de pantallas en el día a día “para ayudar a consolidar el hábito cognitivo-conductual”. Pueden ser, por ejemplo, el dormitorio, la cocina o lugares exteriores como la playa o el autobús.

Mantenerlo fuera del alcance

Para que el anterior punto funcione, el psicólogo recomienda alejarlo físicamente para poner un poco más difícil al cuerpo ese gesto automático y romper el hábito.

“Buscar un sitio en la casa que no sea una zona común donde poder dejarlo para ir olvidándote de él”, recomienda Massip, que también destaca la importancia de no dejarlo al alcance de la mano al conducir.

Vetar ciertas horas

La dieta digital debe incluir momentos innegociables y no solo en referencia a dónde, sino también a cuándo no dar espacio a la pantalla. “Ahora en verano, por ejemplo, se usa más. Siempre se dice que se usa para desconectar, pero no. Ahora se usa más porque hay menos tiempo ocupado”, asegura Massip.

No mirarlo antes de cierta hora por la mañana, durante la comida, cuando se está con amigos o una hora antes de dormir serían algunos ejemplos.

Desactivar notificaciones

“Se puede configurar para que solo lleguen las llamadas”, explica el experto, que propone eliminar las alertas visuales y sonoras de las aplicaciones para reducir el estímulo que nos empuja a mirar la pantalla. Se trata de una de las medidas más sencillas y a la vez más potentes, que también puede combinarse con el uso de modos oscuros, en blanco y negro o con menos brillo en la pantalla para reducir la adicción de los elementos llamativos.

“Yo creo que hay una falta de voluntad general, que es comprensible, pero para conseguir reducir la adicción hay que tener esa concienciación de quererlo usar menos. Como cualquier otra adicción, no tiene nada de sencillo”, valora Massip, que destaca que el camino hacia la desintoxicación va más allá de un día de desconexión puntual en vacaciones.

“Hay veces que te dicen: ‘ayer estuve todo el día sin poderlo usar y estoy genial’, ya pero el resto de días de tu vida lo usas y eso no me sirve porque al final estás mal cuando lo usas”, aclara el psicólogo, que destaca la importancia de una evolución diaria. Se trata de comprobar que reducir el tiempo de pantalla aumenta la calidad de vida, como resume Massip: “Esto es como el gimnasio, hay que ir viendo cómo evoluciona: lo uso menos, estoy mejor”.

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