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¿Por qué el calor nos pone de tan mal humor?

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Madeleine Aggeler

13 de julio de 2026 21:19 h

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Hace poco, mi marido y yo nos embarcamos en lo que debería haber sido un agradable plan primaveral: una visita al mercado de agricultores local. Pero una ola de calor pasajera hizo que fuera un día inusualmente caluroso. Me tropecé con él en la acera y me respondió bruscamente, así que yo le respondí bruscamente a él por haberme respondido bruscamente. Pasamos el resto del paseo sudando y en un silencio sepulcral. Cuando ya casi estábamos en casa, me dijo, con aire abatido: “¡Lo siento! Es que hace mucho calor”.

Nuestro mal humor no era simplemente una debilidad de carácter. “El calor no solo afecta al cuerpo”, afirma la Dra. Susan Albers, psicóloga clínica de la Clínica Cleveland. “También afecta al estado de ánimo”.

Los estudios han demostrado que, en los días más calurosos, los índices de agresividad tienden a aumentar, al igual que los incidentes de ira al volante, la violencia e incluso las visitas a urgencias por problemas de salud mental, afirma Albers.

¿Por qué el calor excesivo nos pone de tan mal humor y cómo podemos gestionarlo mejor? Se lo hemos preguntado a varios expertos.

¿Cómo afectan las altas temperaturas al cuerpo?

“Las altas temperaturas tienen efectos en cadena en el cuerpo”, afirma el Dr. Craig Sawchuk, psicólogo de la Clínica Mayo de Rochester.

Cuando hace calor, el cuerpo se pone a trabajar a toda máquina para regular la temperatura corporal central y mantenerla dentro de un rango seguro —por lo general, entre (36 °C y 37°C)—.

Una de las primeras cosas que ocurre es que el sistema vascular (los vasos que transportan la sangre y el líquido linfático, como las venas y las arterias) se dilata para permitir que fluya más sangre y más rápidamente por todo el cuerpo, explica Sawchuk. Esto hace que llegue más sangre a la superficie de la piel, lo que reduce el aislamiento y permite que el calor del interior del cuerpo se disipe. (Cuando hace frío, ocurre lo contrario: el sistema vascular se contrae y la sangre se aleja de la superficie de la piel, lo que retiene una mayor parte del calor interno).

El corazón debe bombear más sangre para enfriar el cuerpo, lo que provoca un aumento de la frecuencia cardíaca.

La dilatación de los vasos sanguíneos también desencadena la respuesta sudorípara. Y aunque el sudor puede ayudar a refrescarse, Sawchuk advierte de que la sudoración excesiva puede hacer que seas vulnerable a la deshidratación, lo que puede provocar calambres musculares, dolores de cabeza, fatiga, dificultad para concentrarse y cambios emocionales.

Pero no todo el mundo percibe el calor de la misma manera, señala Albers. Tampoco existe un consenso universal sobre lo que significa “calor”. En general, afirma, cuando las temperaturas superan los 30 grados es cuando el calor supone un estrés adicional para el cuerpo.

Algunas personas son mucho más sensibles debido a la forma en que su cuerpo regula la temperatura, o a cómo y dónde se criaron. Por el contrario, quienes han crecido en climas cálidos suelen estar mejor aclimatados y tienen una mayor tolerancia al calor.

A las personas mayores y a los niños pequeños les cuesta más regular su temperatura corporal, afirma Albers. Además, algunos medicamentos, como los antidepresivos, los estimulantes, los antihistamínicos y los medicamentos para la tensión arterial, pueden dificultar que el cuerpo se refresque por sí mismo.

“Las personas con enfermedades crónicas, las mujeres embarazadas y cualquiera que trabaje o haga ejercicio al aire libre también corren un mayor riesgo”, afirma.

Algunos rasgos de personalidad, como el neuroticismo, también parecen aumentar la probabilidad de que se produzcan reacciones emocionales más negativas ante las altas temperaturas, según la Dra. Kim Meidenbauer, profesora adjunta de psicología en la Universidad Estatal de Washington.

¿Por qué las altas temperaturas nos ponen de mal humor (a algunos)?

“La incomodidad es sin duda una parte importante”, afirma Meidenbauer. Es difícil estar de buen humor cuando te sientes como una bola caliente y húmeda. Esta incomodidad es intrínsecamente desagradable, pero también puede afectar a nuestras respuestas ante los estímulos, ya que la reacción del cuerpo ante el calor —aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración y dificultad para respirar— puede parecerse a la angustia emocional.

Por ejemplo: si notas que tu frecuencia cardíaca aumenta y alguien dice algo molesto, podrías interpretar ese aumento como un signo de irritación o enfado, en lugar de como la forma en que tu cuerpo está haciendo frente al calor incómodo. “Si tu cuerpo no estuviera esforzándose tanto y tu frecuencia cardíaca fuera más baja en esa misma situación, quizá te limitarías a poner los ojos en blanco y a restarle importancia pensando que alguien está siendo grosero, y no tendrías esa misma sensación de irritabilidad”, explica.

El calor también puede provocar un peor descanso nocturno, lo que puede mermar aún más nuestra capacidad para tolerar el estrés y la irritación, afirma Sawchuk.

¿Cómo podemos gestionar mejor las altas temperaturas?

“La clave está en ser proactivos y estar atentos”, afirma Meidenbauer. Hay que ser consciente de cómo se reacciona ante el calor y estar al tanto de las condiciones meteorológicas.

Otros consejos son:

  • Evita las horas de más calor del día. Suelen ser entre las 10:00 y las 18:00 horas, por lo que los expertos recomiendan programar las actividades al aire libre fuera de ese horario. Sawchuk sugiere levantarse más temprano y hacer los recados por la mañana, cuando hace menos calor.
  • Reajusta tu sistema nervioso. “El exceso de calor puede hacer que tu cerebro se sienta sobreestimulado”, explica Albers. Así que, si notas que te pones ansioso o irritable con el calor, intenta entrar en un lugar con aire acondicionado, sentarte en una habitación a oscuras durante unos minutos o echarte agua fría en la cara. Si no tienes aire acondicionado en casa, ella sugiere acudir a espacios públicos como centros comerciales, bibliotecas, cines o centros comunitarios de refrigeración.
  • Lleva contigo un kit para combatir el calor. Ya sea en tu bolso o en el coche, Albers recomienda tener a mano algunos artículos esenciales para controlar el calor, como una botella de agua reutilizable, un ventilador portátil, una toalla refrescante, protector solar y sobres de electrolitos.
  • Presta atención a las personas que te rodean. Si estás con niños pequeños, personas mayores u otras personas que no regulan tan bien la temperatura corporal, vigila cómo se encuentran. Si observas síntomas como mareos, dolor de cabeza, irritabilidad o confusión, llévalos a un lugar fresco lo antes posible. Albers también recomienda estar pendiente de los vecinos, los familiares mayores y los amigos que viven solos durante las olas de calor. “Una llamada rápida o una visita pueden marcar una gran diferencia”, afirma.

Por último, recuerda que hay un límite a lo que puedes hacer.

“Los fenómenos meteorológicos son lo que son, y puede haber momentos en los que tengamos poco o ningún control sobre ellos”, dice Sawchuk. “La falta de control puede afectar a nuestro estado emocional”.

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