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Opinión - No son franceses, por Lucía Taboada

No son franceses

Michael Olise durante el partido de la selección francesa frente a Paraguay en octavos de final del Mundial.
12 de julio de 2026 22:07 h

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Mariano Rajoy ha tenido siempre una habilidad portentosa para convertir el disparate en el rasgo definitorio de su personalidad. Sus columnas deportivas en ‘El Debate’ son el ejemplo perfecto de que esto que digo. Están escritas con una sintaxis tan infantil, tan cándida, tan de versión beta de una IA desarrollada en un colegio, que uno ya duda de si se trata de una performance y se está quedando con nosotros. Pero es que ese estilo torpón y ridículo, ese humor involuntario (yo creo que calculado) es el que le ha permitido sobrevivir a escándalos de corrupción y conservar la imagen de hombre amable y campechano, casi como un personaje resignado a los embates de la vida ideado por el mismísimo Francisco Ibáñez.

Digamos que Rajoy entendió hace tiempo que el personaje le rentaba más que el político así que se ha autoperfeccionado a sí mismo, como el disparo de rosca de Lamine Yamal desde fuera del área. Pero claro, hay ocasiones en las que el chascarrillo mariano, la banalidad patriótica de turno, deja de ser inocua y torpe para convertirse en otra cosa. La pasada semana, Rajoy escribió que la selección francesa tiene “un altísimo nivel, eso sí, sin franceses” reproduciendo uno de los prejuicios racistas más persistentes de la extrema derecha europea: la idea de que un ciudadano deja de pertenecer a su país por el color de su piel o por el origen de sus padres, la idea de que existen ciudadanos de verdad (los que responden a unos rasgos determinados) y ciudadanos de mentira (los que responden a otros rasgos determinados).

La reacción en Francia no se hizo esperar porque hablamos de todo un expresidente de Gobierno dejando caer que los jugadores de la selección no son franceses porque son negros o porque sus padres nacieron vete tú a saber dónde, pero no en Francia. El Gobierno de Macron ha calificado, con toda lógica, las declaraciones de Rajoy de “racistas” y “absolutamente inaceptables”, llegando incluso a animar a la Federación Francesa de Fútbol a estudiar acciones legales.

La polémica coincide, además, con que el Senado español, con los votos del PP y Vox, acaba de bloquear la ratificación del Tratado de Amistad entre España y Francia firmado en 2023 por Sánchez y Macron. El argumento formal gira en torno a una cláusula simbólica que permitiría que un ministro español y otro francés participaran, de forma rotatoria, en los consejos de ministros del país vecino. Es exactamente el mismo modelo de cooperación que Francia mantiene con Alemania, Italia o Polonia, pero en España se ha convertido en un nuevo frente político porque siempre hay sitio para uno más. El armario de los frentes políticos es inabarcable.

De los veintiséis futbolistas convocados por Didier Deschamps, solo tres nacieron fuera de Francia, entre ellos Michael Olise, que nació en Londres, no en algún rincón profundo de África como se pudiese imaginar el racista obtuso de turno. Los otros veintitrés futbolistas vinieron al mundo en suelo francés. No es que la retórica chovinista de Rajoy nos vaya a provocar un conflicto diplomático, aunque quizá sí unas semifinales un poquito más tensas, pero cuidado con normalizar eso del racismo envuelto de gracejo. Insinuar que unos ciudadanos son menos franceses, menos españoles, menos europeos o menos del lugar que sea que otros por el color de su piel o por el origen de sus padres o abuelos, no tiene absolutamente nada de gracia.

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