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El calor dispara las muertes en España a cifras sin precedentes y amenaza al sistema sanitario

CalorSanidad

David Noriega

11 de julio de 2026 21:52 h

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No es solo el calor pegajoso, un sol implacable o las noches sin dormir. Los episodios de altas temperaturas que han ido encadenándose en las últimas semanas han provocado cientos de fallecimientos en España. Según los últimos datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), desde el 1 de mayo se han producido 1.682 muertes atribuibles al calor.

La segunda ola de calor del verano, que se alargó desde el pasado fin de semana hasta este jueves, ha dejado un saldo mortal de 622 personas en apenas cinco días. Solo el jueves, se registraron 138 decesos atribuidos a las temperaturas y el miércoles, 123.

La primera ola, con noches “muy cálidas en amplias zonas del país”, arrojó 278 muertes entre el domingo 20 y el jueves 25 de junio, según la Agencia Estatal de Meteorología.



El MoMo se puso en marcha en 2004, tras el gran episodio de calor del año anterior que fulminó a 70.000 personas en todo el continente, 6.500 de ellas en España. Desde 2015, el último ejercicio del que hay registros, solo ha habido un junio más mortífero por las temperaturas que el que se acaba de despedir: el de 2017, con un millar de decesos atribuibles al calor. En estos 11 años, la media para junio ha sido de 249 defunciones. Este último mes han sido 937.

En cualquier caso, los resultados del MoMo “no son un conteo de muertes”, aclara su responsable en el Centro Nacional de Epidemiología, Diana Gómez Barroso, sino “fallecimientos que, mediante un modelo estadístico —con lo que ha ocurrido en los diez años anteriores— atribuimos que pueden deberse a las altas temperaturas”. “No significa que sea una muerte por un golpe de calor, sino por patologías que se agravan”, explica la experta.

Entre los grupos más vulnerables se encuentran las personas mayores. De hecho, la inmensa mayoría de los fallecimientos atribuidos al calor por la estadística del MoMo corresponden a mayores de 85 años: 632 de los 937 de todo el mes. En el grupo entre 75 y 84 años, se registraron 220 estimadas.



Las personas mayores se ven más afectas porque “termorregulan peor por motivos fisiológicos o por la propia degeneración de la edad, que hace que las glándulas sudoríparas funcionen peor”, explica la coordinadora de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes) Divulgación, Rosa Pérez. Pero las altas temperaturas afectan también a aquellos pacientes con patologías crónicas, principalmente con problemas cardiovasculares, renales o respiratorios, diabetes o demencias, a bebés y a mujeres embarazadas, sobre todo en el primer trimestre.

La afectación por calor se nota también en las urgencias hospitalarias y las consultas. “De unos años para aquí, sobre todo en la gran ola de calor del año pasado y este, tenemos muchísimo más trabajo, sobre todo en grandes ciudades y en zonas de costa, donde se mueve mucha gente”, explica la doctora Pérez.

Según los datos del informe Calor extremo, salud en riesgo, realizado por el Observatorio DKV de Salud y Medioambiente y coordinado por el Instituto de Salud Global de Barcelona, a nivel nacional, “la probabilidad de hospitalización general durante el periodo estival aumenta aproximadamente un 13,5% en asociación con temperaturas extremas”, pero la tasa se dispara hasta el 25,4% en población pediátrica. En 2022, en Francia, “las visitas a urgencias por patologías térmicas se duplicaron y las consultas en atención primaria se triplicaron”. Y en Portugal “los ingresos hospitalarios diarios aumentaron un 18,9% durante los días clasificados como ola de calor”, indica el informe.

Un análisis de 11 millones de admisiones en urgencias en 48 provincias españolas entre 2006 y 2019, realizado por investigadores del IS Global, ya señalaba que las asistencias por trastornos metabólicos y relacionados con la obesidad se duplicaron, las insuficiencias renales crecieron un 77,7%, la infección de tracto urinario un 74,6% y la sepsis un 54,3%.

Dos mujeres se protegen de las altas temperaturas en Málaga durante la segunda ola de calor del verano

Y las predicciones sobre el calor no son buenas. “La proyección es que cada vez vamos a vivir más olas de calor, con más noches cálidas y tropicales”, advierte la coordinadora del hub de preparación del IS Global de Barcelona, la doctora Elizabeth Diago Navarro, que apunta a problemas en zonas tradicionalmente cálidas, pero también a aquellas donde el calor es menos habitual, el cuerpo no está preparado y tampoco hay recursos materiales habilitados.

Un ejemplo es la ola de calor que asoló Euskadi en junio y disparó la venta de ventiladores. Pero las altas temperaturas se expanden por el calendario. Pese a las nieves primaverales, a finales de mayo ya se habían batido 12 récords diarios de calor. Ese mes, el sistema registró 123 muertes atribuibles a las altas temperaturas, más que en el mismo mes de 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025 juntos. Y eso que en esos días “no ha habido olas de calor, pero si jornadas puntuales con altas de temperaturas” que también afectan a la salud, advierte Gómez Barroso.

Un sistema “incapaz de llegar a todo”

Más calor, durante más tiempo, con más problemas de salud asociados y más visitas a los hospitales y los centros de salud comprometen al propio sistema. Sobre todo cuando esta sobrecarga se produce en un momento de plantillas mermadas por las vacaciones. “El conjunto de estos factores puede comprometer los tiempos de respuesta, los circuitos de atención y la capacidad de priorización clínica, especialmente cuando los episodios de calor son prolongados o coinciden con otros factores estresores del sistema”, señala el informe.

Por eso, Diago Navarro insiste en la importancia de dotar de recursos a un sistema, “incapaz de llegar a todo”, para que pueda identificar previamente a “aquellos pacientes más vulnerables y revisar o cambiarles la medicación”. De hecho, algunos fármacos dificultan la termorregulación y compromete a los pacientes en picos de calor, como los diuréticos, los ansiolíticos y los antidepresivos —que toman un 19 y un 15% de las mujeres y un 10 y un 6% de los hombres, respectivamente—.

Todas las voces expertas consultadas señalan además a otros factores del cambio climático como posibles tensores del sistema y un riesgo para la salud de la población. “Estamos viendo cómo cada día aumentan los eventos meteorológicos adversos, que son cada vez más largos e intensos; las enfermedades infecciosas, que cambian su lugar de distribución; lluvias torrenciales, inundaciones y tormentas devastadoras, que tienen un impacto en la salud”, apunta Gómez Barroso.

Desde Semes advierten que los efectos del calor son físicos y personales, pero también colectivos. “También afectan al conjunto de la sociedad. A veces hay problemas de suministro, los transportes se ven afectados o se generan desigualdades”, apunta la doctora Pérez.

Para los riesgos personales, la coordinadora de la sociedad de médicos de urgencias y emergencias hace las recomendaciones habituales: evitar salir a la calle en las horas centrales del día, buscar la sombra y lugares donde poder refrescarse, vestir tejidos naturales y cubrirse la cabeza y no realizar actividad física durante los tramos de más calor —tampoco bricolaje, jardinería o cocinar—. Además, recomienda ventilar la vivienda o buscar refugios climáticos si no es posible —buena parte de las asistencias por calor se producen en los domicilios—, hidratarse aunque no se tenga sed y no abandonar la actividad física, con paseos moderados cuando cae el sol.

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