Otra vez calor extremo: por qué vivimos en el continente que más se recalienta
El alivio ha sido efímero. Cuando el calor extremo apenas ha abandonado la península ibérica —y penetra en Europa del este—, otro pico de temperaturas “por encima de lo normal” acecha España, ha advertido la AEMET. De oeste a este, Europa es el continente que más se está recalentando debido al cambio climático provocado por los humanos: si el planeta ha acumulado 1,4 °C extra desde el año 1900, Europa va por los 2,5 °C, según el servicio de vigilancia de la UE, Copernicus.
La última ola de calor no se ha extinguido, sino que se ha desplazado hacia países como Hungría, Polonia, Rumanía, República Checa o los Balcanes. En Budapest se alcanzan los 40 ºC mientras la demanda de electricidad para los aires acondicionados ha generado apagones. En Eslovaquia han superado su récord de temperatura al llegar a los 40,5 °C. Las autoridades de varios de estos países piden a la población que se quede en casa durante las horas más cálidas del día.
La Agencia Estatal de Meteorología ya ha avisado de que los termómetros van a dispararse más allá de lo propio para esta época del año y que rebasarán los 40 °C. Las mínimas no caerán por debajo de los 20 °C, provocando noches tropicales. España, Francia, Alemania, Hungría... En realidad es Europa la que “se recalienta más aceleradamente. El doble que la media planetaria”, informa Copernicus.
Las razones de que Europa acumule calor más rápidamente hay que buscarlas en una combinación de situación geográfica, alteración de los patrones meteorológicos por el cambio climático y pérdida del manto de nieve, al tiempo que el aire más limpio deja pasar más radiación solar.
En los últimos 30 años, los europeos han visto cómo la temperatura media ha subido unos 0,56 ºC cada década. Si bien la zona de la Tierra que más calor acumula es el Ártico —0,75 ºC cada diez años—, ningún otro continente, ni Australasia, ni Asia ni América, pueden compararse en ritmo de subida de temperaturas globales.
Y el calor extremo no se limita a un registro en los mercurios, sino que se traduce en peores condiciones de vida y riesgo para la salud.
Solo en 2025, el 41% de Europa tuvo que soportar más días de estrés térmico severo que la media histórica, según los datos del Índice de Confort Térmico de Copernicus. Ese umbral está trazado en una sensación térmica —que combina temperatura, humedad, viento y radiación solar— de 32 ºC. En España hubo más de 50 días extras de estrés severo. Aquí también se experimentaron más jornadas que la media de estrés muy severo, es decir, cuando la sensación llega a los 38 ºC. En el sur de España y Portugal se llegó a superar el umbral del estrés extremo, situado en una sensación térmica de 46 ºC.
En el caso de las temperaturas mínimas, el mismo índice muestra que, el año pasado, “la península ibérica y las áreas costeras del Mediterráneo registraron hasta 30 noches tropicales más que el promedio”, subraya el servicio de monitoreo europeo. Las noches tropicales son aquellas en las que el termómetro no baja de 20 ºC. Una situación muchas veces superada en España, donde se habla ya de noches tórridas (+25 ºC) e infernales (+30 ºC).
Así que el calor extremo ha hecho presa en los países europeos con un precio en muertes atribuibles de unos 60.000 fallecimientos anuales, según la Unión Europea. Un calor extraordinario que los científicos atribuyen recurrentemente al cambio climático inducido por las actividades humanas a base de inyectar gases de efecto invernadero en la atmósfera. ¿Cómo? Principalmente mediante la quema de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas.
Los motivos
“Los cambios en la circulación atmosférica han favorecido que haya más olas de calor en Europa y más intensas”, indican los analistas. Lo que explican los científicos es que, al debilitarse la corriente en chorro —los vientos en el hemisferio norte que circundan el planeta— y crearse ondas grandes, se generan cúpulas cálidas bloqueadas y terminan por bombear aire más caliente y seco africano hacia el continente.
Además, a medida que las temperaturas globales han ido escalando, los glaciares y la cobertura de nieve en Europa se han derretido. Entre marzo de 1982 y 2009, la masa de nieve en el hemisferio norte disminuyó un 7%. El manto que aguantaba en el mes de junio cayó un 50% para 2012. Circunscrito a Europa “ha disminuido aún más, pero con una gran variación interanual”, indica la UE. Las nevadas en los Alpes son un tercio menos que hace un siglo.
Sin esa capa blanca encima del terreno se pierde el efecto albedo: el blanco rebota la radiación solar, mientras que lo oscuro la absorbe. Eso significa más calor acumulado.
Y ese mismo fenómeno de la eliminación del albedo es uno de los motivos que provocan que el Ártico se funda a toda velocidad y, como parte de Europa se extiende por esas latitudes, el continente se ve afectado por la zona del planeta con un incremento de temperaturas más acusado.
El último elemento que mencionan los investigadores sobre el incremento rápido de calor en Europa es la reducción de ciertos contaminantes en el aire: “La normativa de calidad de aire ha reducido la concentración de aerosoles que rebajan la cantidad de radiación solar que llegar a la superficie”. También la cobertura de nubes disminuye a medida que la contaminación desciende. Así que el aire más limpio deja pasar más radiación, es decir, más calor.
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