Por supuesto, en España también era posible politizar un eclipse
La capacidad de politizar absolutamente todo lo que ocurre en este país es verdaderamente inaudita y la verdad es que bastante admirable. Pero reconozco que politizar un eclipse total no lo vi venir. Llamadme ingenua. Leía estos días en un medio de derechas un editorial que sostenía que el Gobierno había aprovechado el eclipse para lanzar informaciones y mensajes con la intención de que los ciudadanos se olvidasen de la corrupción y tuvieran más difícil enterarse de lo que ocurre en Ceuta. En la operación de distracción participaba hasta la DGT con sus paneles luminosos recomendando no mirar directamente al Sol mientras se conducía. Eso decían. ¿A quién se le ocurre advertir a los conductores de que no contemplen un eclipse mientras circulan a 120 kilómetros por hora pudiendo utilizar esos paneles para hablar de Marlaska?
Lo de impedir que los españoles se enterasen de lo que sucede en Ceuta presentaba además ciertas dificultades logísticas, teniendo en cuenta que las noticias sobre lo que allí pasa se emiten las veinticuatro horas y las tertulias televisivas dedican horas al asunto. Pero en el ecosistema de la conspiración tiene la extraordinaria ventaja de que ninguna prueba puede refutar la teoría porque toda prueba en contra pasa inmediatamente a formar parte de la teoría. Me explico. Si el Gobierno habla del eclipse es que quiere distraerte. Si no hubiese hablado es que quería ocultarte algo. Si los expertos recomendaban gafas homologadas es que pretendían aborregarte. Si no lo hubiesen hecho y alguien hubiese sufrido lesiones oculares hubiesen exigido dimisiones de inmediato. Vamos, es un sistema intelectual perfecto porque no existe acontecimiento posible capaz de derrotarlo.
Por supuesto, tampoco faltaron los negacionistas conspiranoicos de guardia, alentados por tiktokers, influencers o celebridades como Miguel Bosé. Marcos Llorente, por ejemplo, publicó una imagen de varios borregos con gafas y mascarillas. Venía a decir que quienes nos protegimos los ojos fuimos ovejas obedientes, miembros de una masa dócil que compraba “gafitas” porque así nos lo habían ordenado. Comprar unas gafas de tres euros para observar un fenómeno astronómico único era doblegarse ante el sistema. Sin embargo, no dejarse someter por un filtro solar homologado fue el nuevo sapere aude. El conspiracionismo contemporáneo vive de esa arrogancia intelectual porque parte de la idea de que millones de personas permanecen engañadas mientras un puñado de iluminados ha conseguido descubrir la verdad. Siglos de astronomía y miles de estudios de medicina ocular pueden ser desmontados por un influencer que comienza su vídeo diciendo: “Esto es lo que no quieren que sepas”.
Los eclipses totales son posibles por una coincidencia cósmica maravillosa. El diámetro del Sol es unas 400 veces mayor que el de la Luna, pero el Sol se encuentra también aproximadamente 400 veces más lejos de nosotros. Por eso la Luna puede cubrir el disco solar casi exactamente. Miles y miles de año de astronomía, matemáticas y observación, cientos de estudios tras los cuales el ser humano ha conseguido predecir un eclipse con precisión milimétrica, para que algunos regresen voluntariamente a la superstición y a la conspiranoia.
Mientras tanto, los aparentes borregos vivimos algo sencillamente extraordinario protegidos con nuestras sospechosísimas gafas. Vimos como la Luna avanzaba lenta e inexorablemente sobre el disco solar. Observamos cómo los colores de nuestro entorno comenzaron a cambiar transformándose en una luz crepuscular, cómo la temperatura descendió y mutó el aire hasta que la luna tapó por completo el sol formando un perfecto círculo de hollín suspendido en el cielo. Y detrás del espectáculo tuvimos delante una demostración abrumadora de nuestra pequeñez e insignificancia en el universo.
Un eclipse suele ser uno de esos raros acontecimientos capaces de unir a quienes tienen la inmensa fortuna de contemplarlo. Pero en España hemos demostrado que no existe fenómeno natural suficientemente extraordinario como para escapar de las trincheras. Hasta se podía politizar un eclipse. Hasta se podía politizar el sistema solar.
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