Ana Vázquez, el trumpismo de aldea alimentado en las tertulias televisivas
Ana Vázquez, conocida también como Ana de Bande, se ha pasado media vida en el Congreso. Literalmente. Con la pequeña excepción de los meses de la legislatura corta de 2016, la ourensana ha ocupado un escaño durante más de un cuarto de siglo. Siempre en un segundo nivel, con nulo protagonismo, la llegada del Gobierno de coalición del PSOE con Unidas Podemos, primero, y Sumar, después, le permitió que su personaje lograra repercusión pública estatal.
Formó parte de la ‘ejecutiva’ de Casado. Y se mantuvo con el cambio. Hoy es la secretaria de Interior de Feijóo, en teoría la responsable de la política de seguridad del PP. Como tal, es el enlace del partido con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Vázquez estaba en la reunión en la que policías y guardias civiles, tras reunirse con Feijóo, pactaron movilizarse en las calles contra el Gobierno.
En los últimos años ha sido parte de las comisiones de Seguridad Nacional o de Interior, donde ha logrado que su protagonismo como dirigente del PP haya ido en aumento en paralelo al endurecimiento de su discurso y sus señaladas intervenciones públicas, muchas de ellas viralizadas en Internet por su particular forma de expresarse.
Lejos de amilanarse, Vázquez mantiene esa estrategia de comunicación, que le ha llevado a la televisión de ámbito nacional. La diputada, fallida aspirante a policía nacional, es tertuliana habitual del programa Todo es mentira de Cuatro que presenta el exjurado de OT Risto Mejide.
Este miércoles tuvo una aparición especial en el programa después de la polémica que provocó ella misma al exhibir en el Pleno del Congreso un spray de gas pimienta, catalogado como arma por la legislación española, y cuya manipulación en un cuarto de baño por parte de un trabajador del PP para vaciarlo provocó una docena de intoxicaciones que precisaron de asistencia médica, la baja laboral de una trabajadora de la cocina y una denuncia ante la Policía Nacional, que requisó el bote.
Pese a la cadena de mentiras y contradicciones de Vázquez, quien dijo primero que el bote estaba vacío y acabó pidiendo a su empleado que lo vaciara por ella, la responsable de las políticas de Interior de Feijóo se fue a Cuatro a defender su actuación. Allí recibió el aplauso de Mejide, quien dijo que le parecía bien: “Si les ha puesto en riesgo, aquí hay uno que te aplaude. Porque has trasladado al Congreso una centésima parte de lo que viven los ceutíes”. “No sabes cómo te lo agradezco”, respondió la diputada ourensana.
Concejal a los 20, alcaldesa durante seis meses
Ana Vázquez Blanco procede de Bande, una pequeña localidad en la comarca de la Baixa Limia (Ourense) de apenas 1.500 habitantes. Allí comenzó en política a los 20 años. Era 1995 y había sido elegida concejala. En 2006, el sempiterno alcalde popular Amador de Celis falleció, y Vázquez Blanco, que se había enfrentado a él, recogió el bastón de mando. Lo sostendría apenas seis meses, porque no se presentó a las elecciones municipales de mayo de 2007. Lo hizo su entonces marido, José Antonio Armada, que encadenó cuatro mayorías absolutas y hoy es diputado en el Parlamento gallego. En su lugar al frente de la alcaldía de Bande está, desde el año pasado, Sandra Quintas. Que es, por cierto, sobrina de Vázquez Blanco. “Son un clan, como los Baltar”, acusa José Luis Álvarez, líder de los socialistas de Bande.
En los últimos meses su nombre ha vuelto a sonar con fuerza en la política gallega como virtual candidata de su partido a la alcaldía de Ourense. La idea no ha cristalizado, a pesar de que el propio Alfonso Rueda parecía verla con buenos ojos. Atrás queda la posibilidad de un duelo de personajes inclasificables; ella por un lado y Gonzalo Jácome, líder de Democracia Ourensana por otro.
Siempre que puede regresa a Bande, donde posee un chalé y su familia regenta un restaurante. Su relación con el baltarismo, una idea de hacer política caciquil, agraria y que no conoce el cambio de siglo, está además sellada. Si algún día pierde su escaño en el Congreso, le espera un empleo en la Diputación de Ourense, obtenido tras superar unas oposiciones que, informó en su día El País, coparon parientes y cargos del PP. Con Rajoy estaba en la última fila, creció con Casado y Feijóo la aupó a la primera línea de la formación. Su exabrupto de esta semana ha caricaturizado a un personaje que siempre se ha comportado del mismo modo. Ourense la espera y en Galicia sus compañeros de partido no esbozan la mínima crítica a sus salidas de tono ni a sus maneras airadas.
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