Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El Gobierno ultima el decreto de vivienda para aprobarlo el martes
El reto de descifrar el aumento de cáncer en jóvenes
Opinión - Límite 48 horas, presidente, por Antón Losada

El reto de descifrar el aumento de cáncer en jóvenes: “Con esa edad, en la vida me lo hubiera imaginado”

Montse Jiménez, paciente oncológica y fundadora de Lanza Sueños, durante unas jornadas organizadas por el CNIO.

David Noriega

27 de septiembre de 2026 22:40 h

0

Cuando la doctora pronunció la palabra “cáncer”, Sara ya no escuchó nada más. “Con 21 años, en la vida me lo hubiera imaginado”, explica la joven. En mayo de 2025 se había encontrado un pequeño bulto en el pecho y, aunque al principio no le dio importancia, su abuela y a una amiga la animaron a mirárselo: “El médico me dijo que era un bulto de grasa, pero como soy una persona muy nerviosa y terminé llorando en la consulta, me puso la ecografía preferente”. Dos reclamaciones y casi seis meses después, llegó la prueba y en cuestión de días la rutina de esta chica, natural de Puertollano, dio un vuelco. Tratamientos, intervenciones y efectos secundarios. También, empezar a asumir que ser joven, tener hábitos saludables y una buena salud no blinda ante la enfermedad.

Casos como el de Sara preocupa cada vez más a oncólogos e investigadores, que han empezado a percibir en los últimos años un aumento de algunos tumores entre los grupos de edad más jóvenes. “El cáncer es una enfermedad de personas adultas, con una edad media de 65 años, que está bajando”, reconocer la jefa del Grupo de Epidemiología Genética y Molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Núria Malats.

Un estudio, publicado este año en la revista European Journal of Cancer y que analiza los datos de la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), muestra que la incidencia del cáncer de pecho en mujeres de entre 20 y 29 años ha aumentado un 2,3% anual entre 1993 y 2018. No es el mayor incremento: el colón entre ese mismo grupo ha crecido más de un 21% al año; el de recto, casi un 10%; el de páncreas entre mujeres de 30 a 39 años, un 19,6%; el de cérvix entre mujeres de 30 a 39 años, un 9,3% anual entre 2012 y 2018, tras años de caída.



En el caso de los hombres, también hay datos preocupantes. Entre 1993 y 2018, los casos de cáncer de recto ha aumentado a un ritmo del 13,8% anual entre jóvenes de 20 a 29 años; el de páncreas, más de un 11%; y el de colon, un 5,5%. Y la incidencia de estómago ha aumentado un 9,8% anual entre 2012 y 2018 en el grupo de edad de 30 a 39.



Pese a estos incrementos, el cáncer es una enfermedad —decenas de ellas, en realidad— que sigue estando más presente a mayor edad. De los 301.884 casos diagnosticados en España en 2025, según los datos del último informe Las cifras del cáncer en España, de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), solo 16.432 —el 5,4%— fueron por debajo de los 45 años de edad.

Ese bajo porcentaje, en cualquier caso, no hace relajarse a las expertas. “Necesitamos entender qué produce ese aumento, si las alteraciones moleculares del tumor son las mismas que en personas mayores, cómo interacciona con el sistema inmunitario, el microbioma... Es muy multifactorial. Ese es el gran reto que nos pone por delante el problema del cáncer en personas jóvenes”, reconoce Malats, que este jueves participó en unas jornadas del CNIO sobre esta cuestión.

El fenómeno es mundial, aunque heterogéneo, porque varía en función del tipo de tumor y del país. Este año, tanto la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica como la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer han abordado este asunto en sus respectivos congresos, donde se pusieron sobre la mesa diversas hipótesis, desde el aumento de alimentos ultraprocesados, la obesidad, las toxinas de microorganismos o los productos químicos.

Explorando diferentes hipótesis

“Estamos explorando diferentes hipótesis”, apunta Malats, que lidera en el plano internacional la investigación en factores genéticos y ambientales asociados al cáncer, en especial al de páncreas. Una de las vías que están explorando son las firmas genéticas de los tumores, pero también todas aquellas exposiciones ambientales y factores no genéticos que impactan en una persona desde su concepción —e incluso antes— hasta la muerte.

“No descartamos exposiciones en el periodo pre o perinatal que pudieran tener algún efecto, incluso en generaciones anteriores de las madres o las abuelas, que tienen que ver con los cambios en los estilos de vida, el metabolismo, la epidemia de diabetes y obesidad, los alimentos ultraprocesados o el consumo de alcohol, la contaminación atmosférica o los nanoplásticos. Son exposiciones que van sumándose, incluso en dosis bajas”, explica la experta.

La secretaria científica de SEOM y oncóloga médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, Isabel Echavarría, apunta a algunos factores en determinados tipos de cáncer, como el de colon. “Cada vez hay más evidencia sobre la asociación de la colibactina —una toxina producida por algunas cepas de Escherichia coli— y estos tumores, especialmente en edades jóvenes, pero es difícil cuantificar cuál es el riesgo”, admite, que indica que los cambios en la microbiota —el conjunto de microorganismos que habitan en el ser humano— también pueden jugar un papel relevante.

Más allá del diagnóstico, las consecuencias médicas y sociales son diferentes en según qué grupos de edad. “La edad no es un criterio para cambiar el tratamiento como tal, pero sabemos que algunos tumores, como el de mama, suelen ser más agresivos en pacientes muy jóvenes. Esto hace más probable que reciban tratamientos más agresivos y una supervivencia esperada más larga, por lo que puede tener más opciones de una recaída que una persona de más edad, a la que tal vez no le dé tiempo”, señala Echavarría.

Montse tiene ahora 49 años y tuvo una recaída en octubre. “El miedo [a que vuelva a aparecer] nunca se supera, hay que aprender a vivir con él”, avanza. Su primer diagnóstico fue hace más de 12 años, durante el embarazo de su segundo hijo. “Con esa juventud, no te lo esperas”, coincide con Sara. Tenía dos tumores en el pecho, uno común y otro más agresivo. Y un miedo y una incertidumbre “que te bloquea por completo”.

El impacto en una persona joven tiene otros condicionantes sociales y económicos. “Muchas veces, no conciben que van a tener un cáncer. Además, están en edades muy activas sociolaboralmente, con familiares a cargo, sin saber cómo gestionarlo con sus hijos si son pequeños, con problemas para reincorporarse al trabajo...”, enumera la oncóloga del Gregorio Marañón.

Además de los tratamientos, la operación y la rehabilitación, Montse pasó aquellos meses haciéndose muchas fotos. “Pensaba: el mayor, que tiene cinco años, me recordará, pero si me muero, el pequeño no se acordará de mí”, recuerda la mujer, para quien en aquel momento los niños fueron su motor: “Tenía mucho miedo, no a perder mi vida, sino a dejarlos sin su madre, a no verles crecer”.

En esos momentos, la red de apoyo es fundamental. “A veces estaba en la cama y el niño demandaba bibe, pero yo no podía. Tiras de la familia y si no tienes... lástima de esas personas, que también las hay”, lamenta Montse, que es la fundadora de la asociación Lanza Sueños, en la que acompaña a pacientes durante y después de su enfermedad, cuando se abre un camino muchas veces olvidado. Ella, por ejemplo, acude a una unidad de paliativos del dolor que le quedó como secuela.

“En el mejor de los casos, te dan una incapacidad total, que es el 55% de tu salario base. Si no tenías un sueldo muy alto, son 400, 500 o 600 euros y, aunque puedes hacer otro trabajo, no tienes formación ni experiencia, ya tienes una edad y llevas encima el estigma de ser un paciente oncológico”, denuncia Montse. Un estigma que hacía que, hasta julio de 2023, no pudieran contratar un seguro ni pedir una hipoteca.

Sara reclama también empatía y respeto a pie de calle: “A la gente le impacta, porque ven que soy joven, pero notas como te miran al pasar y cuchichean, pero se pueden hacer las cosas de otra manera. Bastante mal lo pasas al verte sin pelo y con un pañuelo, para que te hagan sentir más rara”.

Etiquetas
stats