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Owen Jones

Columnista en the Guardian. Autor de los libros Chavs, la demonización de la clase obrera y El Establishment.

Ahora, publica sus columnas traducidas por primera vez al español en la sección Internacional de eldiario.es.

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Las 'McHuelgas' de los jóvenes británicos están reescribiendo el capitalismo

El día en que los trabajadores de McDonalds se pusieron en huelga fue el mejor día en la vida de Shen Batmaz. Lleva la fecha tatuada en el brazo. "Estaba muy cansada y abrumada", cuenta mientras recuerda el piquete en Crawley (West Sussex, Inglaterra) en el que protestó frente a un restaurante de la cadena de comida rápida. "Estaba allí con gente a la que amaba y junto a la que trabajaba, luchando juntos para lograr algo, fue lo más poderoso que sentí en mi vida". La 'McHuelga' había empezado.

Esta semana, empleados de comercio y hostelería de las empresas JD Wetherspoon, McDonalds, Uber Eats y TGI Fridays marcharán unidos en una huelga coordinada. Su batalla podría determinar el futuro de una fuerza laboral cada vez más precaria y explotada.

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Arabia Saudí e Israel están matando civiles con la complicidad de Reino Unido

¿Ni siquiera la matanza de niños en Yemen podrá terminar con el silencio en torno a la complicidad criminal del Gobierno del Reino Unido? Las víctimas eran niños que habían ido de picnic y volvían a sus casas en autobús. Sin duda, como ocurre con todos los grupos numerosos de menores, hacían ruido y se reían a carcajadas. Y entonces fueron quemados vivos. De las 43 víctimas de este ataque, al menos 29 eran niños, una atrocidad perpetrada por un avión militar de Arabia Saudí y sus aliados del Golfo.

Analicemos el papel que ha desempeñado el Reino Unido. Según Campaign Against Arms Trade (Campaña contra el comercio de armas), desde que empezó la guerra en Yemen, nuestro Gobierno ha proporcionado a la grotesca dictadura saudí armas por valor de 4.700 millones de libras esterlinas. Aviones militares, helicópteros, drones, bombas, misiles: todo suministrado por el Reino Unido Sociedad Anónima, y con potencial para atacar a niños que se lo pasaban bien en un autobús cuando volvían a sus casas después de un picnic.

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Condena las crueldades del comunismo, pero no olvides el terrible historial del capitalismo

Un fantasma se cierne sobre los medios de comunicación británicos: el fantasma de las opiniones negativas sobre el capitalismo. Desde que la escritora  Ash Sarkar pronunció las palabras "¡soy comunista, idiota!" en una cadena de televisión, la derecha se retuerce horrorizada. La rapidez con que los analistas han salido a responder al comentario improvisado de Sarkar es profundamente reveladora.

Desde que hace un año Jeremy Corbyn arrebató la mayoría a los conservadores, la derecha está aterrada al sentir que está perdiendo la guerra ideológica. El accidental rescate de Sarkar de la visión del comunismo de Marx –una sociedad sin Estado, sin clases, en la que la mayoría de la humanidad se haya librado del trabajo asalariado– como contraposición al totalitarismo estalinista hizo que la revista Elledeclarara que Sarkar es "literalmente comunista y literalmente nuestra heroína". The Telegraphreflexionó: "El comunismo mató a millones de personas. ¿Por qué es guay llevarlo en una camiseta?" A su vez, según la opinión de Douglas Murray de the Spectator, Sarkar no es mejor que una fascista.

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El globo gigante de un bebé con la cara de Trump es la respuesta perfecta a la derecha intolerante

"El mayor insulto a un presidente de EEUU en el cargo". Así definió Nigel Farage, antiguo líder del partido euroescéptico UKIP, la decisión de  permitir que el globo gigante de un bebé llorón con la cara de Donald Trump sobrevuele la ciudad de Londres durante la visita a Reino Unido del presidente estadounidense. Sin meternos a considerar si disparar a la cabeza de JFK con un fusil es o no insultante, recordemos que Farage es la misma persona que en una ocasión describió a Barack Obama como una "criatura repugnante". No es lo que uno llamaría un saludo cortés, ¿no?

Parte de la estrategia de la derecha intolerante en ascenso es retratar a la izquierda como gente delicada a la que es fácil provocar, sin humor y contraria a la libertad de expresión. Sin embargo, cuando un grupo de activistas consigue 17.300 libras para comprar un globo gigante de Trump con el rostro anaranjado y las manos diminutas, la derecha se rebaja a protagonizar vergonzosas rabietas públicas. Como respuesta al globo, un diputado tory del Parlamento Europeo ha llegado a pedir que se elimine el cargo de alcalde de Londres.

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El Gobierno de Hungría se ríe de los "valores de la UE"

La  Unión Europea tiene que echar a Hungría. Se ha convertido en un Estado miembro que desprecia como si nada los derechos humanos y las normas básicas de convivencia democrática, inmerso en una deriva autoritaria y sin sufrir por ello ninguna consecuencia significativa.

Revisemos la última representación en el declive húngaro hacia lo que su primer ministro Viktor Orbán se jacta en llamar una " democracia antiliberal". El Parlamento húngaro no solo acaba de aprobar una ley que convierte a las solicitudes de asilo en algo prácticamente imposible: el mero hecho de ayudar a los inmigrantes y refugiados se ha convertido en delito. Además, se ha aplicado  un impuesto del 25% a la financiación de las ONG que "apoyan la inmigración": en la práctica, eso significa cualquier ONG que diga algo positivo sobre la inmigración.

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El discurso de la traición al Brexit promovido por la extrema derecha nos pone a todos en peligro

Los Camisas Negras de Oswald Mosley eran una amenaza. También lo eran los  vínculos de muchos aristócratas británicos con el nazismo en los años 30. Actualmente, la derecha, cada vez más poderosa, representa peligros singulares y  utiliza metáforas que han sido legitimadas y alentadas por la élite política y periodística. Y todavía no se comprende a dónde nos lleva este camino.

Para la derecha conservadora, el Brexit ha sido una revolución nacional: no un simple replanteamiento de la relación entre Reino Unido y la UE, sino un instrumento para hacer retroceder normativas sociales progresistas. Aquellos que se presentan como críticos u oponentes ahora son  enemigos del pueblo, saboteadores, traidores, todo eso desplegado en las portadas de los periódicos. A la renacida izquierda laborista se la describe como traidora y vinculada a terroristas y potencias extranjeras.

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A menos que Bruselas cambie de modelo, se avecina el desastre para Italia y la Unión Europea

Hace unos meses, un destacado político del gobernante Partido Socialista portugués me explicó el dilema de la Eurozona: pertenecer a la moneda única hace imposible cumplir con el gasto público que desea el partido. "Es como si la socialdemocracia estuviera prohibida", explica. Pero salir del euro, con la crisis económica que provocaría, podría ser aún peor. Lo más probable es que el partido responsable de esa medida fuera tan odiado que terminaría desapareciendo.

Está claro que el nuevo Gobierno de Italia no es socialdemócrata ni de tendencia izquierdista. Es un apaño hecho juntando el peculiar populismo centrista del Movimiento 5 Estrellas (M5S) con el nacionalismo xenófobo de la Liga. No tiene respuestas para los grandes males de Italia. La izquierda italiana se ha retirado en gran medida del escenario político. Los jóvenes y desilusionados votantes que en España acudieron en masa a Podemos y en Reino Unido al Partido Laborista de Jeremy Corbyn, en Italia han optado por el M5S.

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Deliveroo es la distopía en la que puede convertirse nuestro futuro

Una vida a lo Black Mirror. Así es como la sindicalista Mags Dewhurst describe su trabajo como repartidora de Deliveroo, la conocida plataforma online de reparto de comida a domicilio. Esta es una historia de trabajadores a los que llaman emprendedores para despojarles de sus derechos, de una carrera cada vez peor en los términos y condiciones de los contratos laborales, y de algoritmos y aplicaciones que dirigen el trabajo de personas.

Me he sentado con cinco mensajeros de Deliveroo en la sede del  Sindicato de Trabajadores Independientes de Gran Bretaña (IWGB, por sus siglas en inglés), una agrupación que luchó con éxito por los derechos de los trabajadores inmigrantes especialmente mal pagados.  Los repartidores hoy son considerados contratistas independientes autónomos o microempresas ciclistas. Eso hace que carezcan de derechos que cualquier trabajador debería poder dar por sentados: salario mínimo, vacaciones pagadas, jubilación, protección contra la discriminación y derechos sindicales.

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La quiebra de la constructora Carillion no es un caso aislado: habrá más gracias al neoliberalismo

El hundimiento de la constructora británica Carillion no es un caso de error aislado, ni una casualidad, ni una aberración. Es un síntoma más de la decadencia de un orden social antidemocrático, ineficiente y que pone el beneficio por encima de las necesidades de las personas, sus aspiraciones y hasta sus vidas. Ese orden social se llama neoliberalismo.

Es verdad que el término no está precisamente de moda en el bar de la esquina y que despierta risas de ignorancia actuada entre los analistas de las noticias. Que nos quiten una palabra que sirve para describir cómo se dirige y estructura nuestra sociedad es cómodo para nuestros amos. Nos impide ver el conjunto y entender que el derrumbe de Carillion es solo una manifestación más de un sistema fracasado: uno que en todas partes hace retroceder al sector público para que avance el privado, que recorta los impuestos de las grandes corporaciones y los ricos, y que desrregula de manera compulsiva.

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Los bancos de alimentos no deberían existir, no los normalicemos

Reino Unido es una de las sociedades más ricas que ha existido en la historia de la humanidad. Hay 134 multimillonarios residentes en el país. El FTSE 100 (índice bursátil de referencia de la bolsa de Londres) alcanzó su máximo histórico a finales del año pasado,  el mercado de los yates de lujo está en auge y el precio medio de la vivienda en Kensington Palace Gardens, en el oeste de Londres, es superior a 40 millones de euros. El año pasado, la fortuna de las 1.000 personas más ricas alcanzó 752.000 millones de euros, un aumento del 14% comparado con el año anterior.

Aun así, Reino Unido es un país en el que cientos de miles de personas no pueden pagarse la comida. El año pasado, solo el banco de alimentos Trussell Trust entregó 1,3 millones de paquetes de comida a unas 666.000 personas. En zonas donde el desastroso  programa de crédito universal se ha aplicado en su totalidad –ayudas sociales a los más desfavorecidos–, los bancos de alimentos han aumentado un 52% el número de paquetes alimenticios repartidos. Esta es una acusación concluyente no solo contra un Gobierno tory que ha librado una guerra incesante contra el Estado de bienestar, sino contra todo el orden social.

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