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Owen Jones

Columnista en the Guardian. Autor de los libros Chavs, la demonización de la clase obrera y El Establishment.

Ahora, publica sus columnas traducidas por primera vez al español en la sección Internacional de eldiario.es.

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Necesitamos hablar del papel que han desempeñado los medios en la radicalización de la extrema derecha

Cuando se trata de la amenaza del terrorismo islamista, todos estamos de acuerdo en afirmar que la radicalización ha jugado un papel clave. Internet, algunas personas que fomentan el odio como Anjem Choudary y Abu Hamza, y Arabia Saudí, un país exportador de extremismo y armado por Occidente; todos han sido piezas del engranaje que ha facilitado la radicalización de personas fácilmente influenciables.

En cambio, cuando debatimos sobre los factores que propician la radicalización de la extrema derecha, este consenso brilla por su ausencia. El motivo resulta evidente pero no por ello es menos escalofriante: los que difunden mensajes de odio, los sargentos de reclutamiento y los idiotas que tan útiles son para la extrema derecha forman parte de la misma esencia de las castas de Reino Unido, Europa y de Estados Unidos. Son miembros de la elite política y mediática.

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Se reían de los laboristas por pedir elecciones y ahora es la única solución

La primera ministra nos tiene de un lado para otro. Solo por garantizar la unión del Partido Conservador está dispuesta a llevar al país al borde del abismo. Como la pareja que insinúa una cena romántica con posible pedida de mano y termina ofreciéndote pan con mantequilla, Theresa May nos regaló este jueves otro momento de anticlímax en su discurso a la nación: no hubo ni una sola mención a una posible salida del incendio en el que estamos. Se limitó a embestir contra el Parlamento al que hace menos de dos años nos obligó a votar.

Decir que la crisis nacional del Reino Unido es de manufactura conservadora es una perogrullada. Pero una que hay que decir una y otra vez dentro de un panorama de medios que juega para la derecha. Gran Bretaña ha sido derrotada por una pelea de poder del Partido Conservador que ya lleva una generación, y por los desastrosos intentos de David Cameron y su sucesora por capearla.

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El punto medio: la única salida posible para el desastre del Brexit

El Brexit es un acertijo que solo se resolverá buscando un punto intermedio. No en vano, una pequeña mayoría fue la que otorgó la victoria a los que votaron por dejar la Unión Europea. Desde aquel referéndum de 2016, el tejido democrático y social del Reino Unido se ha visto profundamente alterado. Ninguna persona digna de crédito considera que se puede lograr una ruptura dura con la Unión Europea sin sufrir importantes perjuicios económicos.

Lo lógico sería buscar un término medio que unifique al país cuanto sea posible, que minimice el daño económico y que cambie la conversación para empezar a hablar de las "injusticias acuciantes" que han desfigurado a la sociedad británica, en palabras de Theresa May (una de las personas que contribuyó a agrandar esas injusticias). El problema es que las dos partes han torpedeado, a propósito, la posibilidad de hacer las concesiones necesarias para un acuerdo.

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La humanidad se enfrenta a una crisis existencial y Alexandria Ocasio-Cortez nos da esperanzas

Malas noticias: estamos en problemas. Un nuevo informe del Instituto de Investigación de Políticas Públicas sugiere que estamos amenazados por una serie de crisis que podrían desencadenarse simultáneamente: desde el calentamiento global hasta la pérdida de fertilidad de las tierras.

Las consecuencias podrían incluir desequilibrios gigantescos, no sólo en algunos países, sino a escala global. Y no estamos ni de lejos preparados para enfrentar los daños ocasionados a la salud ni los posibles desplomes en la economía que podrían producirse, por ejemplo, con un inédito aumento de las peticiones a los seguros por incendios o inundaciones en Estados Unidos.

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El fiasco del Brexit no puede achacarse al laborismo

La votación celebrada este martes en el parlamento debería marcar el fin de una mentira. Es posible que esto suene un poco raro, teniendo en cuenta que ese fue el día en que los diputados votaron por una enmienda que exige buscar alternativas al 'backstop' [conjunto de restricciones previsto para evitar controles fronterizos entre las dos Irlandas], una posibilidad que la Unión Europea ha descartado una y otra vez.

El martes fue el día en que los diputados conservadores votaron por algo que saben imposible de conseguir. David Lidington, el número dos de Theresa May que hace tan solo tres semanas denunciaba las "fantasías de acuerdos alternativos y mágicos", votó el martes por algo que sabe imposible de conseguir. La primera ministra, que insistía en negar la posibilidad de alternativas a su acuerdo y vapuleaba a sus diputados hasta el ridículo para que se opusieran a otros acuerdos, votó el martes por algo que sabe imposible de conseguir. Y los diputados del norirlandés Partido Unionista Democrático [DUP, por sus siglas en inglés] votaron el martes por algo que saben imposible de conseguir, aunque al menos ellos tienen la excusa de haberse quedado varados en el siglo XVII.

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El Partido Laborista debe buscar un mejor Brexit, no un segundo referéndum

Que el Gobierno haya superado la moción de censura es paradójicamente una señal de su debilidad y no de su fortaleza. Todo lo que une a un Partido Conservador extremadamente fracturado es el pánico a que un gobierno laborista liderado por Jeremy Corbyn llegue al poder tras unas elecciones generales, una posibilidad que, sorprendentemente, muchos reconocen. Si Theresa May tuviese confianza en las opciones de los tories ante unos comicios, se arriesgaría a tirar los dados.

Pero el Partido Laborista empezó la última campaña electoral con 24 puntos porcentuales por debajo de los tories en las encuestas y, seis semanas después, acabó a tan solo dos puntos. Hoy, los sondeos sitúan a los laboristas ligeramente por encima. Los conservadores temen que una administración liderada por Jeremy Corbyn no será como un gobierno laborista "normal" y pondrá fin a un consenso económico establecido por Margaret Thatcher. Y haría bien en hacerlo.

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Noruega Plus: el modelo de Brexit 'menos malo' para el laborismo

El Partido Laborista no tiene ninguna opción buena con el asunto del Brexit. Aceptarlo es deprimente pero también liberador. Se supone que ser de izquierdas es tener un optimismo ilimitado y creer que la imaginación y el empeño hacen realidad lo materialmente irrealizable para los "adultos sensatos" de la política. Pero después de un tiempo buscando lo imposible, reconocer que no hay una píldora mágica para ponerle fin al debate del Brexit es todo un alivio. En este tema, los partidarios de cada postura deben reconocer los inconvenientes de sus respectivas estrategias.

La prioridad del Partido Laborista es, con razón, que haya elecciones generales. En abril de 2017, cuando Theresa May declaró desde su podio en Downing Street que quería disolver el parlamento, su objetivo era generar unas elecciones en torno al Brexit. Pero los laboristas no se lo permitieron. Llevaron el debate hacia asuntos domésticos en los que ellos pisaban fuerte: desde aumentarle los impuestos a los ricos hasta invertir en servicios públicos o pasar empresas a manos del Estado. Temas que unían a los votantes partidarios del Brexit con los votantes pro Unión Europea.

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La inmigración es una fuerza para el bien y el laborismo debe dejarlo claro

Todos los focos están puestos sobre los supuestos problemas que crea la inmigración, pero de los inconvenientes generados por la oposición a la inmigración se habla sorprendentemente poco. Un rechazo que alimenta la intolerancia hacia cualquier persona que pueda ser considerada como "otro", desde el "vuélvete al lugar de dónde viniste" que se escucha en las calles hasta el rechazo que enfrentan cuando se postulan para un trabajo.

Como vimos durante el escándalo Windrush, este discurso es también el que hace que un país expulse de su hogar a sus propios ciudadanos, los deje sin atención médica y finalmente los deporte. Es el que culpa a las personas equivocadas de injusticias sociales causadas por los poderosos: la falta de empleos seguros y viviendas asequibles, el estancamiento del nivel de vida, y unos servicios públicos que luchan por su supervivencia. Es el que ha provocado una crisis de personal en servicios tan esenciales como el NHS [la seguridad social británica]. Es la fuerza detrás de fenómenos políticos como Donald Trump en Estados Unidos o Viktor Orbán en Hungría, presidentes que se valen de la xenofobia para sumar apoyos.

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No podemos permitir que la extrema derecha intente aprovecharse del desenlace del Brexit, sea el que sea

La situación actual en Reino Unido es parecida a la de la última temporada de una serie de Netflix. La clásica pregunta que se formula el espectador es: "¿Cómo conseguirá salir airoso de esta?". Es el momento de máximo suspense, con todos los protagonistas enfrentados debido a sus respectivos némesis.

A pesar de la imprevisibilidad inherente a una de las crisis políticas más graves del Reino Unido en tiempos de paz, hay una línea argumental que está garantizada en el guion. En todos los escenarios posibles, la extrema derecha ascendente va a intentar sacar tajada.

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No aclaméis a los conservadores que rechazan el Brexit, toda esta cruel austeridad es su culpa

Al menos una de cada 200 personas en Reino Unido –uno de los países más ricos que jamás haya existido– no tiene hogar. El año pasado, la pobreza infantil tuvo su mayor aumento en tres décadas. A muchas personas se les ha quitado las ayudas del Estado –les han "multado"– por ir a un funeral, por no asistir a una cita en una oficina de empleo tras ser atropellados por un coche, y –en el caso de un veterano del ejército de 60 años–, por vender flores para la Legión Real, ya que supuestamente eso demostraba que no estaba intentando de verdad encontrar empleo.

Una mujer que conocí tuvo que pagar una multa tras la muerte de su hija, ya que vivía en un piso social y consideraron que ahora tenía una habitación vacía. Estos son solo algunos ejemplos de la crueldad institucional de la austeridad en Reino Unido. Es imposible comprender la agitación política que sufrimos sin comprender estas injusticias. Esto no quiere decir que todos aquellos golpeados por la austeridad hayan votado a favor del Brexit –desde luego que no–, pero como concluyó un estudio académico este año, su impacto fue decisivo a la hora de captar votos a favor de abandonar la UE.

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