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Nigel Farage le ha ganado a 'Conde Caracubo', pero se enfrenta a graves problemas y lo sabe

El ultraderechista Nigel Farage durante una rueda de prensa en Londres, el 10 de agosto de 2026.

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Nigel Farage es un político nervioso y acosado. Quizás se sienta animado por haber conseguido algo más de votos que en las elecciones generales de hace dos años, en una votación parcial boicoteada por los principales partidos de Reino Unido. Esto a pesar de que la participación fue de 10.000 personas menos, con la abstención que alcanzó el 55%. Pero nunca hubo duda de que iba a ganar una elección parcial que convocó simplemente para desviar la atención sobre su regalo personal no declarado de 5 millones de libras esterlinas (5,8 millones de euros) de un criptomultimillonario tailandés y las donaciones de un estafador convicto.

Farage eligió la circunscripción de Clacton (sur de Inglaterra) como plataforma de lanzamiento parlamentario por una razón. Fue allí donde su anterior partido, el UKIP, logró su avance decisivo en la elección parcial de 2014. Es uno de los distritos electorales más favorables al Brexit en toda Gran Bretaña, mientras que Electoral Calculus estima que casi ningún otro distrito es tan derechista.

Cuando visité los centros de votación, encontré a una gran cantidad de votantes que se mostraban desafiantes ante los escándalos de Farage. No veían ningún problema en que un político recibiera dinero a manos llenas de un multimillonario extranjero, argumentando que Farage se lo merecía por ser un “buen hombre” e, incluso, sugiriendo que podría invertir ese dinero localmente. Se creyeron la narrativa de que el establishment estaba en contra de su candidato, como si un millonario ex corredor de bolsa de la City de Londres, amigo ocasional del presidente estadounidense, fuera un forastero valiente.

Representan a aproximadamente una quinta parte del país que elogia a Farage como el político tradicional más hostil a la inmigración y que desprecia a un Partido Conservador que fracasó incluso en sus propios términos durante su mandato. Sin embargo, lo que debería preocupar a Farage es que la mayoría de los británicos se oponen a él más que nunca y están decididos a impedir que llegue al poder. Esa mayoría le dio la victoria a los Verdes en las elecciones parciales de Gorton y Denton en febrero, y a Andy Burnham en las de Makerfield en junio.

Que el candidato que se presentó con el nombre de Conde Caracubo (Count Binface) haya ganado más de una cuarta parte de los votos en Clacton, bastión de la ultraderecha, es una señal de alarma. Si bien este “guerrero espacial independiente” acaparó la atención de los medios, carecía casi por completo de una red de voluntarios para movilizar el voto. Muchos de los votantes con los que hablé ni siquiera habían oído hablar de él.

Resulta plausible que algunos de los que convirtieron a Conde Caracubo en el candidato más exitoso de la historia hubieran votado previamente no solo por el Partido Laborista, los Liberales o los Verdes, sino también por el Partido Conservador.

Count BinFace celebra haber logrado el segundo lugar en Clacton, por detrás de Nigel Farage, el 14 de agosto de 2026.

Farage se negó a asistir a la proclamación oficial de los resultados de las elecciones –algo habitual que hacen los candidatos–. Esto sugiere no solo petulancia y desprecio hacia sus propios votantes, sino también las inseguridades de un hombre nervioso. Afirma que la Policía de Essex le había informado de una “campaña organizada para perturbar y desacreditar el resultado”, pero la Policía local declaró que no se habían producido “incidentes ni problemas” relacionados con las elecciones parciales y que asistir dependía de cada candidato.

¿Acaso Farage no alegó que su regalo personal de 5 millones de libras era necesario para pagar su seguridad? La explicación probablemente sea más mundana. Ser objeto de burlas en el escenario por parte de un hombre con su cabeza metida en un cubo de basura no proyecta precisamente la imagen de una lucha heroica contra el sistema.

¿Qué le depara el futuro a Farage? Si pensaba que las elecciones parciales eran una estratagema eficaz para desviar la atención de sus problemas económicos, la realidad lo alcanzó rápidamente. El organismo de control parlamentario ha reabierto su investigación sobre el regalo y las donaciones que recibió y podrían convocarse nuevas elecciones parciales si el fallo es desfavorable.

Pero no son solo las finanzas las que han sumido a Reform UK en la crisis. La orgullosa asociación de Farage con Donald Trump —tóxica incluso para la mayoría de los votantes del partido ultra— se ha convertido en un lastre cada vez mayor. Incorporar a tantos exconservadores fue, sin duda, otro grave error. El Gobierno anterior fue duramente criticado por una razón, sobre todo por los propios seguidores de Farage, y llenar las filas de Reform UK con sus antiguas figuras destacadas no ayudó en absoluto a las pretensiones antisistema del partido.

Y luego está el giro hacia una política de derecha cada vez más tóxica, quizás impulsado en parte por la presión de la aún más ultraderechista Restore Britain, fundada por el exdiputado reformista Rupert Lowe. Farage ahora habla de “discriminación anti-blanca”, una retórica que antes se limitaba a los sectores más extremistas de la derecha. La petición a sus seguidores de expresar “pura y fría rabia” tras la condena por el asesinato de Henry Nowak —apenas unas horas antes de los disturbios— inquietó, con razón, a muchos.

Luego está Zia Yusuf, su portavoz de asuntos internos, cuyas publicaciones cada vez más agresivas en redes sociales revelan el lado autoritario de Reform UK. Yusuf describe repetidamente a sus oponentes como “traidores” —su último objetivo fue el exsecretario de Defensa conservador Ben Wallace— y amenaza con un ajuste de cuentas indefinido.

Todo esto alarma a la mayoría de los británicos, quienes han llegado a la conclusión de que Reform UK debe mantenerse alejado del poder y votarán estratégicamente si es necesario. Sin embargo, esto no consuela en absoluto a la absurdamente poco examinada líder conservadora, Kemi Badenoch, ya que el núcleo duro de Reform no muestra interés en volver a su bando. La derecha británica, por lo tanto, está dividida.

Sería un error descartar a Farage, sin embargo. Estamos en pleno auge económico gracias a Andy Burnham. Los votantes se sienten aliviados de haberse librado de Keir Starmer y, por ahora, el Partido Laborista está atrayendo de nuevo a algunos votantes progresistas que se pasaron a los Verdes. Pero Burnham aún no se ha visto obligado a tomar decisiones importantes.

La difícil situación económica de Gran Bretaña, la crisis de sus servicios públicos y la lentitud de Burnham para subir los impuestos a los ricos podrían culminar en el presupuesto de octubre. La desilusión podría aumentar y Reform UK podría beneficiarse, a menos, claro está, que Burnham convoque elecciones anticipadas.

Pero cabe preguntarse si Farage realmente está comprometido con esto. Los informes que indican que recibió su regalo de 5 millones de libras tras afirmar que necesitaría un millón al año para ejercer como diputado son reveladores. Se trata de un hombre que parece disfrutar de la buena vida y que cree que la política parlamentaria perjudica su potencial económico. Parece cada vez más irritado por el tipo de escrutinio que durante tanto tiempo ha logrado evitar. Quizás, tras un triunfo sin sentido sobre un cubo de basura, simplemente decida que ya ha tenido suficiente.

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