Humillado por Irán, Estados Unidos busca una presa fácil en Cuba
La maquinaria bélica estadounidense ha puesto sus ojos en Cuba. Marco Rubio, el cubano-estadounidense que ejerce de secretario de Estado busca la caída del gobierno comunista de la isla desde hace tiempo. La semana pasada volvió a dejarlo claro cuando dijo que, por mucho que él prefiera “un acuerdo negociado”, las posibilidades de llegar a un entendimiento “no son altas”. Hace un par de meses viajé a Cuba y pude ver de cerca la devastación económica infligida al país por décadas de asedio estadounidense y agravada, desde enero, por el paralizante bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump.
Ahora Estados Unidos acusa al expresidente de Cuba, Raúl Castro, de conspirar para asesinar a ciudadanos estadounidenses, de cuatro asesinatos y de la destrucción de dos aeronaves en 1996. Una serie de acusaciones que recuerdan, de forma inquietante, a las esgrimidas contra el venezolano Nicolás Maduro para justificar su secuestro por parte de fuerzas estadounidenses.
Mientras tanto, la Administración Trump está filtrando informes de sus servicios de espionaje en los que se afirma que Cuba ha adquirido más de 300 drones militares, supuestamente para atacar la base estadounidense de la Bahía de Guantánamo. “Es una amenaza creciente”, dijo en off the record un “alto cargo de EEUU”.
Es una fantasía imaginar a Cuba, drásticamente debilitada tras décadas de tensas relaciones con EEUU, lanzando de repente un ataque contra la superpotencia que, a solo 90 millas de su costa, respondería con represalias abrumadoras. Estamos ante una repetición desesperada de la excusa de las ‘armas de destrucción masiva’ que Washington empleó para invadir Irak.
Lo que hace Trump no es precisamente ocultar sus intenciones. “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo en marzo, recordando a los colonialistas que en la Europa del Siglo XIX se repartían África. “Creo que podría hacer lo que quisiera con ella”, añadió. Hace unos días llegó al Caribe el portaaviones USS Nimitz, el más antiguo de la Armada de EEUU, supuestamente para unas maniobras navales.
Se podría pensar que los EEUU de Trump tendría menos ganas de conflicto después de haber sido “humillado” por Irán, como dijo el primer ministro alemán Friedrich Merz. Pero antes que un freno, el fracaso puede ser una manera de volver más peligrosas a las potencias en declive. Trump y su equipo se han convencido, sin espacio para la duda, de que conquistar a la isla caribeña que lleva casi siete décadas desafiando a Washington puede borrar sus derrotas de un plumazo y hacer que vuelva a reinar el aura de supremacía militar estadounidense.
¿Qué significaría eso en la práctica? La guerra económica de Estados Unidos ha buscado desgastar a los cubanos. Un objetivo que, en gran medida, ha sido conseguido. Los ciudadanos de a pie con los que hablé durante mi viaje estaban exhaustos. Junto a su Ford descapotable rojo de 1957, impecablemente pulido, un taxista me contaba que el litro de gasolina había pasado de costarle 1,20 dólares a 8 dólares [de 1 a 6,9 euros, aproximadamente]. En Cuba, el salario mensual promedio ronda los 16 dólares [en torno a 13,8 euros]. Al personal sanitario le resulta cada vez más difícil pagar el desplazamiento hasta los hospitales, donde faltan los medicamentos esenciales.
Algunos ciudadanos tenían muy claro de quién era la culpa. “Donald Trump”, me dijo sin rodeos un hombre en la principal calle comercial de La Habana. Otros simplemente querían que termine la pesadilla, sea como sea. “Los cubanos viven de la esperanza”, me dijo un taxista. “Pero algo tiene que pasar, porque la gente ya no puede más”, añadió. En un principio, no sabía si culpar al gobierno cubano o al embargo de EEUU. Terminó concluyendo que se debía a las políticas de sus gobernantes.
“Es innegable que la popularidad del gobierno está en su punto más bajo”, me dijo el periodista cubano Daniel Montero. “Cuanto peores son las condiciones, menos apoya la gente al gobierno; en ese sentido, las sanciones están teniendo éxito”, añadió. Ese es sin duda el cálculo de Estados Unidos: agotar tanto a los cubanos con un intolerable escenario de terror económico impuesto desde el exterior para que acepten cualquier cosa que sirva para ponerle fin.
Las capacidades militares de Cuba no son ni remotamente comparables a las de Irán. Tampoco cuenta con su ventaja geográfica. Si de verdad quisiera hacerlo, Washington podría invadir y ocupar la isla de unos 11 millones de habitantes y económicamente devastada. Eso no quiere decir que podría hacerlo sin pelea. En el ataque contra Caracas de enero, fueron 32 los soldados cubanos que murieron enfrentándose a las fuerzas estadounidenses. Si estuvieron dispuestos a ese sacrificio por Venezuela, ¿qué harían por la soberanía de su propia nación?
En Cuba, algunos ciudadanos también expresaron su rebeldía. “Los cubanos siempre nos hemos defendido, con un machete, con un palo...”, me dijo un pintor. Me explicó que la resistencia era una tradición cubana que se remontaba al siglo XVI, cuando el líder indígena Hatuey luchó contra los invasores españoles. “No creo que ningún estadounidense venga aquí a intentar imponer su voluntad porque la historia les ha demostrado que no pueden”.
Y si Trump consigue su ‘misión cumplida’ en Cuba, ¿qué significaría eso para la isla? Antes de la revolución de 1959, el país era prácticamente una colonia de EEUU, con sus ferrocarriles, su producción azucarera, sus minas y sus servicios públicos dominados por empresas de la superpotencia. No hay muchas dudas sobre los planes de Trump. ¿Quién puede olvidar el grotesco vídeo, generado por IA que publicó sobre Gaza, con los apocalípticos escombros transformados en una urbanización de lujo, yates y rascacielos marca Trump?
Quizás Trump vea a Cuba como una fuente de ingresos para él y sus compinches. Los negocios de la isla podrían abrirse de par en par a las multinacionales estadounidenses, sobre todo el famoso y ahora resquebrajado sistema sanitario cubano. En Cuba no destaca ninguna figura de la oposición ahora mismo y el poder podría ser ocupado por un títere de EEUU, reservando a los cubanos enfurecidos por el saqueo de su país la misma y atroz violencia que EEUU infligió a los civiles de Irak y Afganistán.
Trump tiene una ventaja sobre los anteriores presidentes de EEUU. Él no simula estar interesado en liberar a los pueblos del mundo. Las razones de una guerra de EEUU contra Cuba serían la codicia y el deseo de Trump de borrar las humillaciones sufridas. Las ganancias irían a parar a las élites estadounidenses. Para los cubanos de a pie quedarían los escombros.
Traducción de Francisco de Zárate
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