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El filósofo Daniel Innerarity proclama la muerte del liberalismo: “estamos en un capitalismo predador, rentista y violento”

Acto de investidura doctor Honoris causa de Daniel Innerarity en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Olga Agüero

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A Daniel Inneratut hay dos tipos de asuntos que le han interesado siempre: las cosas que no son lo que parecen y las cosas que ya no son lo que eran. A esta última categoría podría adscribirse el mundo que habitamos de ruido, de propaganda y huérfano de humanidad.

El catedrático de filosofía política y social, director del Instituto de Gobernanza Democrática y titular de la Cátedra Inteligencia Artificial y Democracia del Instituto Universitario Europeo en Florencia, explicó en media hora qué está pasando profundizando más allá de los tópicos que se suministran a diario.

El experimento político, social y económico del liberalismo ha terminado sin que sepamos muy bien qué le va a sustituir. Así comenzó su discurso tras recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo por su contribución al pensamiento democrático contemporáneo. Se hizo el silencio en la sala, el hall del viejo Palacio de la Magdalena de Santander -que cada verano, desde tiempos de la República, se convierte en universidad- donde más de sesenta personas, sin representación ni presencia de ningún miembro del Gobierno de Cantabria, escuchaban al protagonista.

Innineraty fue desgranado las razones de esa muerte del liberalismo que se impuso tras la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahora el capitalismo estaba basado en reglas, “aunque no fueran las más justas ni cumplidas por todos”.

El mundo estaba basado en promesas de un porvenir feliz y se pensaba que caminábamos hacia una democracia sin enemigos, aunque durante todo este periodo hasta el año 2000 no faltaron fenómenos de rapiña territorial ni golpes de estado, sobre todo durante la guerra fría en América latina, “pero todo ello se combinaba con la narrativa de un marco de valores que se decía defender”.

El mercado desempeñaba el papel de moderador de los intereses divergentes y cada actor intentaba llegar a un acuerdo porque le resultaba más beneficio: “la conciliación aporta más que la agresión”.

El rector de la UIMP, Ángel Pelayo; el doctor Honoris Causa Daniel Innerarity y la vicerrectora Mariola Urrea durante el acto académico.

Ahora corren tiempos turbulentos. Actualmente podemos hablar del final de una era.

“Trump no es el autor de este cambio de página, no es ni siquiera especialmente original en esto porque el deseo de redimensionar la globalización viene de lejos”, explica. Los últimos tres gobiernos norteamericanos –subraya- han bloqueado la organización del comercio, demócratas y republicanos, han subido los aranceles, han restringido las importaciones y han concedido subvenciones masivas a la industria nacional.

Hasta ahora nadie había formulado tan explícitamente como Trump la pretensión de acabar con lo que ha caracterizado a la globalización liberal

Un instinto protector que se agudizó en todo el mundo tras la crisis económica “que marcó el final de las ilusiones liberales y emprendió el camino a un mundo geopolítico”, ha resaltado el profesor. En su opinión hay un retorno del proteccionismo “a derecha e izquierda”.

“Hasta ahora nadie había formulado tan explícitamente como Trump la pretensión de acabar con lo que ha caracterizado a la globalización liberal” y cita el cuestionamiento del comercio, la multiplicación de los conflictos, retorno a una concepción autárquica de la sociedad, “una economía de pillaje y una carrera global por el acaparamiento de bienes escasos”.

“El actual capitalismo es el de una multitud de actores que juegan a la soberanía y cuyos intereses no pueden ni quieren estar alineados”, ha defendido Innerarity, haciendo hincapié en que “la guerra económica ha dejado de ser una metáfora en este nuevo darwinismo geopolítico”.

“Se trata de un capitalismo predador, rentista y violento, entregado al puro juego del poder que ha dado lugar a una nueva ola de imperialismo territorial”, ha afirmado el filósofo. Es una renuncia a concebir lo social como un multiplicador que pone la competencia por encima de la cooperación. “Se cuestiona el mercado y la propiedad” y han renacido “nuevos modos de predación”.

No confiar en los mecanismos del mercado “es lo que lleva a preferir un modelo de pillaje, saqueo y rentismo”, lo que produce “una nueva forma de capitalismo que se define como una ola de expoliación territorial”, ha denunciado.

Para el filósofo es una nueva forma de capitalismo que a la vez es muy antigua: un modelo de saqueo y rentismo que, en su opinión, evoca aquel antiguo derecho marítimo a quedarse todo aquello que se encontraba en el mar. “¿De quién son las cosas”?, se ha preguntado. Porque han renacido “nuevos modos de predación, desde los fondos marinos hasta el espacio, la codicia de las tierras raras, la biopiratería que se apropia de los recursos genéticos, y los datos y textos con los que se alimenta la inteligencia artificial ”sin pedir permiso ni pagar por ello“.

Se trata –ha resumido- de obtener beneficios fuera del contexto de competencia. “Yo llegué el primero, y punto”, ha enfatizado.

Nuestras élites están formadas en un mundo liberal que ya no existe

“Ahora el mundo bascula hacia el acaparamiento y todo se juega en disponer de los recursos necesarios”, por lo que, según ha añadido, “la renta no es un beneficio sino una ganancia que proviene de detentar o controlar un activo escaso”.

El filósofo ha puesto algunos ejemplos de una economía que se está ‘reprimarizando’ en paralelo a la desaparición del sector primario porque –puso como ejemplo- hay un aumento de las actividades extractivas, se ha duplicado el volumen de minerales que se extraen en el mundo.

“La carrera en busca de las materias primas ha incrementado” y este “saqueo” pone de manifiesto “lo poco que nos creemos que el conocimiento sea el principal recurso de la economía”.

Desconcierto de la Unión Europea

Frente a este contexto, la Unión Europea “no está preparada” porque no está pensada para el conflicto “sino para que nadie imponga nada a nadie”. El filosofo ha admitido que puede ser que Europa no haya comprendido la envergadura de los cambios que estamos viviendo“. ”Nuestras élites están formadas en un mundo liberal que ya no existe“ de la libre competencia, de desmontar monopolios. ”Eso es insostenible en el nuevo espacio de predación postliberal“, concluye.

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