El Gobierno de Cantabria renuncia a comprar la casa de Concha Espina: herencia hipotecada, conflicto familiar y un contrato de arras
La glicinia que plantó la propia Concha Espina el día de su boda serpentea décadas después por la pared de su casa y estalla cada primavera en una explosión de color. Es ya una seña de identidad. En el interior, fotos, correspondencia, dedicatorias, mobiliario de la escritora y la biblioteca de Ramón de la Serna perfectamente conservados. La propiedad -construida en 1890- son en realidad dos casas adosadas, una antigua cuadra y una parada de postas que arregló y unió la escritora cuando empezó a ganar dinero, narra su bisnieta. 300 metros cuadrados distribuidos en tres plantas y un jardín “silencioso y generoso” de más ochocientos metros. Allí vivió la escritora y ahora vive una de sus dos bisnietas.
En la casa hay recuerdos de todos los que la habitaron. Los papeles de la escritora, de su hija Josefina, casada con el guitarrista Regino Sainz de la Maza, y de su hija Paloma, la última propietaria. También hay una huella importante de Federico García Lorca, de las primas políticas de Concha Espina, María Blanchard, Matilde de la Torre y Consuelo Berges con quienes, en un momento de su vida, compartió lecturas y tejió afectos que en algún momento se quebraron.
Ahora, la casa de la escritora Concha Espina (1869-1955) en Mazcuerras, su Luzmela literario, podría pasar definitivamente a manos privadas. No será el museo público que ambicionaba su bisnieta Concha Muguerza. Al menos en el corto plazo. El Gobierno de Cantabria ha trasladado a sus herederas que renuncia a comprar la propiedad a precio de mercado, aunque no descarta hacer una oferta con una tasación oficial en el futuro si dentro de un año la casa sigue en venta y hay dinero para ello en los presupuestos.
La nieta de la escritora, Paloma Sainz de la Maza -recientemente fallecida el pasado 14 de junio- había puesto en venta la Casona, sobre la que pesa un préstamo hipotecario.
Tras el fallecimiento de la nieta de la escritora, la propiedad corresponde ahora a sus hijas, las hermanas Concha e Iciar Muguerza, únicas herederas tras el fallecimiento en 2023 de su hermano Íñigo, el escultor responsable entre otras piezas del monumento a los mineros en las cuevas El Soplao y la estatua de Concha Espina que hay en Mazcuerras.
Las herederas han intentado sin éxito negociar con Cultura la venta de la casa. Tras una dilatada negociación con la directora general de Cultura, Eva Guillermina Fernández, el acuerdo económico no se sustanció porque una parte exigía más dinero. “Yo prefiero vender más barato pero que se haga un museo”, explica Concha, una de las hermanas herederas, que ha dedicado grandes esfuerzos a reivindicar la figura de su bisabuela y a preservar su memoria.
La tensa relación familiar entre las bisnietas tampoco contribuyó a facilitar la operación pública puesto que no se permitió acceder al interior de la propiedad para hacer la tasación. El Gobierno de Cantabria quería inventariar el mobiliario y los objetos y documentos que se incluirían en la compra.
La vivienda salió al mercado inmobiliario a través de una agencia madrileña por 895.000 euros y al no llegarse a un acuerdo con el Gobierno se formalizó un contrato de arras con un particular interesado en adquirir la propiedad. Pero la venta que sigue pendiente de formalizarse porque, en paralelo, la Dirección General de Cultura y Patrimonio tomó la decisión de declarar Bien de Interés Cultural (BIC) la casa de la escritora -a petición del Ayuntamiento de Mazcuerras- para preservar un patrimonio que podría acabar por pasar a manos privadas y que obligará a sus futuros propietarios a cumplir unos requisitos de conservación.
Esta operación permitía a Cultura ejercer un derecho de tanteo -tener prioridad- para quedarse con la casa en un plazo de tiempo que ya ha vencido. Una opción que Cultura ya ha descartado en el corto plazo.
Tampoco el comprador particular parece ya tan interesado. Según fuentes cercanas a la familia podría estar intentando negociar la recuperación del dinero adelantado con el argumento de que, cuando se comprometió la compraventa, la casa no tenía ningún tipo de protección patrimonial.
A partir de ahora, el particular interesado tendría que formalizar la compra o perder el dinero que dejó en depósito para hacerse con la casa que conserva, además, un interior decorado con los muebles de la escritora y la biblioteca de Ramón de la Serna. Ello incrementa el valor de la propiedad de cara a un futuro museo público en un pueblo, Mazcuerras, que tiene a pocos metros otra casa relevante: Las Magnolias, donde residió hasta su fallecimiento en 2011 la también escritora leonesa Josefina Aldecoa. Hoy reconvertida en un centro de actividad artística, Aselart.
En estos momentos, la casa está habitada por una de las bisnietas que quedaron huérfanas de madre recientemente. Las herederas de Concha Espina necesitan vender cuánto antes la propiedad para evitar un embargo del banco.
Casa de José María de Pereda en Polanco
Cantabria conserva un escaso patrimonio de propiedades públicas vinculadas a los referentes literarios. Con las únicas excepciones de la Casona de José María de Cossio en Tundanca, y la casa y la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander, que permanece vacía y cerrada desde hace siete años. 'San Quintín', la casa de Galdós en la Avenida Reina Victoria, ya ni siquiera existe. No se conservan las de Lope de Vega, Calderón de la Barca o Francisco de Quevedo, como apuntaban recientemente desde el Grupo Alceda dedicado a la protección del patrimonio.
Otro municipio cántabro, Polanco, que ya perdió la casa del poeta Jesús Cancio, sufre un proceso parecido a Mazcuerras con la casa natal del escritor José María de Pereda que también salió a la venta, el Ayuntamiento descartó comprarla por su elevado precio pero pidió a la Consejería que la declarase Bien de Interés Cultural (BIC).
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