Estamos pidiendo bajas por encima de nuestras posibilidades
La sentencia ya ha sido dictada. Una vez más, somos culpables. Estamos pidiendo bajas por encima de nuestras posibilidades. No aprendemos.
Primero provocamos el colapso sanitario acudiendo a urgencias más de lo que debíamos, o yendo al centro de salud más de lo que debíamos, o tomando paracetamol como si no hubiera un mañana. Después colapsamos el sistema financiero y causamos la Gran Recesión viviendo por encima de nuestras posibilidades. Ahora, diagnostica el doctor Núñez Feijóo, estamos enfermando de cáncer nuestro mercado laboral porque nos pillamos las bajas sin tener que justificarlas y nos pagan igual.
Nada han tenido o tienen que ver la incapacidad, la codicia, la desigualdad o la ideología de los gestores y los responsables. Todo siempre culpa nuestra, por avariciosos y jetas. La casa siempre gana.
La cifra resulta incuestionable. Desde 2020 las bajas laborales en España se han duplicado. Pero hay otras cifras igualmente incuestionables que, oportunamente, casi nadie menciona. Antes de la pandemia España —datos Eurostat, 2014, 2024— se situaba en bajas laborales en la media de la UE (2%), más de medio punto por debajo de Suecia (2,5), Portugal (2,6%) o Bélgica (2,6%), casi un punto por debajo de Alemania (2,8%) y más de un punto por debajo de Francia (3,2%). A ver si va a ser que antes pedíamos bajas por debajo de lo que teníamos derecho. El incremento de España (4,5) también ha de ponerse en un contexto europeo creciente: Bélgica (4,1%), Francia (3,9), Portugal (3,6%) o Alemania (3,2).
¿Qué pasa entonces a partir de 2020 y después de la pandemia? El sistema de bajas continúa siendo el mismo, pero, al parecer, España ha pasado de una cultura de esfuerzo ejemplar a llenarse de jetas y vagos. A la pandemia del COVID le ha seguido una epidemia de haraganería que no afecta solo a España. He aquí la prueba de cargo de la acusación. El mismo sistema que antes nos homologaba con Europa en disposición al trabajo ahora incentiva y recompensa a quienes no quieren trabajar.
Nada tiene que ver, al parecer, que hayamos pasado una pandemia siendo uno de los países más afectados y con más casos de COVID persistente —más de dos millones de personas—. Tampoco nada tiene que ver, al parecer, que España tenga una de las fuerzas laborales más envejecida de la UE; o la distribución por actividad de nuestro mercado laboral y su evidente impacto sobre el tipo de bajas más comunes. Mucho menos tiene que ver, al parecer, que buena parte del tiempo de esas bajas se deba a los retrasos y cuellos de botella acumulados por un sistema sanitario —121 días de demora media— sometido a una prueba de estrés permanente.
Si me permiten, la sanitaria es mi favorita entre todas las causas ignoradas. Primero deterioran, descapitalizan y desmantelan el sistema público sanitario para recortar nuestro derecho a una sanidad universal de calidad en nombre de la eficiencia y la lucha contra el abuso y ahora utilizan el colapso provocado en el sistema sanitario para recortar nuestros derechos laborales en nombre de la lucha contra el fraude; el crimen perfecto.
Sostiene la acusación que tenemos un problema con el absentismo laboral. Hay más de un millón de trabajadores de baja cada día, denuncian alarmados. Pero cuando se le pregunta si se refieren a la gente que padece incapacidad temporal por una enfermedad, aclaran que solo se refieren a los “jetas”. Las bajas no son lo único que se ha doblado desde 2020. También se ha duplicado el gasto de las empresas en detectives para perseguir el fraude: de más de novecientos mil euros en 2024 a casi un millón novecientos mil euros en 2025. Si hubiera una bolsa estoy casi seguro de que ya nos lo habría contado todos los días.
Ya lo sabe. Es usted nuestro principal sospechoso. Como lo es cuándo acude a urgencias, o a su centro de salud, o pide el paro, o una beca, o una ayuda o, en general, intenta ejercer alguno de sus derechos; también cuando se ponga enfermo y pida una baja. Te estamos vigilando, jeta.
5