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Sobre este blog

Legado Cantabria es un proceso de construcción de la memoria oral a través de las historias de vida de las personas mayores. Tiene como objetivo poner en valor las experiencias, el éxito de la longevidad y el arraigo en el territorio. Participan personas mayores de 70 años que relatan su experiencia vital para ponerla a disposición de las generaciones actuales y venideras.

Este blog recoge en elDiario.es los testimonios audiovisuales que integran el Proyecto Legado Cantabria, impulsado por el Patronato Europeo de Mayores (PEM) y UNATE, La Universidad Permanente.

Liébana, Alemania, Torrelavega: el camino de ida y vuelta de María Juana Gómez Gómez

Zhenya Popova Tikhonova

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Sobre este blog

Legado Cantabria es un proceso de construcción de la memoria oral a través de las historias de vida de las personas mayores. Tiene como objetivo poner en valor las experiencias, el éxito de la longevidad y el arraigo en el territorio. Participan personas mayores de 70 años que relatan su experiencia vital para ponerla a disposición de las generaciones actuales y venideras.

Este blog recoge en elDiario.es los testimonios audiovisuales que integran el Proyecto Legado Cantabria, impulsado por el Patronato Europeo de Mayores (PEM) y UNATE, La Universidad Permanente.

María Juana Gómez Gómez nació el 6 de mayo de 1943 en Villaverde, en plena Vega de Liébana, en el seno de una familia de labradores marcada por la constancia en la tierra. Fue la hermana menor, llegada a destiempo respecto a sus hermanos mayores: Gregorio tenía veinte años, Castor, dieciocho, y Francisca, dieciséis.

Sus padres, ambos oriundos de Villaverde, fueron Antonio Gómez Casares y Natividad Gómez Gómez. Antonio había dejado la escuela a los nueve años para trabajar, pero era recordado como un hombre “muy culto”. Natividad nunca aprendió a leer ni a escribir, aunque supo sacar la casa adelante. Esa carencia educativa en la generación anterior hizo que Antonio se empeñara en que sus hijos e hijas pudieran ir a la escuela, aunque la dureza del campo no siempre lo permitiera.

Con apenas cuatro o cinco años, María Juana fue enviada una temporada a Potes, al cuidado de unos tíos. Intuye que aquella decisión tenía que ver con liberar a su familia, absorbida por el trabajo en la tierra. Lo que recuerda con claridad es el movimiento de la villa: el colegio cercano, la fonda de los Cayo —hoy Casa Cayo— abarrotada los lunes de mercado, las comidas adelantadas para apartar a los niños del trajín. Su prima, con quince años, servía a los clientes; ella y su primo, en cambio, eran todavía los pequeños que iban de la mano camino de la escuela.