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Sobre este blog

Legado Cantabria es un proceso de construcción de la memoria oral a través de las historias de vida de las personas mayores. Tiene como objetivo poner en valor las experiencias, el éxito de la longevidad y el arraigo en el territorio. Participan personas mayores de 70 años que relatan su experiencia vital para ponerla a disposición de las generaciones actuales y venideras.

Este blog recoge en elDiario.es los testimonios audiovisuales que integran el Proyecto Legado Cantabria, impulsado por el Patronato Europeo de Mayores (PEM) y UNATE, La Universidad Permanente.

Esther Longo Ruiz, una vida entre los pueblos de Campoo

Zhenya Popova Tikhonova

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Sobre este blog

Legado Cantabria es un proceso de construcción de la memoria oral a través de las historias de vida de las personas mayores. Tiene como objetivo poner en valor las experiencias, el éxito de la longevidad y el arraigo en el territorio. Participan personas mayores de 70 años que relatan su experiencia vital para ponerla a disposición de las generaciones actuales y venideras.

Este blog recoge en elDiario.es los testimonios audiovisuales que integran el Proyecto Legado Cantabria, impulsado por el Patronato Europeo de Mayores (PEM) y UNATE, La Universidad Permanente.

Esther Longo Ruiz vio la luz del mundo cuando la Guerra de España estaba a poco más de un mes de declararse como terminada. Eran las nueve de la mañana del 27 de febrero de 1939 en Santiurde de Reinosa, en la comarca cántabra de Campoo-Los Valles y ahí nació. Fue en el seno de una familia de raíces entrelazadas, donde lo local y lo foráneo se fundían en su historia: el apellido paterno de Esther, Longo, tenía raíces asturianas, aunque su origen más remoto apuntaba a Italia.

Fue su bisabuelo quien llegó desde Asturias para trabajar en la construcción de los túneles del ferrocarril entre Santander y Aguilar, y fue entonces cuando el apellido quedó arraigado en la zona de Santiurde de Reinosa. Esther recuerda con afecto a sus abuelos paternos establecidos en esta localidad campurriana. Su padre, Tomás, quedó huérfano de madre a los 16 años y a cargo de dos hermanas pequeñas. Desde joven asumió responsabilidades y trabajó como criado en una ganadería impulsada por un abogado madrileño afincado en Rioseco. Por parte materna, conoció a sus abuelos oriundos en este mismo pueblo. 

Esther también recuerda la historia de su madre, Teresa, nacida en Santiurde, pero que a los 15 años cruzó el océano para trabajar en Cuba en casa de un tío suyo, quien poseía una vasta finca de caña de azúcar, tan extensa que, según relataba “a caballo se tardaba siete días en recorrerla”. En el centro de la finca había una tienda y trabajaban “12 obreros negros”, a quienes el tío les pagaba y que luego gastaban su dinero en esa misma tienda. “Todo lo que oí de Cuba, se lo oí a mi madre”, explica Esther. De aquellos cinco años quedaron relatos que Esther escucharía después: jornadas de plancha que se alargaban hasta la medianoche. “Menos las toallas, todo se almidonaba. Hasta las sábanas, para que refrescara más”.