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¿A qué temperatura deja de ser efectivo un ventilador?

Un ventilador no reduce la temperatura del aire de la habitación, solo mueve el aire.

Martín Frías

14 de julio de 2026 22:02 h

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El ventilador eléctrico moderno, tan presente en nuestras casas en verano, tiene un padre: el ingeniero estadounidense Schuyler Skaats Wheeler, que en 1882 patentó el primer modelo de uso doméstico. En pocas décadas pasó de ser un lujo que se encontraba en los despachos y edificios oficiales a entrar en millones de hogares. Hoy, con las olas de calor haciéndose más largas e intensas, los ventiladores llegan a agotarse en los comercios, pero ¿son realmente eficaces para refrescarnos y, sobre todo, hasta qué punto?

Qué hace realmente un ventilador

Un ventilador no reduce la temperatura del aire de la habitación, solo mueve el aire. La diferencia es importante si se compara con el aire acondicionado, que realmente enfría. Lo que produce la sensación de frescor es que esa corriente de aire acelera la evaporación del sudor sobre la piel, el único sistema que tiene el cuerpo humano para enfriarse. Cuando el sudor se evapora, extrae calor del cuerpo. El movimiento de aire facilita esa evaporación. El cuerpo no percibe menos calor porque el ambiente esté más fresco, sino porque pierde calor más rápidamente a través de la piel húmeda.

Pero de este mecanismo se extrae una consecuencia directa: el ventilador solo funciona si el cuerpo puede sudar. Cuando la temperatura del aire supera la temperatura de la piel (aproximadamente 35 °C en una persona en reposo), el aire caliente que el ventilador mueve deja de enfriar por evaporación y, al contrario, empieza a calentar la piel. Pero este límite no es fijo porque depende de cuánto puede sudar la persona y de cuánta humedad hay en el ambiente.

La humedad, el factor decisivo

El aire ya saturado de humedad no puede absorber más vapor de agua. Por eso, si la humedad relativa es alta, el sudor de la piel no se evapora, y el ventilador solo sopla aire caliente sobre la piel. En ambientes muy secos, en cambio, la evaporación es máxima y el ventilador puede ser muy eficaz incluso a temperaturas bastante altas.

Una de las recomendaciones más repetidas es la advertencia de no usar ventilador por encima de 35 °C como norma general. Pero un estudio de 2021 calculó los umbrales de temperatura a los que el uso del ventilador deja de ser beneficioso y empieza a ser perjudicial, en función de la humedad. Para adultos jóvenes y sanos (18-40 años), el umbral (sin considerar la humedad) sería de 39 °C. Por debajo de esa temperatura, el ventilador es beneficioso independientemente de la humedad. Para adultos mayores sanos (más de 65 años), ese umbral baja a 38 °C. Para adultos mayores que toman medicación anticolinérgica (que reduce la capacidad de sudar), el límite es aún más bajo.

Los autores también calcularon que en 108 ciudades del mundo, el ventilador habría sido beneficioso durante el 96,6% de los días calurosos del mes para adultos jóvenes, y el 94,9% para adultos mayores. La conclusión era que el umbral de 35 °C es demasiado conservador para la mayoría de las personas y probablemente habría llevado a mucha gente a no usar un ventilador cuando era útil.

Cuando el ventilador empeora la situación

Existe un punto por encima del cual el ventilador no solo no ayuda, sino que hace daño. Una revisión de estudios de 2024 sobre la efectividad de los ventiladores en olas de calor afirma que con humedad muy baja (20% de humedad relativa), el ventilador es eficaz incluso hasta 42-43 °C en adultos jóvenes. Pero cuando la temperatura supera los 43 °C con un 30% de humedad, o cuando se combina calor más moderado con humedad muy alta (por encima del 70-80%), el flujo de aire caliente y saturado de humedad ya no puede evacuar el calor corporal y lo que hace es acelerar el recalentamiento. Para las personas mayores, ese punto crítico llega antes. El problema no es solo la temperatura: es que la capacidad de sudar disminuye con la edad. Sin sudor no hay evaporación y sin evaporación el ventilador no puede hacer su trabajo.

Las alternativas más eficaces

Cuando el ventilador ya no es suficiente, hay distintas opciones más o menos eficaces y accesibles:

  • Mojar la piel antes de usar el ventilador: aplicar agua fría en la piel (en la cara, el cuello, las muñecas y los tobillos) y luego encender el ventilador replica el mecanismo del sudor cuando el cuerpo no puede sudar suficiente. Esta estrategia aumenta la eficacia del ventilador.
  • El enfriador evaporativo: este dispositivo funciona haciendo pasar el aire caliente por un filtro húmedo antes de expulsarlo. Es mucho más eficaz que el ventilador en ambientes secos, pero no sirve cuando la humedad supera el 60%, como puede ser en la costa, precisamente cuando más se necesita.
  • Aire acondicionado: es el único sistema que puede reducir la temperatura del aire independientemente de la humedad y la temperatura exterior. Su limitación es el coste de instalación y el consumo energético.
  • Estrategias pasivas: cerrar las persianas y cortinas en las horas de sol y ventilar con aire exterior solo durante las horas frescas de la madrugada ayuda a refrescar el ambiente dentro de casa.
  • Agua fría: una ducha fría, o incluso mantener las muñecas y los pies en agua fría produce el enfriamiento central en el cuerpo de forma más eficaz que cualquier corriente de aire.

El ventilador es un gran invento que puede ayudar a sobrellevar el calor, pero también hay que conocer sus límites y, sobre todo, cuándo se convierte en un riesgo para la salud.

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