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Beatriz Herguedas busca una nueva vía para tratar la epilepsia: “Vamos a intentar modificar la fábrica de estas proteínas”

Beatriz Herguedas

Naiare Rodríguez Pérez

14 de julio de 2026 22:02 h

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Conseguir financiación para investigar es, muchas veces, uno de los mayores desafíos de la carrera científica. La Fundación BBVA acaba de reconocer 59 proyectos entre las 1.896 candidaturas presentadas a la convocatoria de las Becas Leonardo de Investigación Científica y Creación Cultural, una tasa de éxito del 3,1% que da idea del elevado nivel de competencia. Entre los seleccionados figuran tres investigadores de la Universidad de Zaragoza. La bioquímica Beatriz Herguedas, investigadora del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI); el físico Manuel Bailera, del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A), y el químico Alberto Concellón, del Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (INMA, centro mixto del CSIC y la Universidad de Zaragoza), recibirán una financiación de 50.000 euros para desarrollar durante los próximos 18 meses proyectos con un marcado componente innovador.

En el caso de Herguedas, la ayuda permitirá impulsar una investigación que busca abrir nuevas vías para desarrollar tratamientos frente a enfermedades del sistema nervioso como la epilepsia o algunos trastornos neurodegenerativos. Más en concreto, su propuesta pretende modificar el funcionamiento de los receptores de glutamato de tipo AMPA, unas proteínas esenciales para la comunicación entre neuronas, mediante una estrategia diferente a la utilizada hasta ahora por la farmacología convencional.

La investigadora, que dirige la línea de Biología Estructural de Proteínas de Membrana Neuronales en el BIFI tras desarrollar buena parte de su carrera en el Laboratorio de Biología Molecular del MRC de Cambridge (Reino Unido), explica en esta entrevista en qué consiste ese cambio de enfoque, por qué la ciencia necesita asumir riesgos y cuánto camino separa todavía un hallazgo en el laboratorio de un futuro tratamiento para los pacientes.

Conseguir una de estas becas no parece sencillo. ¿Qué pensó cuando recibió la noticia y qué supone este reconocimiento en su carrera?

Cuando recibí la noticia y vi lo competitiva que había sido la convocatoria, obviamente me sentí muy orgullosa. Pero, sobre todo, esta beca nos permite iniciar o continuar un proyecto para el que ahora mismo no teníamos financiación. Para nuestro grupo supone precisamente eso, el poder desarrollar una idea que, de otra forma, sería muy difícil sacar adelante.

Para quien no esté familiarizado con este ámbito, ¿cómo explicaría de forma sencilla en qué consiste el proyecto?

En mi grupo de investigación llevamos más o menos quince años estudiando unas proteínas que están en la superficie de nuestras neuronas, los receptores del glutamato. Son esenciales para que funcione correctamente nuestro sistema nervioso. Gracias a ellas podemos ver, oír o procesar la información. Cuando esas proteínas dejan de funcionar como deberían pueden aparecer enfermedades neurológicas, entre ellas la epilepsia. Hasta ahora mi trabajo ha estado centrado en entender cómo funcionan desde un punto de vista muy básico. Con este proyecto queremos dar un paso más e intentar encontrar moléculas capaces de modificar cómo actúan estos receptores, de encenderlos o apagarlos, porque eso tendría un enorme potencial farmacológico. Se han probado muchísimas moléculas para actuar directamente sobre estos receptores y solo una ha conseguido llegar a utilizarse clínicamente. Precisamente por eso hemos decidido intentar una aproximación completamente distinta. En lugar de actuar sobre la proteína cuando ya está en la superficie de la neurona, vamos a intentar modificar la fábrica de estas proteínas, algo que nunca se ha probado, es decir, intervenir en cómo se ensamblan dentro de la célula antes de llegar a la membrana. Es una estrategia bastante arriesgada, pero creemos que puede abrir nuevas posibilidades.

Resulta llamativo que, pese a la importancia de estos receptores para el funcionamiento del cerebro, solo exista un fármaco que haya llegado a utilizarse clínicamente para modularlos. ¿Por qué es un campo tan complicado?

Precisamente porque son proteínas fundamentales para el funcionamiento del sistema nervioso. Modificarlas puede producir efectos muy importantes, pero también efectos secundarios muy graves. Es un campo muy complejo y por eso solo una molécula ha conseguido llegar hasta los ensayos clínicos y utilizarse para tratar la epilepsia. Nuestro proyecto es arriesgado y precisamente por eso esta financiación resulta tan importante. Nos permite intentar algo que, probablemente, sin una ayuda como esta no podríamos hacer.

¿Hasta qué punto las grandes innovaciones nacen de cambiar la forma de hacer las cosas?

La ciencia básica es la que nos permite comprender cómo funcionan los sistemas biológicos. Una vez entiendes esos mecanismos es cuando puedes plantearte intervenir sobre ellos de otra manera. Primero generas conocimiento y después surgen nuevas preguntas y estrategias. Esa es la base de la innovación.

Tras varios años investigando en Cambridge, ahora lidera su propio grupo en Zaragoza. ¿Se puede competir desde aquí al máximo nivel?

Sí. Yo regresé con un contrato Ramón y Cajal, que precisamente está pensado para facilitar que investigadores que han desarrollado parte de su carrera en el extranjero puedan crear aquí su propia línea de investigación. Además, el BIFI cuenta con un equipamiento muy potente, especialmente en biofísica y computación, que son áreas fundamentales para el trabajo que hacemos.

La investigación también está llena de experimentos que no salen como se esperaba. ¿Cuánto hay de paciencia y perseverancia detrás de un avance científico?

Muchísimo. Estos proyectos requieren años de trabajo y muchísima dedicación. En biología es habitual que muchas cosas no funcionen a la primera o incluso que no funcionen. Por eso, cuando un proyecto sale adelante o consigues resultados importantes, hay que celebrarlo. Detrás hay muchísimo esfuerzo de todo el equipo.

Beatriz Herguedas junto a los investigadores predoctorales Irene Sánchez Valls, Victoria Ribón Fuster y Carlos Vega Gutiérrez

¿Qué queda por recorrer?

Nosotros esperamos identificar moléculas con potencial, pero después todavía habría que pasar por todas las fases de desarrollo de un medicamento: estudios preclínicos, ensayos clínicos, comprobar su seguridad y su eficacia... Es un proceso muy largo y costoso. Cuando hablamos del precio de un medicamento muchas veces pensamos únicamente en fabricarlo, pero lo realmente caro son todos los años de investigación que hay detrás y todas las moléculas que se quedan por el camino antes de que una llegue a convertirse en un fármaco.

P. Muchos jóvenes sienten curiosidad por la ciencia, pero también la perciben como una carrera complicada e incierta. ¿Qué les diría?

Es una carrera de fondo y tiene que apasionarte. Si no disfrutas trabajando en un laboratorio es muy difícil dedicarte a esto.Yo pasé ocho años en Reino Unido y, aunque allí también tenía contratos temporales, siempre tenía la sensación de que, si uno terminaba, encontraría otro con relativa facilidad gracias al ecosistema científico que existía alrededor de Cambridge. Esa quizá es una de las diferencias con España, donde hay menos empresas biotecnológicas o farmacéuticas alrededor de los centros de investigación y eso genera más incertidumbre. Aun así, si realmente te gusta la ciencia merece la pena intentarlo. No puedes pensar solo en el final de la carrera investigadora, sino que también hay que disfrutar del camino, de aprender, de conocer otros laboratorios, de viajar y de todo lo que te aporta esta profesión. No puedes vivir pensando únicamente en cuál será el final de tu carrera investigadora. También hay que disfrutar de todo lo que ocurre mientras tanto

Aunque la beca lleva su nombre, detrás hay un equipo de investigación. ¿Cómo está formado actualmente?

Ahora mismo en el grupo somos tres investigadores predoctorales. Uno de ellos terminará en breve y en los próximos meses se incorporará un investigador posdoctoral con una beca Marie Curie. La ayuda es personal, pero la investigación nunca se hace sola. Yo dirigiré una parte del proyecto, otra la desarrollará el equipo y, sin ellos, sería imposible sacar adelante un trabajo como este.

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