Un hospital nuevo sin neurólogos: la crisis sanitaria deja a Teruel sin especialistas mientras abre un centro de 140 millones
Apenas quedan unas semanas para que el nuevo Hospital de Teruel abra sus puertas. Tras más de siete años de obras y una inversión cercana a los 140 millones de euros, el edificio está llamado a convertirse en el gran símbolo de la renovación sanitaria de la provincia. Sin embargo, mientras se ultiman los preparativos para su inauguración, el hospital que todavía presta asistencia a más de 84.000 turolenses atraviesa una situación inédita porque su servicio de Neurología ha desaparecido.
Desde hace un mes, no queda ni un solo neurólogo en activo. Los pacientes con enfermedades como el párkinson, la esclerosis múltiple, la epilepsia, el alzhéimer, la ELA o las migrañas complejas han visto paralizadas sus consultas, mientras que quienes sufren un ictus deben ser trasladados a Zaragoza para continuar su ingreso una vez estabilizados. La imagen resume una contradicción difícil de explicar, ya que, mientras un hospital de última generación preparado para abrir sus puertas, una de las especialidades médicas más sensibles ha dejado de existir.
Para el presidente del Colegio Oficial de Médicos de Teruel, Jesús Martínez-Burgui, la palabra “catastrófica” no es una exageración: “La razón fundamental es que hasta ahora nunca habíamos tenido una especialidad sin ningún tipo de posibilidad de especialistas. Es la primera vez que el hospital se queda sin ningún neurólogo y eso convierte la situación en un desastre asistencial”.
“Ha habido muchos problemas en varias especialidades, pero llegar a tener un servicio como Neurología sin ningún médico no había ocurrido nunca en los treinta años que llevo trabajando en este hospital”, insiste el presidente del Colegio de Médicos, quien reconoce que tiene “la sensación de que Teruel importa poco”.
Mucho más que el ictus
Cuando se habla de Neurología, la mayoría de la población piensa automáticamente en los accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, detrás de esta especialidad se encuentran algunas de las enfermedades con mayor impacto sobre la calidad de vida de miles de personas.
La Sociedad Aragonesa de Neurología (SARAN) advierte de que quedarse sin especialistas supone mucho más que derivar los casos urgentes a Zaragoza.
“Se paralizan las derivaciones desde Atención Primaria de casos potencialmente urgentes, la atención de pacientes hospitalizados y el diagnóstico y seguimiento en consultas, provocando retrasos en enfermedades potencialmente graves y con un enorme impacto en la calidad de vida”, explican desde la sociedad científica.
El problema afecta al seguimiento de pacientes con esclerosis múltiple, párkinson, epilepsia, demencias o ELA, patologías que requieren revisiones periódicas y ajustes constantes del tratamiento.
“Si un paciente con migraña no recibe a tiempo el tratamiento con toxina botulínica puede empeorar claramente. En enfermedades como el párkinson es necesario revisar periódicamente la medicación y muchos tratamientos requieren controles presenciales para evitar brotes o efectos adversos”, añaden.
En el caso de la esclerosis múltiple, añaden desde SARAN, la demora en las revisiones también puede impedir detectar a tiempo brotes de la enfermedad o efectos adversos de tratamientos que requieren un seguimiento estrecho y continuado.
Mientras tanto, las consultas permanecen paralizadas y los pacientes hospitalizados son atendidos por especialistas de Medicina Interna. “Lamentablemente, un internista no puede ejercer la labor de un neurólogo. Para ello realizamos cuatro años de formación específica como especialistas”, recuerdan desde SARAN.
Una ambulancia menos para toda la provincia
La ausencia de neurólogos también tiene consecuencias fuera del hospital, ya que los pacientes con ictus siguen siendo atendidos inicialmente en Urgencias y en la UCI del Hospital Obispo Polanco, pero una vez estabilizados deben ser trasladados al Hospital Miguel Servet de Zaragoza para permanecer ingresados en una planta con especialistas en Neurología, tal y como establecen los protocolos asistenciales.
Ese traslado supone cerca de dos horas de viaje por carretera y moviliza durante aproximadamente seis horas la única UVI medicalizada de la que dispone Teruel.
“El mayor problema no es el ictus, porque la urgencia se atiende. El problema es todo aquello que deja de hacerse, como las consultas de pacientes con ELA, párkinson, demencias, migrañas o esclerosis múltiple. Ahí es donde realmente estamos perdiendo capacidad asistencial”, recalca el presidente del Colegio de Médicos.
Además, desde SARAN advierten que, mientras se trasladan pacientes que podrían quedarse en Teruel, la provincia se queda sin una UVI medicalizada durante unas seis horas“.
Para Martínez-Burgui, el mayor problema ni siquiera son las urgencias, sino todo aquello que deja de atenderse sin hacer ruido. “El tratamiento urgente sigue realizándose como siempre. El verdadero problema son las consultas. No sabemos qué solución va a darse y eso implica retrasos mayores en diagnósticos, controles y seguimiento de enfermedades muy complejas”, subraya.
No faltan médicos, sino especialistas
Desde el Gobierno de Aragón se insiste en que la situación responde a un déficit estructural de especialistas que afecta a toda España. Sin embargo, aunque Martínez-Burgui comparte que existe un problema nacional, considera que esa explicación no basta para entender lo ocurrido en Teruel.
“Estoy cansado de que siempre se diga lo mismo. Sí, hay un problema estructural en algunas especialidades, pero en Neurología hace un mes no existía y ahora hemos pasado a tener cero especialistas. Algo ha ocurrido y alguien tendrá que explicarlo”, denuncia.
El presidente del Colegio insiste en una idea que, a su juicio, suele confundirse en el debate público: “No faltan médicos. Médicos hay. Lo que faltan son médicos especialistas, que es lo que exige la normativa europea para trabajar tanto en la sanidad pública como en la privada”.
“La gente dice que faltan médicos, pero no es cierto. Lo que faltan son especialistas. Nadie querría que le operara un traumatólogo sin el título de especialista y con la Neurología ocurre exactamente lo mismo”, ejemplifica Martínez-Burgui.
En su opinión, la planificación ha sido insuficiente y la Administración debe asumir que determinadas decisiones administrativas también han contribuido a agravar el problema.
El eterno reto de atraer profesionales
Sobre la pregunta de por qué ningún profesional quiere ir a Teruel, tal y como explica, no puede reducirse a un único motivo. Como destaca, puede ser debido a la distancia respecto a Zaragoza, las deficientes comunicaciones, la ausencia de conexiones ferroviarias operativas, la escasa oferta de vivienda o el menor desarrollo profesional respecto a hospitales de mayor tamaño pesan sobre la decisión de muchos especialistas.
“Estamos a 180 kilómetros de Zaragoza, tenemos una sola autovía, apenas cuatro autobuses al día y llevamos mucho tiempo sin trenes. Todo eso influye”, lamenta.
Al mismo tiempo, asegura que, a pesar de saber la “dificultad” que supone trabajar en Teruel, también hay que destacar las cosas buenas que tiene, ya que “aquí los compañeros colaboran mucho más porque todos somos conscientes de las dificultades y nos ayudamos entre nosotros”.
Sin embargo, Martínez-Burgui también reivindica las fortalezas del hospital turolense: “Aquí trabajas con más autonomía, pero también con una colaboración enorme entre compañeros. Sabemos que estamos solos y precisamente por eso nos ayudamos mucho más”.
Desde SARAN consideran que el principal problema no es que Teruel resulte poco atractivo, sino el tipo de contratos que se ofertan. “No es que Teruel no sea una provincia atractiva, sino que solo se ofrecen contratos temporales. Hay profesionales dispuestos a ir, pero es necesario convocar de manera urgente tres plazas fijas y construir una plantilla estable”, añaden.
Desde la Sociedad Aragonesa de Neurología explican que el Servicio Aragonés de Salud ha planteado una compensación económica para que neurólogos de Zaragoza se desplacen de forma puntual a Teruel y cubran consultas u hospitalización. No obstante, consideran que esta medida “no garantiza la continuidad asistencial, aumenta el agotamiento de los profesionales y resulta poco sostenible”.
A su juicio, la solución pasa por “cubrir esas plazas con especialistas dispuestos a establecerse en Teruel, porque los hay”, de manera que se garantice tanto el seguimiento continuado de los pacientes como la estabilidad y satisfacción de los propios facultativos. “No hay que seguir intentando parchear el sistema”, admiten.
La sociedad científica considera además que la apertura de la nueva Facultad de Medicina representa una oportunidad para atraer especialistas, siempre que los neurólogos del futuro hospital puedan acceder a plazas vinculadas a la universidad y desarrollar también labores docentes e investigadoras.
Cambiar las reglas del juego
Martínez-Burgui sostiene que existen medidas que podrían ayudar a fidelizar especialistas, aunque requieren voluntad política, negociación sindical y cambios normativos.
Entre ellas plantea revisar el sistema de excedencias, que actualmente permite a algunos profesionales incorporarse temporalmente a una plaza únicamente para poder solicitar un traslado inmediato. “La gente utiliza muchas excedencias para no venir a Teruel o a Alcañiz. Hay que modificar ciertas normas para que la asistencia sanitaria esté por encima del beneficio personal”, critica.
“Antes había que permanecer dos años en una plaza antes de solicitar un traslado. Esa normativa se modificó y ahora hay que volver a reflexionar sobre determinadas reglas para evitar que se utilicen las excedencias como una vía para abandonar Teruel inmediatamente”, destaca.
También defiende agilizar las ofertas públicas de empleo y revisar la regulación de las plazas de difícil cobertura, una iniciativa aprobada por unanimidad en las Cortes de Aragón. “Ningún partido votó en contra. Eso demuestra la importancia del problema. Ahora lo que hay que hacer es corregir aquello que no ha funcionado”, apunta.
“Fue la primera normativa sanitaria en Aragón que salió adelante sin ningún voto en contra. Eso demuestra hasta qué punto existe consenso sobre la necesidad de actuar; ahora toca corregir aquello que no ha funcionado”, detalla.
Aun así, reconoce que ninguna medida será inmediata: “Yo no pido que esto se solucione mañana. Lo que pido es una planificación con soluciones a corto y medio plazo. Si quienes tienen que resolverlo no saben cómo hacerlo, tendrán que negociar y buscar alternativas”.
Un hospital que necesita médicos
La apertura del nuevo Hospital de Teruel constituye uno de los mayores proyectos sanitarios desarrollados en Aragón durante las últimas décadas, ya que el centro triplicará la superficie del actual Obispo Polanco, dispondrá de más quirófanos, una UCI ampliada, nuevas consultas y equipamiento de última generación.
No obstante, para quienes trabajan cada día en el hospital existe una prioridad mucho más urgente porque, a pesar de que los medios materiales son “imprescindible”, “lo más importante seguirá siendo tener médicos”. “Puedes tener el mejor hospital del mundo, pero sin especialistas es imposible prestar la asistencia que la población necesita”, suma.
“Los medios materiales son imprescindibles, pero hoy por hoy el mayor hándicap para abrir el nuevo hospital sigue siendo la falta de especialistas”, resume.
La Sociedad Aragonesa de Neurología comparte esa preocupación: “Existe un riesgo evidente de inaugurar un hospital de primer nivel sin especialistas suficientes. La solución pasa por convocar de forma urgente plazas estables que permitan construir un servicio sólido y evitar que cualquier baja vuelva a paralizar toda la especialidad”.
La confianza ciudadana está en peligro
La preocupación de los profesionales trasciende la Neurología. Otorrinolaringología, Endocrinología, Dermatología, Oftalmología, Anestesiología o Ginecología también acumulan vacantes que obligan a reorganizar consultas, derivar intervenciones o aumentar las listas de espera.
Para Martínez-Burgui, el problema termina afectando a la confianza de la ciudadanía en la sanidad pública. “Soy un defensor absoluto de la sanidad pública. Creo que es una de las cosas que más igualdad genera en nuestra sociedad. Pero situaciones como esta producen ansiedad en los pacientes y una sensación de desamparo entre los profesionales”, sostiene.
Dentro de unos días, el presidente del Colegio de Médicos se reunirá con el nuevo consejero de Sanidad y, aunque no espera “milagros”, sí quiere “compromiso”. “Cuando un paciente se está muriendo hacemos todo lo posible por salvarlo, aunque sepamos que no siempre lo conseguiremos. A la sanidad de Teruel hay que aplicarle el mismo principio. No pido todo. Pido que empiecen a solucionarlo. Espero que el nuevo consejero se tome este problema en serio. No es fácil solucionarlo, pero es una obligación del Gobierno de Aragón intentarlo”, indica.
Asimismo, según comparte, detrás de cada plaza vacante, no solo hay un especialista que falta sino miles de personas que esperan un diagnóstico o una revisión sin saber cuándo volverán a tener delante al médico que necesitan. Y, de hecho, tal y como comparten desde el Colegio profesional, “un hospital nuevo, por moderno que sea, difícilmente podrá cumplir su promesa si quienes deben darle vida no llegan a ocupar sus consultas”.
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