Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
'Caso David Sánchez': un recurso en diez días para desmontar la prevaricación
El peligro de tener casas incrustadas en el monte: “Es un país que arde”
Opinión - 'Las contradicciones de la condena a David Sánchez', por Ignacio Escolar
Crónica

Claro que son franceses... pero España fue más equipo y jugará la segunda final en su historia

Pedro Porro marca el segundo gol a Francia y clasifica a España para su segunda final en un Mundial.
14 de julio de 2026 23:47 h

3

Iba a ser la segunda semifinal de la historia de España en los Mundiales. Pero llegó Mariano Rajoy con sus chascarrillos en la prensa amiga y la elevó a conflicto diplomático. Una previa extraña porque en lugar de jugadores hablaron ministros del gobierno francés para pedir a su antiguo socio en los populares europeos respeto para la República. Y todo en el día nacional de Francia. En Dallas, a mediodía, se medían de un lado Mbappé, Olise, Dembélé, Barcolá, y toda la colección de cromos que según el expresidente del Gobierno no son franceses pero que habían metido 16 goles y encajado solo dos en seis partidos. Enfrente, Lamine Yamal, Oyarzabal, Dani Olmo y, sobre todo, Rodri comandando un equipo, mucho más que una sucesión de individualidades... Y eso lo acabó decantando todo.

Los primeros minutos fueron de tanteo. La selección española intentaba mantener el control del balón mientras los franceses esperaban agazapados para soltar las riends a su caballería. El respeto limitó los movimientos de cada escuadra. La instrucción en España era acabar las jugadas y no perder el balón en zonas sensibles del campo para evitar contraataques. El objetivo de Francia era exactamente el contrario, pero los balones largos a Mbappé y Dembélé no acababan de llegar a destino.

De la combinación de pases cortos para intentar dominar el juego, Fabián buscó dos desplazamientos largos a Cucurella, justo lo que estaban intentando los franceses. El primero se quedó corto. Al segundo consiguió centrar el nuevo lateral del Madrid desde la banda izquierda, el balón cruzó toda el área y en la otra zona estaba dispuesto para despejarlo Digne en dos toques. Con el primero, el lateral izquierdo francés controló pero no vio llegar a Lamine que tocó el balón antes de que el defensa despejase y cayó arrollado. Penalti. Minuto 20 de una primera parte en la que no había pasado casi nada.

El especialista Oyarzabal, pichichi de este equipo, lanzó desde los 11 metros. Con la zurda, a media altura y a su derecha. Uno a cero, y a la pausa de recaudación de la FIFA. A la vuelta de ese minidescanso de tres minutos de anuncios, más problemas para Francia: Saliba, uno de los centrales más solventes del planeta fútbol se fue al suelo. Con gestos de preocupación, en el corro que lo rodeaba, sus compañeros pidieron el cambio a su entrenador. Fin del Mundial para él.

Con el marcador a favor, España intentó dar un paso adelante y hacerse con el balón, sin llegar a conseguirlo del todo. Pero sí logró sujetar a Francia y a su colección de estrellas incapaces de amenazar a Unai Simón. Olise, un crack mundial en ciernes, de repente se veía extrañísimo en la mediapunta donde había flotado durante todo el Mundial. En Dallas se vio asediado por la presión de un mediocampo hiperpoblado a su alrededor. El grupo frente al individuo. Enrejado por Fabián, Rodri, Olmo y Baena, Olise optó por irse a la banda derecha, su posición más natural, para que su lugar lo ocupase Dembélé. No cambió el panorama con ese otro aspirante a Balón de Oro. Un saque directo de Unai Simón, 70 metros de patadón hacia Baena, estuvo a punto de dejar al extremo español solo frente al portero. El susto a Francia se lo alivió el árbitro que pitó fuera de juego.

El siguiente ataque nació de la presión muy alta del equipo español. El portero galo despejó mal y Baena, Rodri, Olmo y Lamine jugaron a un toque para que Oyarzabal rematase. El balón acabó en córner. La jugada sería un presagio de lo que vendría después.

Francia siguió buscando a sus individualidades que no acababan de aparecer. Barcola, Mbappé, Dembélé, cada uno por su cuenta, con Olise cada vez más fuera del partido. La única vez que logró irse por banda recibió una falta de Cucurella. Tarjeta amarilla.

Por esa misma banda llegó el mayor peligro francés, un centro de Koundé que por centímetros no llegó a la cabeza de Mbappé. Así que con 1 a 0 se llegó al descanso.

Se quedó Rabiot en la caseta francesa, uno de los dos mediocentros galos pero amenazado con una tarjeta amarilla. A partir de ahí Rodri puso a su nombre el mediocampo. Junto a Dani Olmo se hicieron con el control del juego, mientras Olise trataba en vano de encontrar su sitio. Cuando el balón llegaba al área, Cubarsí, Laporte, Porro y Cucurella ganaban todos los duelos. En dos ocasiones contadas hubo de salir Unai Simón.

Deschamps buscó soluciones en el banquillo. A falta de soluciones para equilibrar al equipo, introdujo en el campo a otro solista: Doué, el delantero virtuoso que había desatacado el duelo contra la ultradefensiva Paraguay provocando un penalti con sus regates imposibles nada más ingresar en el campo.

La selección española respondió a coro. Salió tocando el balón desde la banda izquierda de su área en una jugada que inició Cucurella en la derecha y que superó con pases cortos y controles orientados la presión francesa en todas las líneas. Tocaron el balón nueve jugadores todos menos Unai Simón y Oyarzabal. Mención especial para la conducción de Olmo en el inicio. Rodri puso un centro al área que despejó la defensa, el balón le cayó a él mismo que lo cedió Fabián y éste, al lateral que había estado en el inicio de la jugada: Porro tenía a Oyarzabal en corto pero jugó a Olmo que había fijado a su central en la frontal del área. Devolvió el balón de primeras para que Porro entrase en el área y marcase el dos a cero. La fiesta nacional pasó a ser española.

En 57 minutos Francia había recibido los mismos goles que en todo el campeonato y apenas había generado peligro. El equipo galo se descolocó del todo y a partir de ahí ya solo lo intentó a través de una sucesión de monólogos: Mbappé generó la ocasión más clara pero su disparo raso desde la frontal lo desvió cucurella a córner. Luego lo buscaron sin éxito Doué, de vaselina, tras una salida en falso de Unai Simón que acabó enmendando el propio portero. Y también Dembélé, incluso Cherki, cuando Olise se fue al banco completamente desubicado.

Unai Simón tuvo que intervenir en un par de ocasiones más y a Lamine, mucho más intermitente que otros partidos pero igualmente decisivo con la jugada del penalti, le anularon el tercer gol por esa foto finish que también ha importado el nuevo fútbol para medir los fuera de juego.

Se fueron Oyarzabal, Fabián y Baena y el equipo siguió igual con Ferran Torres, Pedri y Merino. Mejor colocado en el campo pero sobre todo más solidario en la presión y en las ayudas. La orquesta se impuso a los solistas. Mariano Rajoy se equivocó: claro que todas esas superestrellas son franceses, pero España es más equipo y pasa a la segunda final de su historia. El domingo esperará a la Argentina de Messi o a Inglaterra, dos equipos que vuelven a medirse este jueves, 40 años después de la guerra de las Malvinas y de aquella “mano de Dios” en el estadio azteca.

Etiquetas
stats