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Colombia

Una pareja abrazada bajo los escombros y horas de rescates en una de las ciudades más golpeadas por el terremoto

La propietaria del hotel derruido y familiares de Alejandra se abrazan tras su rescate con vida tras pasar varias horas atrapada entre los escombros.

Gabriela Sánchez

Pereira —

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Del esqueleto de lo que hasta este lunes a las 7:35 de la mañana era un hotel en una céntrica plaza de Pereira, empiezan a escucharse quejidos de dolor. Una hora después del temblor que ha dejado al menos 224 muertos en Colombia, varios familiares y voluntarios tratan de obtener una reacción procedente del fondo de una de las montañas de escombros repartidas por la ciudad. Preguntan por dos nombres: Alejandra y Valentina. Al principio, ambas respondían. Horas después, Valentina dejó de hacerlo.

Alejandra y Valentina quedaron atrapadas bajo los pilares del edificio cuando el fuerte temblor de 7,4 grados desplomó el techo sobre la habitación en la que dormían. Estaban abrazadas, según aseguran tres miembros del operativo a elDiario.es. Durante 12 horas, los equipos de rescate, formados por bomberos, enfermeros, voluntarios, militares y familiares de las víctimas, permanecieron en conversacion con Alejandra, quien permaneció consciente en todo momento y colaboró en sus propias labores de rescate.

Alejandra y Valentina en una fotografía que sostiene uno de los familiares durante las operaciones de rescate

Según un balance parcial de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales), Cali es la ciudad donde se registraron más fallecidos, 85. Le sigue la localidad de Pereira, capital del departamento de Risaralda y una de las ciudades más cercanas a San José del Palmar (Chocó), epicentro del terremoto, con 66 muertos.

Rescates como estos se han sucedido durante todo el lunes de manera simultánea en distintos puntos de la ciudad de Pereira, el corazón del eje cafetero colombiano, donde profesionales y voluntarios siguen trabajando en las decenas de edificios colapsados durante el terremoto. Los vecinos acercan agua a los rescatistas, forman cadenas humanas para retirar los restos de las viviendas y facilitar el trabajo a los bomberos y utilizan megáfonos para avisar de las necesidades en cada rescate. Durante la noche, algunos aproximan sus motos para alumbrar con sus focos las maniobras de socorro o avisan a gritos a los bomberos ante posibles señales de vida desde las tripas de las ruinas de las construcciones desplomadas.

Carolina Ocampo es una de las bomberos especializadas en enfermería que permaneció horas junto a Alejandra y Valentina para tratar de salvar su vida. “Ellas están abrazadas. Están de frente y están abrazaditas”, explicó la sanitaria que tuvo que escurrirse entre las tripas de los escombros para estabilizar a la superviviente, cuya pierna izquierda se encontraba atrapada bajo los casquetes.

Cada vez que las rescatistas ascendían del lugar donde Ángel había encontrado a su hermana, el joven colombiano trataba de obtener información sobre el estado de Valentina. “Sabemos que Alejandra está con vida, pero nadie menciona a Valentina. Primero nos dijeron que respondió, pero ahora nadie nos dice nada...”, decía horas antes de confirmar la muerte de su familiar. Su hermana mayor le había dicho que pasaría la noche en Pereira, pero que pasaría por la casa familiar a recoger su uniforme de trabajo. “No llegó y fui a buscarla a los hoteles en los que se solía quedar. Vine aquí el primero y, al verlo así, supe que estaban ahí dentro”.

El hermano comenzó a buscar alguna señal entre los restos del hotel. Entre los escombros encontró la chaqueta de Valentina. Al lado, estaba también su mochila y su telefono móvil. También localizo enseres personales de Alejandra. “Empezamos a llamarlas y Alejandra respondió. Y los bomberos comenzaron a trabajar en esta zona”.

“Ha sido un poco difícil porque tenía una de las extremidades muy atrapadas con bloques de la vivienda. Hemos estado pasando líquidos, oxígeno, inyectando la medicación en vena, tomando sus constantes... lo que se hace en un hospital, pero aquí, bajo esa cantidad de escombros. Ella habla, coopera, dice que le duele la pierna y que no la toquemos, pero hemos tenido que hacer trabajo con maquinaria pesada. Ha sido muy valiente, ha soportado y en todo momento nos ha respondido”, explica Ocampo a este medio. La administración de oxígeno ha sido muy compleja. Se ha hecho difícil porque estaba muy adentro“.

Voluntarios civiles y trabajadores de emergencias tratan de sacar el cuerpo sin vida de Valentina tras varias horas de compleja operación.

“Lamentablemente, sobre el mediodía, una de ellas no respondió”, indicó. “Cuando el edificio se derrumbó, se quedaron en medio de dos colchones. Lo que le salvó fueron los colchones”, dice la sanitaria.

Vecinos, militares y bomberos jalaron una cuerda para levantar los restos pesados de la construcción. Entre quienes empujaban estaban los hermanos de Valentina. Una vez despejado el acceso, caída la noche, los rescatistas lograron sacar a una de ellas con vida. Los vecinos que observabn la escena rompieron en aplausos. Sus familiares pedían entre llanto poder acercarse. “Solo quiero verla viva, solo quiero verla”, decía su hijo. “Dejé que nos vea, que sepa que estamos aquí”, le decía su hermana a los agentes.

Cuando la ambulancia se llevó a la superviviente, entre vítores de los rescatistas y vecinos, Ángel y sus otros dos hermanos contenían la respiración. Los bomberos pidieron la aproximación de un médico para confirmar lo que imaginaban. El sanitario se introdujo en las tripas del hotel derruido y, tras su salida, los equipos de rescate se acercaron a los familiares de Valentina. La confirmación de la muerte de su hermana rompió el llanto contenido durante horas, entre gritos de dolor. El silencio regresó entre los vecinos que contemplaban la escena.

Debían sacar a Valentina. Sus tres hermanos regresaron a la zona derruida para ayudar a los rescatistas. Mientras aún caían lágrimas por su rostro, jalaban con fuerza de la cuerda que buscaba facilitar la extracción del cuerpo su hermana. Cuando lo lograron, los bomberos abandonaron la zona mientras esperaban la llegada de los equipos forenses y la Fiscalía para realizar el levantamiento del cadáver. Los tres hermanos se quedaron en lo alto de la montaña de escombros. Querían verla. Allí permanecieron, cerca de los restos de su hermana, hasta el levantamiento del cadáver.

Los familiares de Valentina esperan sobre la montaña de escombros a la llegada de la Fiscalía para el levantamiento del cadáver.

Los rescates se sucedieron a lo largo de la jornada de este lunes, mientras que decenas de personas aún buscan a sus desaparecidos. En la plaza de Bolívar, un bloque completo de oficinas se derrumbó durante el temblor cuando decenas de personas trataban de encontrar un lugar seguro mientras el suelo rugía. Horas después, cientos de vecinos formaron una cadena humana para retirar los escombros en busca de algunas personas que respondían a las llamadas de los bomberos. Los medios estatales no eran suficientes para atender la demanda de una ciudad desbordada ante la catástrofe, que ha obligado al Gobierno local a declarar un toque de queda y la situación de emergencia.

El desbordamiento también se evidenció en la tardanza en la retirada de algunos de los cuerpos de las víctimas mortales del sismo. Una mujer estaba desplomada en medio de una de las calles del centro de Pereira, tal y como presenció elDiario.es. A su lado, una pareja se agarraba la manos y sollozaba mientras esperaban la llegada de la Fiscalía, como establece el protocolo de Colombia como precaución tras décadas de lucha contra el crimen organizado. Mientras la tierra temblaba este lunes en Colombia, un escombro había alcanzado a la mujer cuando intentaba ponerse a salvo. Cinco horas después del terremoto, su cuerpo permanecía en el suelo sin recoger. Tampoco había mantas para cubrirlo. Sus familiares, en visible estado de shock, permanecieron junto al cadáver durante horas custodiados por dos agentes policiales.

Los efectos del terremoto colapsaron los hospitales de Pereira. Durante toda la mañana, el hospital de San Jorge permaneció desbordado. Sus equipos sanitarios se vieron obligados a atender a decenas de pacientes en el exterior del edificio. “Tuvieron que sacar a los pacientes de planta. Hemos estado colapsados. Ha sido muy difícil”, decía una enfermera al acabar su turno. El terremoto lo vivieron en el interior del centro sanitario, que también resultó afectado pero no lo suficiente para parar su actividad. “Salíamos de una guardia, pero doblamos el turno. No podíamos irnos a casa así”.

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