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Pedro Sánchez no va a poder levantar esto

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares.
3 de septiembre de 2026 22:08 h

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Está claro que Pedro Sánchez sabe defenderse. Sus intervenciones de este jueves en el Congreso nos han mostrado a un político en plena forma, con enorme capacidad para argumentar, dejando muy pequeño al líder de la oposición. Pero esta vez eso no es suficiente. La crisis de Ceuta ha dejado al gobierno de coalición sumido en un marasmo del que parece imposible salir. Porque el golpe que le ha propinado Marruecos es tremendo y lo ha dejado desnudo en medio de la nada, porque Sánchez mismo y varios de sus ministros han cometido graves errores de gestión y, lo que es peor, porque no han sido capaces de transmitir a los habitantes de Ceuta y de toda España la seguridad de que Marruecos no va a terminar haciéndose con ese territorio.

En esas condiciones, y a menos que se produjera un milagro impensable, en un inmediato futuro habrá que asistir a la convocatoria de elecciones. ¿Porque alguno de los socios del gobierno le retire su confianza y lo deje en minoría, sin comprometerse necesariamente a apoyar a la derecha? ¿Porque los propios socialistas arrojen la toalla? ¿Por otras vías? Habrá que verlo. Lo que parece muy difícil, si no imposible, es que Sánchez y los suyos prosigan su andadura sin que cada día surja un conflicto grave, o insuperable, que sugiera a todo el mundo que lo mejor es cortar y empezar de nuevo.

Para empezar, con la propia crisis con Marruecos, que no se ha cerrado del todo -y eso no ocurrirá mientras miles de inmigrantes que saltaron ilegalmente la frontera sigan deambulando por Ceuta en condiciones humanitarias intolerables. Pero, además, está el asunto, gravísimo, de los informes policiales que aseguran que se sabía que el asalto a las fronteras se iba a producir y que, o no llegaron a su destinatario, el ministerio correspondiente, o fueron ignorados por razones que se desconocen. Con un agravante dramático: al menos uno de esos informes elaborado por una entidad policial y que denunciaba con todo detalle cómo autoridades marroquíes participaron en la organización y desarrollo del asalto fue ocultado al Gobierno con el único fin de dificultar, si no impedir, su acción.

O sea, que además de todo, también guerra sucia de algún aparato del estado que vuelve a responder a la consigna golpista del “quien pueda hacer que haga” que en su momento lanzó José María Aznar. El momento era propicio para ello: para quienes la prioridad, por encima de cualquier otra cosa, era acabar con Pedro Sánchez, el asalto marroquí era la ocasión para empujarlo hasta derribarlo, en lugar de salir a defender los intereses de España y de los ceutíes.

Alberto Núñez Feijóo, llamado a suceder a Pedro Sánchez en la presidencia del gobierno, no ha estado muy lejos de esas posiciones en estas últimas semanas. Además de culpar al líder socialista del asalto, sin explicar nunca cómo eso podría ser posible, se ha dedicado a golpear con saña al gobierno sin dar una sola pista de qué hubiera hecho él si hubiera tenido que hacer frente a una crisis similar y menos de cómo y por dónde sería posible cambiar el estado de las relaciones con Marruecos para que hechos como los de finales de julio volvieran a repetirse.

Sin necesidad de muchos datos, a puro ojo, está claro que por parte de Rabat el asalto marroquí tenía como objetivo replantear la exigencia de que Ceuta y Melilla pasaran a ser territorios marroquíes. Pero el interés de otros actores internacionales que de una u otra manera han apoyado a Marruecos, era hacer todo el daño posible al gobierno de Pedro Sánchez. Los Estados Unidos, para vengarse de las decisiones españolas contrarias a la voluntad de Trump. Israel, por las fuertes críticas de Sánchez a la actuación de Netanyahu. Y las inoportunas críticas de Alemania, Italia y Dinamarca a la política española de emigración, que han impedido una solidaridad europea eficaz contra el asalto, han sido una forma más suave pero no menos relevante de dejar sola a Madrid en medio de la tormenta.

Puede que cada uno de esos apartados fuera motivo para reflexionar sobre los límites de la política exterior socialista. También es posible que el tiempo haga justicia a esos intentos. En todo caso, reparar todos los daños que ha causado el asalto marroquí y sus efectos colaterales será una tarea de titanes. Sobre todo de cara a una Ceuta que ha visto las orejas al lobo. Y más, con un país dividido. La derecha pueda proporcionarnos un espectáculo de despropósitos sin cuento. Aunque todavía no se ha votado y vaya usted a saber qué pasa en las urnas.

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