Las claves de una psicóloga para plantear una ruptura con empatía: “Lo mejor es ser claros y no alentar esperanzas irreales”
Pocas conversaciones son tan temidas, y a la vez inevitables en el historial afectivo de cualquier persona, como esas que empiezan por el ya tan reconocible “tenemos que hablar” y terminan verbalizando el fin de una relación. Se habla mucho del inicio de los romances pero poco de cómo ponerles fin de manera saludable.
“A veces se deja la puerta entreabierta porque se piensa que así la otra persona sufre menos en la ruptura, pero cuando no hay intención de retomar la relación que se está rompiendo, lo mejor es ser claros y no alentar esperanzas que se sabe que no son reales”, advierte la psicóloga Rosana Pereira, codirectora de Haztúa Psicología Positiva, para quien la honestidad es la clave a la hora de encarar una ruptura.
El dolor del desamor es inevitable si la otra persona no desea el fin de la relación, pero hay un sufrimiento que sí se puede prevenir, apunta la especialista, al no confundir la sinceridad con la falta de tacto. “Romper bien no es evitar que la otra persona sufra, pero sí se puede romper evitando hacer más daño del que ya provoca esa misma ruptura, y eso se consigue siendo honestos y diciendo la verdad de lo que se siente”, defiende Pereira.
¿Es mejor improvisar o llevar un guion?
“Es bueno saber qué queremos decir y qué límites queremos poner una vez que la relación se haya terminado”, valora la psicóloga, que cree que llevar un discurso ensayado puede resultar violento, pero tampoco recomienda acudir a la cita sin haber reflexionado sobre lo que se quiere transmitir.
Durante la conversación es normal que surjan emociones y reacciones intensas como el llanto, el enfado, la incredulidad, la rabia, el temor o la parálisis. Para la experta es fundamental tenerlo previsto, “porque es fácil cambiar de opinión sobre la marcha o responder atacando, y cualquiera de las dos reacciones iría en contra de nuestro deseo de romper sin hacer más daño del necesario”.
El mapa del encuentro
El contexto físico y mental en el que se produce la ruptura no es un detalle menor, ya que es el marco que influirá en la fragilidad del momento. “No es solo que el lugar tenga un mínimo de privacidad, se trata también de buscar un momento en el que tengamos el tiempo suficiente para esa conversación difícil”, recomienda Pereira.
La psicóloga señala también que esto no debe convertirse en un mecanismo de postergación: “Se puede intentar buscar el momento adecuado siempre que eso no acabe siendo la excusa para no romper nunca cuando sabemos que queremos acabar con la relación”. La recomendación de la experta es evitar las fechas señaladas o las vísperas de eventos importantes, como reuniones de trabajo cruciales o celebraciones familiares.
Además, existe un límite no negociable, según la psicóloga: la seguridad física y emocional. “Es muy importante tener en cuenta las circunstancias concretas de la pareja, porque si hay miedo a que la reacción a la ruptura sea violenta lo mejor es hacerlo a distancia”, destaca. “Si se decide hacer frente a frente, lo mejor es tener a alguien cerca que nos sirva de apoyo y ayuda en caso de necesitarlo”, añade.
La tentación del reproche
La necesidad de autojustificarse cuando una relación se ha acabado puede derivar en la elaboración de una lista de defectos del otro que transformen el encuentro en un juicio doloroso. “En realidad, para romper una relación basta con que una de las partes no se encuentre bien en ella, no hay que convertir la ruptura en una lista de reproches”, asegura Pereira, que afirma que no hacen falta “razones de peso” para no querer seguir adelante.
“Es mejor acabar con un 'no me encuentro bien en la relación, no estoy a gusto' que soltar una batería de ataques sobre lo que no ha funcionado”, propone la psicóloga para no caer en la dinámica de enumerar los errores de la pareja ni degenerar en una discusión estéril.
Una vez consumado el adiós, es natural que ver sufrir a alguien que se quiere o se ha querido provoque dolor e incluso haga dudar de la decisión tomada. “No podemos confundir el malestar que nos provoca haber roto la relación con habernos equivocado rompiéndola”, aclara la experta, que sostiene que el duelo inicial no es sinónimo de error, sino el precio emocional del cambio.
Asumir la autoría de la ruptura implica sostener el malestar del proceso recordando con claridad los motivos que nos empujaron a tomar la decisión en primer lugar. “Mantenernos en una relación en la que no estamos bien solo por no hacer daño acaba provocando mucho más dolor que el dolor de romper”, concluye Pereira, que aconseja sustituir el concepto paralizante de culpa por el de responsabilidad.
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