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La psicóloga Rosana Pereira indica cómo cultivar la amistad: “La reciprocidad no es contar cuántas veces llama cada uno”

El verdadero valor de la amistad, para la psicóloga, está en la cotidianidad de los afectos.

Paloma Martínez Varela

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La amistad está constantemente presente en las conversaciones, en la cultura que se consume a través de canciones, libros, series o películas, y en la sociedad hiperconectada del like y los mensajes de WhatsApp, pero aun así, en el día a día nunca parece haber tiempo suficiente para dedicarle a nuestros amigos ni cultivar nuevas amistades.

“El uso tan frecuente de la palabra cultivar para referirnos a la amistad ya nos está dando una idea de que son necesarios los cuidados frecuentes para que pueda florecer”, apunta la psicóloga Rosana Pereira Davila, codirectora de Haztúa Psicología Positiva. “No podemos plantar la semilla y sentarnos a esperar a que crezca”, añade a la analogía.

La trampa del ‘a ver si quedamos’

El verdadero valor de la amistad, para la psicóloga, está en la cotidianidad de los afectos y no en grandes gestos o celebraciones. “Son mucho más valiosos los pequeños gestos frecuentes como llamar para preguntar ‘qué tal el tema que me comentaste el otro día’ o ‘te envío este artículo porque es justo lo que estuvimos hablando’... Los pequeños gestos le demuestran a la otra persona que es importante para nosotros y que nos acordamos de ella, aunque no estemos presentes”, destaca Pereira Davila, que cree que “llamar de cumpleaños en cumpleaños hace que una relación pase de una amistad a un compromiso social”.

En la juventud, los amigos forman parte natural del día a día, lo que hace que reservar tiempo para ellos sea casi innecesario, pero con la madurez, la competencia por nuestra atención suele multiplicarse. El resultado es un eterno aplazamiento de la amistad, bajo la tan manida fórmula de “a ver si quedamos un día”, que puede congelar durante meses las relaciones.

Si no hacemos tiempo, nunca lo tenemos”, asegura la experta. “La próxima vez que te encuentres con un amigo con el que te apetezca realmente pasar un buen rato, sacad la agenda y poned un día que a los dos os vaya bien”, es su recomendación.

La contabilidad emocional y otros errores

Uno de los mayores errores en las relaciones que destaca la experta es la exigencia de reciprocidad inmediata y exacta. “Si esperamos que cada vez que yo llamo el otro me deba una llamada, nos estamos cargando la relación”, señala Pereira Davila, al forzar un intercambio tan calculado, ya que “hay personas que son más proactivas, que suelen ser más ‘iniciadoras’, las que siempre proponen planes y quedadas, pero aquí influye la personalidad de cada cual”.

También es oportuno tener en cuenta que a veces las personas se desconectan temporalmente debido a cargas laborales, enfermedades o crisis personales. “La reciprocidad no es llevar la contabilidad de cuántas veces llama cada uno, sino cómo nos sentimos en esa relación, si sentimos que las dos partes estamos aportando, aunque sea de diferentes maneras”, aclara la psicóloga, que ve más importante la reacción de la otra persona a nuestra llamada, si responde con ilusión o siempre con excusas, que el hecho de que tome o no la iniciativa de llamar.

Precisamente, entre los errores comunes que se cometen, la experta destaca una lista de pequeños descuidos constantes como cancelar planes sistemáticamente, llamar solo cuando necesitamos algo, no tener interés por cómo está o las cosas que le pasan a la otra persona, minimizar sus problemas, no interesarnos por sus logros, o incluso envidiarlos, y competir. “Es decir, hacer a los demás cualquier cosa que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros”, resume.

En cuanto a revivir una amistad que se ha enfriado, Pereira Davila apuesta por la acción directa: con un mensaje o una llamada. No obstante, advierte de que debemos gestionar las expectativas y “estar preparados para enfrentar lo incómodo que puede resultar que no quieran saber nada de nosotros o que se muestren fríos o con poco entusiasmo”.

Aun así, para la psicóloga vale la pena correr el riesgo. “No hacer nada por miedo al rechazo puede hacer que perdamos la posibilidad de recuperar a esa persona que fue importante en nuestra vida”, concluye.

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