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Violeta Assiego

Activista de DDHH y abogada. Trabaja y colabora con diferentes organizaciones en el análisis, investigación y comunicación de temas relacionados con la discriminación y los derechos humanos. Da charlas y conferencias sobre diversidad sexual y desigualdad social y de género. Coordinadora del blog '1 de cada 10'.

La mujer que nos traicionó

Durante un tiempo, no tan lejano, representó todas las luchas que se podían representar: la feminista, la pacifista e, incluso, la cultural. Durante los más de 15 años que permaneció bajo arresto domiciliario, su figura se sacralizo y los motivos por los que su gobierno le prohibió la libertad de movimiento dejaron de ser un asunto doméstico para convertirse en un tema de la agenda internacional. Aquella magnética mujer no solo cautivó por su presencia, sino porque su oposición pacífica a la opresión, a diferencia de lo que había sucedido con Mándela, Gandhi o Luther King, la encabezaba una mujer. Ella, en sí y por sí misma, representaba mucho más que el hecho de enfrentarse y retar a un régimen militar sanguinario. Como mujer activista, su resistencia y negativa a abandonar su causa, la obligaba a elegir. O se quedaba dentro del orden patriarcal occidental en el que había tejido toda su vida desde muy joven o lo desafiaba luchando contra el gobierno que lo representaba violentamente en su propio país. 

Con dignidad y coraje su historia como mujer representó una ruptura total con la Ley del Agrado a la que nos vemos sometidas históricamente las mujeres en cada rincón del mundo. Da igual que seamos bolleras, heteros, trans, racializadas, migrantes… de nosotras se espera que seamos agradables, buenas madres, estupendas amigas y mejores compañeras. En resumen, que seamos comprensivas, que no demos la nota y que seamos capaces de renunciar a cualquier interés personal en beneficio del orden familiar y patriarcal. Es decir, nada de lo que hizo esta mujer al zafarse de aquel imperativo social y renunciar a regresar al país donde estaba su vida, se había formado, casado y tenía a su gente y familia. Eligió liderar la oposición democrática en su propio país por la vía pacífica y con ello asumir estar casi dos décadas arrestada en su propio hogar y, entre otras cosas, no volver a ver a su marido cuando enfermó y falleció. Renunció a ¿la libertad? Puede que ella la entendiera de otra manera tal y como refleja su frase: "la única prisión real es el miedo y la única libertad real es la libertad de no tener miedo". 

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Esta no será la última derrota de Trump

Parecen desconocer los sátrapas que el tiempo, y con él la Historia, termina colocando a cada uno en su sitio, y que ese lugar –raramente- es el olvido. Basta hacer una sencilla búsqueda en internet para comprobar que quienes construyen su legado a base de mentiras, corrupción, despotismo, tiranía y crueldad no suelen caer en la desmemoria colectiva y que, antes o después, la persona y su personaje terminan por rendir cuentas. Unas veces ante la Justicia terrenal y, casi siempre, en forma de justicia poética a través de la literatura, el cine, el arte, la fotografía y por supuesto, el activismo. Mientras la Historia espera su turno y la vida se sucede, las víctimas sufren injustamente porque sí.

Ningún país está salvo de tener sus propios sátrapas, de dar cabida y cobijo a quienes abusan de su poder en el Poder pero también a quienes lo hacen detrás de una sotana, desde un atril, al lado de una bandera o, sencillamente, tras la puerta de lugar que debería ser refugio y ser hogar. Y así, la lista podría seguir hasta el infinito y más allá. Los sátrapas están ahí.

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Nos quieren convencer de que no hay alternativa

A las élites económicas y financieras parece que no les basta ocupar su propio sillón y, ahora, llegada la edad de jubilación, deberían empezar a plantearse eso de entrar en política. ¿Para qué? “Para aportar valores humanos y experiencia”.

Esta fue la consigna que José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona, dio hace unos días a quienes asistían al Congreso de Empresa Familiar. Podría ser una buena noticia que desde los espacios empresariales se reconozca que son las urnas las que deben decidir quién dirige la vida política de nuestro país, pero lo cierto es que detrás hay algo más. Su motivación para meterse en política sería la falta de reconocimiento y legitimidad que dan a los actuales interlocutores sociales y políticos que aceptan medidas como la subida del salario mínimo sin primar la mentalidad empresarial. Vamos que aceptan las reglas porque no hay otras, pero no a los equipos que juegan el partido, aunque sean de su propiedad.

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Marlaska, el Grande

Dice el Defensor del Pueblo que la asistencia letrada (de oficio) a las personas migrantes en la frontera de Ceuta “se ha convertido en un trámite meramente formal”.  La afirmación la realiza tras una visita sorpresa a la ciudad y revisar los expedientes de las 116 personas (hombres, mujeres y posiblemente menores de edad) que fueron víctimas de una ‘devolución en caliente’ a Marruecos el pasado mes de agosto. Estas devoluciones -que ahora se llaman ‘exprés’- daban cumplimiento a las órdenes del ministro del Interior quien logró, tras quince años de inacción, que Marruecos accediera a aplicar su parte en un acuerdo que se firmó hace 25 años por otro ministro socialista, el de la ‘patada en la puerta’, Corcuera.

Hasta la llegada de Grande Marlaska a Interior aquel pacto sólo se había aplicado en cuatro ocasiones para entregar a Marruecos poco más de un centenar de inmigrantes que debían ser retornados a sus países de origen o puntos de partida. Todas estas devoluciones se hicieron con gobiernos del PP.

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Las identidades como frontera

Me van a disculpar aquellas compañeras feministas (algunas amigas y conocidas) a las que esta columna puede molestar. No es mi intención contribuir a esa muerte lenta por crispación a la que nos abocan los debates esterilizados de manera forzosa por quienes, desde su experiencia y clarividencia, no creen conveniente que se pueda conversar y debatir de algunos temas. Pido disculpas por molestar cuando esa no es la intención, pero no me voy a autocensurar por afirmar que el patriarcado, además de machista, es cisheterosexista y, por supuesto, clasista y racista.

No me gusta la rivalidad. Es una dinámica que me resulta incompatible con la transformación social. Entiendo que es humana, pero al igual que me pasa con el ego y la vanidad creo que nunca está de más hacérsela mirar. Si lo que buscamos es contribuir de manera comprometida, generosa y altruista a que cesen todas las violencias machistas y se reviertan las desigualdades estructurales, creo que tenemos que desprogramar algunos ajustes básicos del pensamiento cis-hetero-patriarcal con el que partimos por el solo hecho de haber nacido en esta sociedad. El mundo no va a cambiar si quienes lo habitamos no cambiamos. O dicho de otra forma, no puede haber transformación social ni podremos acabar con las violencias, también de género, si antes no hay decrecimiento personal honesto.

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Cristiano Ronaldo ya tiene quien le defienda

No sé si alguien me puede explicar por qué la acusación a Cristiano Ronaldo por agresión sexual está siendo tratada en la sección de deportes de las noticias y no como una noticia no deportiva. Creo que tiene suficiente entidad como para tener su propio titular, máxime cuando Ronaldo es una figura pública y conocida en nuestro país. O quizá, sea precisamente por esto.

No tengo nada en contra (más bien estoy muy a favor) de que este tipo de temas se aborden de forma transversal en todas las secciones informativas. Pero una cosa es la transversalidad y otra, muy distinta, que el enfoque se deje única e íntegramente en manos de una sección, la deportiva que, por lo general, de por sí, suele carecer de enfoque de género. No solo por cómo se dan las noticias deportivas, ni siquiera en porque sean sobre todo hombres quienes las dan y quienes las protagonizan sino, principalmente, y eso lo saben bien los responsables de los medios generalistas, por cómo predomina el machismo y el sexismo en las redacciones y relaciones de los profesionales que se dedican a la información deportiva.

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Con lo que más te duele

Hace casi cuatro años escribí una columna que se titulaba exactamente igual que esta. En aquel momento, noviembre de 2014, todavía no se había aprobado la Ley de Infancia y Adolescencia que reconocía, por primera vez, que las hijas e hijos de las mujeres víctimas de la violencia machista debían ser reconocidos, en contra de lo que venían haciendo la mayoría de jueces y fiscales, como víctimas de la violencia de género al igual que sus madres. Cuando se aprobó la ley, en julio de 2015, fuimos muchas las personas en contacto con esta realidad que creímos que, más allá de que fuera un tema de puro sentido común, el aval de la norma iba a lograr que se protegiese por fin a los menores de edad frente a las situaciones de violencia que vivían en sus propios hogares. Pensamos que de esta forma los operadores jurídicos iban a empezar a replantearse sus actuaciones y considerar (aunque fuera forzados por la ley) la posibilidad de escuchar a las niñas y niños. Creímos que pensarían en su integridad moral, física, psíquica y sexual y se olvidarían de la conservadora Circular nº4/2005 que había dictado la Fiscalía General del Estado en la que desaconsejaba "la suspensión absoluta de cualquier régimen de visitas del agresor para con los hijos comunes" porque podía romper, de manera inadecuada, ¿una relación paterno-filial bien estructurada?

La puerta que se abría con la ley de 2015 se cerró de un portazo, aunque puede que realmente nunca se llegará a abrir. Bastó que pasaran seis meses para comprobar que prácticamente nada iba a cambiar en la práctica judicial. Y así, hasta la fecha de hoy, el día en que  un hombre denunciado por violencia machista ha asesinado a sus dos hijas de 3 y 6 años en Castellón. En los últimos 5 años, las estadísticas oficiales nos dicen que ya van 27 niños y niñas asesinados por sus padres maltratadores.  

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El feminismo, los tratos de favor y la sororidad

Por mucho que le pese a Arcadi Espada, esto del caso Máster de Carmen Montón poco tiene que ver con el feminismo. Tratar de desprestigiar a la exministra menospreciando el contenido de un Máster que todavía está por ver si cursó, es querer matar dos pájaros de un tiro sin saber usar un fusil. Más allá de obtener los aplausos de fieles y amigos y un poquito de esa popularidad que da el que hablen de uno, aunque sea mal, creo que su buena escritura, sarcasmo y originalidad no aporta mucho a este asunto de la Universidad Rey Juan Carlos, los cargos públicos y los tratos de favor. Pero ahí queda su aportación como parte de ese saludable hábito que es la libertad de expresión, aunque no sea la perspectiva de género lo que esté ahora en cuestión.

Sin embargo, este caso, aunque tenga muy poco que ver con las demandas del movimiento feminista, nos debería interpelar. ¿Por qué? Porque el supuesto trato de favor que parece esconder el máster de Laura Nuño hacia la ministra Montón, de ser así, es una mala noticia. Si no queremos escandaleras, hagámoslo en la intimidad, pero nos toca reflexionar. ¿Sobre qué? Sobre esas alianzas que se pueden llegar a construir entre nosotras cuando ocupamos posiciones y lugares donde somos parte o tenemos acceso a ‘el poder’. Preguntarnos por qué, para qué y, lo más importante, para quién construimos estas relaciones con otras mujeres feministas no está de más cuando, más allá de los hechos, puede estar el cohecho, ese delito que tanto se aleja de la sororidad.

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Veintinueve

El pasado 29 de agosto moría Natalya Balyuk, una vecina de Huarte (Navarra). Lo hacía en el hospital. Ingresó inconsciente con multitud de golpes en la espalda y en la cabeza. El hombre que llamó al 112, su marido, dijo que se había caído en el baño. Su madre, la de él, limpió el domicilio para eliminar cualquier rastro que incriminara a su hijo. Este, tras los interrogatorios correspondientes, entró en prisión sin fianza. Está acusado de asesinar a su esposa. Natalya tenía 38 años.

Hace tres años, cuando la pareja residía en otra localidad, alguien alertó de que ella podía estar sufriendo malos tratos. Se abrieron las oportunas diligencias policiales, pero la mujer no quiso ni denunciar ni que la explorara el médico forense.  Se archivaron las actuaciones tanto en este como en otro procedimiento similar un año después. Al no denunciar, se archivaron los casos. Posiblemente, Natalya desconocía, cuando fue asesinada, que 26 días antes había sido aprobado y entraba en vigor un Real Decreto que le podía otorgar protección sin necesidad de denunciar. Para acceder a la misma hubiera necesitado el informe del Ministerio Fiscal o de los Servicios Sociales o de otro organismo especializado con reconocimiento oficial. Aunque contaban en el vecindario que se la veía abatida y abandonada y en el año y medio que vivió en Huarte no pisó un centro de salud ni acudió a Servicios Sociales. Es más que probable, imagino, que los dos intentos frustrados de enjuiciar a su marido le dejaran huella…  

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Son crímenes, no pecados

No tengo nada contra los curas. Tampoco contra las monjas. Como principio, en la vida, trato de no tener nada contra nadie como punto de partida. Sería algo un poco absurdo defender la universalidad de los derechos y hacer una preselección de a quién dejo entrar en mi zona de confort y a quién no, sólo y únicamente por si es afín en ideas o creencias. Si actuase automáticamente así, no sólo me estaría perdiendo muchas de las cosas que aprendo y desaprendo, sino que me estaría perdiendo a mí misma.

Creo que la gente radicalmente distinta a lo que somos en el plano intelectual y espiritual es imprescindible si realmente nos creemos lo de la sociedad rica en pluralidad, democracia y diversidad. Pero también soy perfectamente consciente de que para que la convivencia sea posible no basta compartir valores idealizados como el diálogo, la escucha, el respeto y la honestidad. Si queremos compartir barrio, pueblo, ciudad o país es indispensable que cada cual se responsabilice de autogestionar su cuota de contribución a los siete pecados capitales: la lujuria, la ira, la avaricia, la pereza, la gula, la envidia y la soberbia.

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