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Nadie regala nada a nadie

Jornaleras en Los Nietos (Cartagena) / CARLOS TRENOR

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Llevo bastantes meses en contacto con organizaciones y asociaciones que trabajan en atención directa a chicas y chicos, ya mayores de edad, que han pasado por el sistema de protección de menores. Unos son españoles y otros extranjeros, y entre los españoles algunos son de origen migrante. Tienen en común que están en procesos de emancipación y no cuentan con el apoyo familiar que suelen tener las chicas y chicos de su edad en esos momentos. Además, a diferencia de la mayor parte de chavales que cuentan con un entorno familiar que les sirve de una u otra forma de apoyo, a ellos se les acaba el tiempo, o son completamente autónomos a los 21 años o ellos verán. 

Las historias personales de estas chicas y chicos que crecen y se hacen mayores sin referentes familiares son muy distintas, los estigmas que les acompañan no tanto. Si dicen que son “extutelados” la gente tiende a pensar que han hecho algo para estar en un centro, nada más lejos de la realidad, ellos nunca fueron el problema por el que se les institucionalizó. Si se sabe que son magrebís o argelinos se les cerrarán todas las puertas, se les supone conflictivos… por algo se les llamará “mena”, nada más lejos de la realidad los peligrosos no son ellos, sino los que los nombran así con desprecio. Si su género es el femenino es difícil que no tengan que soportar todo tipo de comentarios sexistas, machistas o en el mejor de los casos, paternalistas… Y ya no hablamos si son de etnia gitana, lgtbiq+… Los estigmas clasistas, racistas, machistas, lgtbófobos, antigitanistas, cuerdistas… se disparan. Desconozco cuanta gente se plantea lo que sufren estas chicas y chicos. A nadie debería extrañarle que tengan trastornos relacionados con la salud mental, es más pocos trastornos tienen para todo lo que han vivido, viven y les toca por vivir. Resiliencia es un término que se les podría aplicar.

Es cierto que, exceptuando las y los chicos que llegan a España sin referentes familiares, la mayor parte de estas chicas y chicos tienen familias. Muchas de las cuales también sufren el desprecio social por el lugar que ocupan en este sistema de relaciones y cómo operan en él las jerarquías sociales, especialmente si eres una familia pobre, o gitana, o migrante, o encabezada solo por una mujer, o con problemas de salud mental, o sin trabajo, víctima de violencia machista… o todo a la vez.  A nadie se le debería retirar la patria potestad de sus hijas e hijos por estos motivos dicen nuestras leyes, sin embargo, lamentándolo mucho, se hace. Todavía existen en nuestros Servicios Sociales profesionales que deciden que familias son buenas para un niño o una niña y cuáles no en función de sus propios sesgos y prejuicios sobre los determinantes sociales de las familias que más apoyo y ayuda necesitan de los recursos municipales.

Pero corren malos tiempos para estas personas, para estas familias, para estas chicas y chicos. Son los tiempos de los simples y de las simplificaciones, y de forma inquietante campan a sus anchas mantras racistas y aporófobos que ahora dicen que las y los inmigrantes pobres vienen a vivir de las ayudas sociales. Mantras que las y los españoles se creen en esta guerra entre pobres que aviva la extrema derecha, pero que dentro de un tiempo (como ha pasado en Hungría y está pasando en Italia) terminará tildando de “parásitos sociales” también a ellos cuando necesiten acudir a lo público para materializar sus derechos sociales, económicos y culturales. Es decir, cuando por su situación económica, de salud y/o personal acuda a los servicios públicos a solicitar una beca, una ayuda, una prestación, una bonificación, un empleo digno, una vivienda pública, un salario mínimo, un tratamiento, una prótesis, una receta… Porque la extrema derecha ahora son sus votos los que necesitan, pero en unos meses serán lastres que soltar de un barco en el que quieren ir ellos solos, como si el Estado fuera un yate del que solo una élite puede disfrutar. Fíjense en Milei.

He preguntado a las y los profesionales de estos proyectos que trabajan con chavales en procesos de emancipación, que en el caso de las y los chicos migrantes, y teniendo en cuenta que llevan más de una década atendiendo a estos perfiles, que a cuántos de ellos les han dado un piso, una ayuda o un empleo por ser inmigrantes, que cuántos solo han tenido que presentar su pasaporte extranjero en la ventanilla correspondiente y les han dado todo esto. A ninguno me decían. Pregunté lo mismo a las mujeres de dos grupos de monoparentales, muchas de ellas migradas, y me dijeron que a ninguna. Y hace unas horas he escrito a varias amigas que trabajan en centros educativos y me han respondido lo mismo. Es decir, en España, la gente que trabaja en contacto directo con personas migradas, migrantes, informan de que es mentira que se les regale ninguna ayuda, piso, trabajo… por el hecho de serlo.

Dicen desde la extrema derecha que los inmigrantes ilegales se vayan a su país. Y yo me pregunto: ¿Quién va a trabajar y ser explotado en sus campos? ¿Quién va a llevar y traer dócilmente a sus niños al colegio? ¿Quién va a salir a pasear sin rechistar con sus padres y sus abuelos? ¿Quién va a limpiar de rodillas su mierda?, ¿Quién va a servirles con una sonrisa las cañas por España? ¿Quién va a asfaltar sus calles en las horas de más calor? ¿Quién va a hacerles esas reformitas en sus casas por cuatro duros y en negro? ¿Quién va a servirles las copas en un club y reparar su masculinidad herida?… Porque son precisamente ese perfil de inmigrantes el que está en los entornos donde gusta tanto el discurso de Vox. 

Es extraño su discurso xenófobo cuando sus vidas personales, familiares y profesionales serían inviables si en España no hubiera inmigrantes. Es más, la economía de España se hundiría y habría un importante agujero en la Seguridad Social que paga nuestras jubilaciones sin toda la población migrante dejara de hacer todos esos trabajos que se quedan vacantes.

En España no se regala nada a ningún inmigrante, es más la población migrante regala a mucho de su trabajo, de sus cuidados y de su salud a este país. Querer controlar los movimientos migratorios como propone hacerlo la extrema derecha no es más que querer adueñarse y controlar la gallina de los huevos de oro que es la inmigración. Porque esta es el principal motor para que los ricos sean más ricos y las economías europeas crezcan. Sin la inmigración el capitalismo de nuestras sociedades occidentales seria insostenible, nuestro bienestar más hedonista desaparecería. 

El problema de Europa no es la inmigración sino los esclavistas que se parapetan en partidos que añoran los tiempos imperiales en los que las bodegas de los barcos europeos (y españoles) arribaban en los puertos repletos de seres humanos que iban a ser vendidos como esclavos. Lo que proponen los dirigentes de Vox es un remake de los peores capítulos del siglo XVI (esclavitud, inquisición, violencia) para el siglo XXI. Y para hacer un remake necesitan que pensemos que las y los inmigrantes no se merecen los mismos derechos que el resto tenemos. 

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