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Ceuta, radiografía de un mes de caos
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Ceuta, radiografía de un mes de caos: “Fue un error de cálculo darlo por zanjado cuando se volvieron a Marruecos 70.000”

Reunión del Comité de Situación sobre Ceuta, este viernes en el Palacio de la Moncloa.

José Enrique Monrosi

29 de agosto de 2026 21:46 h

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Un ataque fronterizo instigado por redes sociales que no se supo predecir y una crisis migratoria posterior que no se supo calibrar. Y todo en pleno mes de agosto, con la administración a medio gas por las vacaciones de verano. Esa es la principal conclusión que se comparte de puertas hacia dentro entre los distintos departamentos del Gobierno implicados en la gestión de un problema que hoy mantiene al Ejecutivo de Pedro Sánchez contra las cuerdas. Estabilizada la frontera, un mes después quedan en las calles de Ceuta miles de personas que se enfrentan a un largo proceso administrativo antes de poder ser acogidas o retornadas. Y que permanecen varadas en una ciudad desbordada, hastiada por la alteración radical de su hábitat y en la que, lo que es peor, empiezan a estallar episodios de violencia racista.

Todo se desencadenó la mañana el 30 de julio, cuando ya se respiraba en la política española un ambiente parecido al de un fin de curso. Lo previsto aquella mañana, víspera de las vacaciones de verano, era una especie de tregua política tras un ejercicio especialmente corrosivo para Pedro Sánchez, coronado con la peor ola de incendios en tres décadas. Pero nada más lejos de la realidad. La fecha del 30 de julio de 2026 ya está marcada en rojo como la crisis fronteriza más grave documentada en la historia reciente en España. Y amenaza con convertirse en un callejón sin salida para un Gobierno acorralado por los errores de su propia gestión y por la ofensiva de PP y Vox, que han encontrado en Ceuta el contexto perfecto para abrirle otra vía de agua al Ejecutivo.

La sensación generalizada en el Gobierno es que se reaccionó tarde, que el tiempo perdido ha complicado mucho las cosas y que la actitud de Europa y la presión del PP (y de un Vivas mucho más hostil que en crisis anteriores), les deja en una situación imposible. Y no solo desde el punto de vista de la mera gestión migratoria. También desde un enfoque político, con la imagen de un Ejecutivo que no supo actuar a tiempo en un tema de especial sensibilidad para la opinión pública. “Nos volcamos en la crisis fronteriza y con la migratoria hubo un error de cálculo”, asumen en el Gobierno.

Lo que sigue a continuación es una reconstrucción de la gestión de la crisis en sus fechas clave, con información obtenida de una decena de fuentes al más alto nivel, tanto en la ciudad autónoma como en el Gobierno central. Y que arranca con un precedente que resulta trascendental para comprender lo ocurrido: la sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones migratorias en frontera.

8 de julio. La sentencia del Supremo

“Quien entra por mar no supera un elemento de contención fronterizo en el sentido literal del precepto, y, por tanto, no puede ser objeto de rechazo en frontera”. Si hay que buscar el origen exacto de la crisis fronteriza en Ceuta, seguramente esté en esta frase de la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio. La resolución judicial tiene que ver con el caso de un ciudadano argelino que entró a nado a Ceuta el 14 de noviembre de 2024 y que fue devuelto a Marruecos de forma inmediata por las autoridades españolas. Una actuación que ahora el alto tribunal concluye como irregular y que cambia de forma radical el paradigma de la seguridad fronteriza.

Las consecuencias son inmediatas. La prensa local ceutí, pero también el gobierno de la propia ciudad autónoma e incluso la Delegación del Gobierno central, comienzan a reportar un incremento constante y progresivo de entradas a nado por El Tarajal, aunque nada ni remotamente parecido a lo que acabaría sucediendo el 30 de julio. Para hacer frente al nuevo escenario, en cualquier caso, el Ministerio del Interior ordena entonces un refuerzo de 70 efectivos: 60 dedicados a funciones de seguridad ciudadana en el vallado fronterizo con Marruecos y 10 dedicados al control fronterizo marítimo. Además, se destinan siete embarcaciones para tareas de vigilancia marítima, con sus correspondientes tripulaciones compuestas por casi 30 agentes: un buque de altura, una patrullera de alta velocidad y cinco embarcaciones semirrígidas.

Pero la situación empeora conforme transcurre el mes de julio. En un comunicado conjunto, el Gobierno local de Vivas y la Delegación del Gobierno en Ceuta hablan el 27 de julio de una “emergencia migratoria” que requiere “una respuesta extraordinaria e inmediata” tras la entrada de mil personas a nado en una semana. Ese mismo día, Juan Jesús Vivas mantiene una conversación telefónica con el jefe de gabinete de Pedro Sánchez, Diego Rubio.

Según el ejecutivo ceutí, Vivas había reclamado poder hablar con el presidente del Gobierno para trasladarle personalmente su preocupación por la deriva en la frontera, pero fue derivado a su jefe de gabinete. Según Moncloa, en esa conversación (que acotan a unos pocos minutos), el presidente de Ceuta reporta datos de entrada que no resultan llamativos respecto a la situación fronteriza de otros veranos, cuando siempre se produce un repunte de entradas. Y añaden que, en cualquier caso, se da traslado a Interior. Nadie entonces es capaz de calibrar la magnitud de lo que ocurriría tres días después.

La vía directa de comunicación sobre la situación fronteriza esas semanas previas se establece entre la Delegación del Gobierno y la secretaria de Estado de seguridad, Aina Calvo. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, se sumerge durante todo el mes de julio en la gestión de la peor ola de incendios en 30 años. El fuego arrasa 77.000 hectáreas entre las provincias de Ávila, Madrid y Toledo en uno de los peores episodios registrados jamás en el centro de la Península.

Es Marlaska quien declara la emergencia de nivel nacional (nivel 3) por el fuego y quien, por tanto, asume la dirección operativa en coordinación sobre el terreno con el general jefe de la UME. El día 29, en una entrevista en La Sexta a colación de los incendios, le preguntan también por la situación en Ceuta que denuncia Vivas: “Las relaciones con Marruecos son cercanas, basadas en la lealtad. Y ellos trabajan de manera denodada por limitar las salidas irregulares. Es una situación excepcional que estamos afrontando con los medios que tenemos allí dispuestos de forma permanente. Estoy convencido de que en breve podremos solventarlo”. Faltaban menos de 24 horas para el cruce masivo.

30 de julio. Fin de la emergencia por el fuego, principio de la emergencia en Ceuta

El 30 de julio amanece con buenas noticias, pero no durarán mucho tiempo. El parte meteorológico da por fin un respiro. La cuarta ola de calor afloja, se reducen los vientos y cesan las tormentas secas. El Gobierno rebaja la emergencia de los incendios a nivel 2 y Moncloa organiza en la agenda de Pedro Sánchez una visita in situ al Puesto de Mando Avanzado de Navaluenga (Ávila). A las once en punto de la mañana interviene públicamente el presidente para confirmar que la emergencia nacional queda atrás. En las imágenes oficiales que distribuye Moncloa en sus redes sociales, se aprecia a la espalda del presidente al ministro de Interior pendiente de su teléfono móvil durante la comparecencia.

Es allí, en Navaluenga, donde el ministro y el presidente del Gobierno se enteran de la alerta en Ceuta. La casualidad hace que se encuentren juntos cuando el teléfono de Grande-Marlaska empieza a echar humo. Son la once y media de la mañana y desde la Delegación del Gobierno y desde los altos mandos de la Policía y la Guardia Civil se reportan las impactantes imágenes que empiezan a llegar en directo desde el paso fronterizo del Tarajal. Miles de personas agolpadas y cruzando a nado o por el espigón desde Marruecos a suelo español. Los primeros cálculos que se trasladan dejan atónitas a las autoridades: 250 personas por minuto. El ministro y el presidente regresan a Madrid para atender la emergencia y tomar las primeras decisiones.

Marlaska convoca a la una de la tarde a una reunión de urgencia a la plana mayor de Interior, con secretarios de Estado y directores generales. Antes, habla personalmente por teléfono con el ministro del Interior de Marruecos. En Moncloa, Sánchez convoca también a su equipo más cercano. Habla, ahora sí, personalmente con Juan Jesús Vivas. Se estudian todos los escenarios posibles y se evalúa también la situación con la información que llega en tiempo real desde Marruecos, principalmente a través de la interlocución de Marlaska y Albares con sus homólogos de Interior y Exteriores. Sobre la mesa se pone la posibilidad de convocar de urgencia ya en ese momento un Consejo de Seguridad Nacional. Y se descarta. La decisión final es que el presidente del Gobierno se traslade a Ceuta al día siguiente.

31 de julio. Sánchez visita Ceuta: “Ataque a la integridad de España”

El presidente del Gobierno y el ministro del Interior comparten avión para viajar a Ceuta a primera hora del viernes 31 de julio. Cuando aterrizan, la situación permanece fuera de control. Decenas de miles de personas recorren de un extremo a otro una ciudad cerrada a cal y canto. Ni tiendas, ni supermercados, ni oficinas. Nada funciona en Ceuta en esas primeras horas de colapso. La imagen que describen desde los equipos de Sánchez y Marlaska que les acompañaron en esa visita resulta esclarecedora: “Fue una sensación de desborde absoluto. Apenas se podía transitar por las calles porque estaban repletas de gente agolpada que había cruzado la frontera. Eran más de 70.000 personas sin tener a dónde ir en una ciudad de 80.000 habitantes”. En ese momento aún no se tienen datos fidedignos, pero se calcula ahora que asciende a 140 el número de personas muertas en la frontera.

Sánchez y Marlaska se reúnen con el presidente Vivas. El jefe del Ejecutivo comparece en público: “Lo sucedido se define como un ataque y una violación de la integridad territorial de España”. Los contactos diplomáticos entre España y Marruecos se suceden al más alto nivel durante esas horas. Pedro Sánchez regresa a Moncloa ese mismo día. El ministro del Interior se queda en Ceuta al frente de un operativo que es, ante todo, de seguridad fronteriza.

Y llega otro mazazo. En pleno estallido de la crisis, un numeroso grupo de socios europeos liderados por la italiana Giorgia Meloni le da la espalda a España. Plantean abiertamente suspender el espacio Schengen de libre circulación en nuestro país por la situación en Ceuta. Se apresuran a secundar a Meloni los gobiernos de República Checa, Dinamarca o Finlandia. A la crisis fronteriza se acaba de sumar una de reputación internacional, por las imágenes de la frontera sur, y otra diplomática de primer nivel con gran parte de la UE.

1 de agosto. Retorno a Marruecos, crisis con la UE

El 1 de agosto, Pedro Sánchez se pone también al frente de la durísima crisis abierta con la UE. Contacta personalmente con el presidente francés, Emmanuel Macron, uno de los pocos apoyos que mantiene intacto el líder español entre sus socios. Y eleva una enérgica queja a Bruselas. En una carta, Sánchez lamenta la reacción “egoísta, polarizadora e ilícita” de varios de los países de la Unión. Y reclama una reunión urgente de los Ministerios del Interior de los 27 para “establecer una respuesta común a situaciones de este tipo y reafirmar que la seguridad de nuestras fronteras exteriores es una responsabilidad compartida de todos los Estados miembros”.

En esa carta, Sánchez asegura que su Gobierno ha logrado “restablecer plenamente el control sobre la frontera” y que lo ha hecho gracias a la cooperación de Marruecos. En efecto, la inmensa mayoría de las personas que cruzaron a nado o a pie El Tarajal el 30 de julio deciden volverse. Aunque el Ejecutivo ensalza en público esa colaboración del gobierno marroquí para un retorno masivo de decenas de miles de personas en apenas 48 horas, desde los departamentos ministeriales implicados en la gestión de la crisis restan heroica al operativo: “Decidieron volverse ellos mismos porque se encontraron una ciudad en la que no podían ni comprar comida, ni agua. Y en la que obviamente no se encontraron lo que les habían prometido, aunque es verdad que la policía marroquí facilitó ese regreso por la frontera”.

Es también el 1 de agosto cuando Marlaska ordena el comienzo de instalación del sistema provisional de contención marítima: una línea de boyas de 730 metros para delimitar en el agua el espacio fronterizo como respuesta a la sentencia del Supremo del 8 de julio, tres semanas antes. El presidente del Gobierno se traslada a la residencia oficial de La Mareta, en Lanzarote, para iniciar sus vacaciones de verano.

2 de agosto. “Un error de cálculo”

En esa carta que Pedro Sánchez remite a la presidenta de la Comisión Europea, expone algunos datos que el paso del tiempo ha demostrado incorrectos. Sánchez cifra en esa misiva en 50.000 el número de personas que pasaron de manera irregular a suelo español. Y añade que se había logrado “devolver a prácticamente todos”. Ninguno de los dos datos eran ciertos, pero la información que manaba desde las fuentes del Ministerio del Interior en esas primeras horas así lo trasladaban.

Ese 2 de agosto por la tarde, de hecho, el ministro del Interior decide regresar a Madrid. Lo hace porque, según traslada públicamente, “la situación se ha revertido casi en su totalidad”. En una comparecencia pública en la ciudad autónoma, Marlaska asegura que “todos aquellos que entraron de una forma ilegal han tenido un conocimiento inmediato y claro de que así no se entra en España”. Y que por eso “la normalidad” se estaba “alcanzando” y ya no tenía “nada que ver” con los días previos. A preguntas de la prensa, puntualizó que, en cualquier caso, “la crisis no se daba por cerrada” hasta que no se pudiera dar “por concluida definitivamente”.

“En 48 horas el panorama era completamente distinto. Vimos a riadas de gente saliendo por la frontera del Tarajal de vuelta a Marruecos sin ningún tipo de incidentes. Y seguramente cometimos el error de pensar que, si en dos días habían vuelto tantos, en una semana eso estaba liquidado. Es evidente que fue un error de cálculo”, admite una de las personas del Gobierno desplazadas a Ceuta y que ha seguido in situ el operativo.

4 de agosto. Actualización de cifras: “Solo quedan 2.000”

El 4 de agosto tiene lugar por videoconferencia la reunión de ministros del Interior de la UE. En un comunicado conjunto posterior, los miembros de los 27 cambian el tono de las primeras horas y ponen en valor el trabajo del Ejecutivo español para devolver al grueso de migrantes que cruzaron la frontera. El Gobierno da carpetazo a la crisis con sus socios a excepción de Meloni, que establece de manera unilateral controles en los aeropuertos para vuelos procedentes de España. Sánchez ordena la misma medida a vuelos italianos. Y Grande-Marlaska actualiza los datos: entraron 72.000 y se volvieron 70.000, así que solo permanecen 2.000 personas en suelo ceutí.

Esas cifras ni siquiera concuerdan con las que manejan ya desde el Ministerio de Inclusión de Elma Saiz, que aprueba una dotación de emergencia de 6,5 millones de euros para prestación de servicios, ejecución de obras y atención sociosanitaria y distribuye a través de Cruz Roja kits de alimentación diarios para entre 3.000 y 4.000 personas, así como productos de higiene femenina y atención sanitaria. Los datos que manejan ya las autoridades de la ciudad autónoma hablan a una cifra superior a las 5.000 personas.

6 de agosto. La ministra de Infancia viaja a Ceuta, enfrentamiento Robles-Marlaska

La titular de Infancia, Sira Rego, se convierte en la primera ministra que visita Ceuta después de Grande-Marlaska. Durante su estancia acude a centros de acogida de niños y niñas no acompañados, anuncia una partida de 25 millones de euros y se reúne con el presidente de Ceuta, al que traslada todas las vías abiertas por el Gobierno para la gestión de los menores: reunificación familiar, campaña de acogida familiar en la Península, despliegue de la acogida vinculante para las comunidades y posibilidad de convenio con entidades del tercer sector para trasladar a 500 niñas a la Península. Pero en ningún caso saltarse la ley. Es decir, que la expulsión de niños y niñas a Marruecos resultaba una demanda imposible en la que el propio Vivas, el PP y Vox se encargaban de insistir en público diariamente.

En los últimos días, se produce un choque soterrado entre los Ministerios de Defensa e Interior. Desde el departamento de Grande-Marlaska se niega de forma categórica que ni el Centro Nacional de Inteligencia ni ningún otro estamento o responsable político o policial hubiera dado aviso previo de que algo similar a lo que sucedió el 30 de julio podía ocurrir. Desde el Ministerio de Defensa se insinúa lo contrario, y esa tensión escalará durante todo el mes hasta la comparecencia de Margarita Robles en el Congreso. Esta semana, la titular de Defensa llegó a precisar que el 29 de julio se produjeron avisos “orales” a la Delegación del Gobierno sobre los movimientos en frontera. Moncloa, el resto de Ministerios y la propia Delegación del Gobierno en Ceuta lo niegan.

7 de agosto. Reunión clave para dimensionar la crisis

Sánchez convoca una reunión de coordinación por videoconferencia con los ministros de Defensa, Interior, Migraciones e Infancia y con el secretario de Estado de Exteriores. Según todas las fuentes consultadas, en esa reunión se comparte un balance de la situación y se adoptan nuevas medidas de seguridad, pero con una prioridad muy clara por encima del resto: fortalecer el control de la frontera a uno y otro lado del Tarajal ante la amenaza “real y creíble” de nuevos llamamientos a cruces masivos.

Con perspectiva, los equipos ministeriales consultados por este periódico asumen que en ese momento la preocupación por la frontera superó con creces a la atención que se otorgó a un flujo migratorio instalado en Ceuta que decidió no volver a Marruecos y que ni siquiera se acertó a dimensionar de forma certera. “Los datos que teníamos hablaban de que quedaban 2.000 personas, que es una situación tensa pero no dramática, porque Ceuta había afrontado crisis muy superiores”, exponen desde el gabinete de uno de los departamentos más implicados en la gestión.

Desde otro Ministerio se asume como una “desconexión” con la realidad de Ceuta el fallo al calibrar la situación migratoria. “Ese día se pusieron sobre la mesa los datos y se concluyó que la ciudad podía estar tensionada, pero que desde un punto de vista migratorio 2.000 personas no suponían una emergencia. Ahora es fácil mirar atrás y aceptar que era una desconexión con la realidad”.

De hecho, Sánchez ni siquiera considera esta vez convocar la Comisión de Migraciones presidida por Ángel Víctor Torres que estuvo al frente de crisis anteriores, como la de la isla de El Hierro en 2023, y que según todas las fuentes consultadas implica un nivel de coordinación clave entre distintos departamentos que esta vez no se produjo. Varias de las fuentes consultadas recuerdan que en esa crisis de El Hierro también jugó un papel fundamental de coordinación el ministro Félix Bolaños, en esta ocasión volcado en las decisiones que afectan más estrictamente a su departamento.

Como lo ocurrido fue abordado en este caso como una crisis fronteriza y no migratoria, el peso operativo de las primeras semanas recayó fundamentalmente en Interior, con la secretaria de Estado, Aina Calvo, y la Directora General de Relaciones Internacionales y Extranjería, Elena Garzón, como principales apoyos de Marlaska. Esta última, en el cargo desde el último Gobierno del PP de Mariano Rajoy, con una gran ascendencia sobre el ministro.

15 de agosto. La frontera bajo control.

Desde el 30 de julio, los servicios de inteligencia y de la seguridad del Estado sí detectan los movimientos en redes sociales que incitaron al cruce masivo y que repetían ese llamamiento para una fecha muy concreta: el 15 de agosto. Aunque en el Gobierno extreman la prudencia sobre el diagnóstico, sí existen conclusiones claras sobre que servidores de Estados Unidos y Rusia estaban detrás de la difusión de mensajes, muchos de ellos en inglés y francés, a través de plataformas como Facebook, Instagram o Telegram. Y por eso el Ejecutivo se mantiene también tan cuidadoso con las insinuaciones de colaboración de Marruecos que, a día de hoy, aseguran no tener claras.

Para ese 15 de agosto los mensajes eran explícitos. “Hermanos, al atardecer y al amanecer del día 15 todo el mundo entra”, escribió un usuario de Facebook en un grupo llamado ‘Alhucemas, puerta de Ceuta’, tal y como publicó Maldita.es. Otro usuario, en Telegram, pedía organizarse para antes incluso de esa fecha. “Hermanos, hay un golpe antes del 15; el día 15 estará demasiado lleno. Quien quiera ir, que envíe un mensaje privado”. Los Ministerios del Interior y de Defensa redoblaron sus esfuerzos para el operativo de seguridad fronteriza, y el ministro de Exteriores lanzó un mensaje directo en una comparecencia pública: “No arriesguen su vida, porque serán devueltos”. Tras una intensa labor de coordinación con las fuerzas y cuerpos de seguridad marroquíes, el 15 de agosto se frenaron algunos cruces, pero la situación no llegó a mayores.

17 de agosto. Primer anuncio del Gobierno para la ubicación de migrantes

Tuvieron que pasar 18 días para que la ministra de Inclusión y Migraciones, Elma Saiz (aterrizada en Ceuta el día antes), anunciara la habilitación de cuatro espacios temporales de acogida humanitaria para 1.500 personas. A esas alturas, las organizaciones desplegadas sobre el terreno y el gobierno de la ciudad autónoma claman por medidas urgentes que palien una situación muy lejos de estar controlada.

Desde el Gobierno explican que la propia ministra Saiz había negociado personalmente por teléfono con Juan Jesús Vivas varios emplazamientos para atender a las personas migrantes de la calle que luego se habían visto frustrados. “Este Vivas no es el de 2021. La presión de su partido, de Vox y de muchos vecinos no es la misma, porque estamos en un momento antimigratorio global. Y el gobierno ceutí ha obstaculizado emplazamientos porque se les han quejado vecinos que no querían a los migrantes cerca de sus casas”, sostienen en la Moncloa sobre las razones de la tardanza.

Del 20 al 25 de agosto. Primeras plazas bajo techo y mando único

No es hasta el 20 de agosto, 22 días después del paso fronterizo, cuando se abren los dos primeros espacios de atención humanitaria con 1.800 plazas. Y hasta el día siguiente, 21 de agosto, cuando la Policía Nacional puede comenzar a hacer uso del Centro de Atención Temporal de Extranjeros para labores de triaje. El 22 de agosto, regresa a la Moncloa desde Lanzarote el presidente del Gobierno y se acelera la toma de decisiones.

El lunes 24 visita por primera vez la ciudad el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, y anuncia que al día siguiente se aprobará la designación del mando único reclamada por Vivas. Explica el Gobierno que esta decisión “permite dotar de más agilidad a la toma de decisiones y a la puesta en marcha de todos los recursos”. Se formaliza el martes 25, el día que vuelve a reunirse el Consejo de Ministros y que se convoca el Consejo de Seguridad Nacional. 26 días después de que pida ese mando único el presidente de la ciudad autónoma.

La crisis ha escalado en los últimos días con episodios de violencia explícita. Grupos organizados impidieron esta semana a la Cruz Roja el reparto de comida a los migrantes, prendieron fuego a sus escasas pertenencias y agredieron a vecinos musulmanes. Y varios marroquíes atacaron con piedras a un vehículo militar en el que resultaron heridas varias personas. En la Moncloa, ahora sí, han saltado las alarmas. La preocupación es máxima por el bloqueo de un flujo migratorio que tiene por delante un largo proceso administrativo que impide legalmente su expulsión. Ni pueden retornar hasta tramitar sus expedientes, ni nadie quiere oír hablar de un traslado temporal a la Península en mitad, además, de la presión extrema de los socios europeos. Así que a Ceuta le quedan meses para volver a la normalidad.

“No es verdad que hayamos estado desconectados, y ahí están las actuaciones, pero es muy probable que una situación así no se hubiera producido en el mes de marzo con todo el mundo en sus puestos”, sostiene un alto cargo del Gobierno cuestionado sobre los problemas de gestión de esta crisis. Otro apela directamente al desgaste político y personal del presidente tras un curso especialmente doloroso en los tribunales para su pareja, su hermano o incluso para el expresidente Zapatero. Y también alude al escaso perfil político de vicepresidentes que son esencialmente especialistas de sus materias, como Carlos Cuerpo o Sara Aagesen, pero que no se desenvuelven en la gestión de crisis políticas de este calado.

La obsesión ahora es atajar de raíz los episodios de violencia antes de que la herida en Ceuta sea irreparable. Y conseguir emplazamientos suficientes para sacar de la calle a todos los migrantes que aún deberán permanecer meses en la ciudad autónoma a la espera de una respuesta a sus solicitudes de asilo, en el caso de los mayores de edad, o a su posible reagrupación familiar en el caso de los menores.

Aunque en privado la mayoría de departamentos asume abiertamente los errores de coordinación y de cálculo, la consigna de Pedro Sánchez es mirar hacia adelante y volcarse en sofocar este otro incendio, social y político, también de gran magnitud. Porque Ceuta se ha convertido en un polvorín de consecuencias imprevisibles y en el caladero soñado para los discursos políticos que galopan a lomos de la ola xenófoba y antimigratoria que recorre Europa y buena parte del mundo. Por eso son conscientes en la Moncloa de que, del éxito de esa empresa, depende ahora casi todo. Primero, la convivencia de la ciudad autónoma. Y segundo, el porvenir del propio Gobierno.

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