De 5.000 hectáreas y un río que corre por un cañón con paredes de 100 metros, en este parque natural habitan más de 700 parejas de buitres leonados

El origen geológico de esta maravilla natural se remonta a unos 140 millones de años, cuando el río comenzó a abrirse paso entre rocas calizas y dolomías cretácicas

Alberto Gómez

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El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, declarado espacio protegido en el año 1989, constituye uno de los tesoros ecológicos y paisajísticos más espectaculares de la provincia de Segovia. Este imponente entorno natural se extiende a lo largo de más de cinco mil hectáreas de terreno protegido, abarcando los términos municipales de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río. En el corazón de esta singular geografía, el río Duratón ha esculpido pacientemente la roca caliza durante millones de años, dando origen a un cañón de una belleza sobrecogedora. Las escarpadas paredes de esta profunda garganta se elevan de manera vertical hasta alcanzar desniveles que superan los cien metros de altura, definiendo un paisaje sinuoso de meandros donde el color ocre de los acantilados contrasta de manera soberbia con la exuberante vegetación de las riberas.

El origen geológico de esta maravilla natural se remonta a unos 140 millones de años, cuando el río comenzó a abrirse paso entre las duras rocas calizas y dolomías cretácicas de la región. Este fenómeno es el resultado de un complejo proceso kárstico, un cambio constante donde el agua de lluvia enriquecida con el dióxido de carbono de la atmósfera produce ácido carbónico. Esta mezcla ácida disuelve y moldea pacientemente los materiales minerales, creando profundas depresiones geológicas y espectaculares formas sinuosas.

A lo largo del tiempo, los meandros y afluentes secos han dado origen a diversos humedales aislados del cauce principal que sirven como auténticas cunas para la biodiversidad, consolidando un relieve protegido que destaca por sus impresionantes acantilados y cuevas. El río Duratón discurre a lo largo de 25 kilómetros encajonado en el fondo de este cañón majestuoso, fluyendo sinuosamente aguas abajo de la villa histórica de Sepúlveda hasta llegar al embalse de Burgomillodo.

Junto a los buitres leonados, el cañón alberga a otras rapaces como el alimoche, el águila real, el halcón peregrino, el cernícalo vulgar o el búho real

Aunque el río Duratón nace en Somosierra, en la provincia de Madrid, al desprenderse por la espectacular cascada de la chorrera de Luiteros a más de 30 metros de altura, su tramo medio es el que da forma a estas profundas hoces de fondo plano. Durante los meses más cálidos del año, el río y su zona embalsada se convierten en un escenario ideal para la práctica de actividades acuáticas tranquilas, permitiendo a los visitantes navegar en piragua por las profundidades de la garganta. El caudal constante del río nutre de forma directa un estrecho valle de inundación donde se asientan depósitos aluviales y se desarrolla una rica franja de vida.

El principal baluarte faunístico y gran reclamo de las Hoces del Río Duratón es su abundante presencia de aves rapaces, entre las que destaca la mayor colonia de buitres leonados de todo el continente europeo. En los altos farallones rocosos y oquedades calizas que coronan las hoces, anidan actualmente más de setecientas parejas de estas majestuosas aves rapaces. Las grietas de la roca les proporcionan un lugar idóneo de cobijo, descanso y nidificación. Esta enorme riqueza ornitológica motivó la declaración del parque como Zona de Especial Protección para las Aves, un estatus de conservación internacional integrado en la Red Natura 2000 que garantiza el refugio y la supervivencia de estas espectaculares rapaces y de las demás aves del entorno.

Junto a los buitres leonados, el cañón alberga a otras rapaces emblemáticas como el alimoche, el águila real, el halcón peregrino, el cernícalo vulgar y el búho real, la mayor rapaz nocturna ibérica. También anidan de forma numerosa aves de acantilado como las grajillas y chovas piquirrojas, así como rapaces forestales entre las que sobresalen el milano negro, el milano real y el águila calzada. En los diversos ecosistemas de este espacio protegido conviven además mamíferos carnívoros y omnívoros como el tejón, el zorro y la comadreja, junto a liebres, conejos y la escurridiza nutria que habita en las aguas del río. Por su parte, la rica herpetofauna está representada por lagartos ocelados y culebras viperinas, mientras que la comunidad piscícola destaca por el barbo ibérico.

La flora del parque destaca por su notable diversidad botánica, organizada de forma clara en cuatro entornos ecológicos diferenciados debido a las particulares condiciones del cañón. En la zona superior de la paramera dominan los bosques abiertos de sabina albar y enebro, acompañados de tomillares y aulagares. En el cuadrante suroccidental, las arenas acogen una repoblación de pino resinero. Por su parte, las escarpadas paredes verticales del cañón albergan comunidades rupícolas de gran originalidad, con plantas como el ombligo de Venus, los zapatitos de la virgen y endemismos como Biscutella valentina, Dianthus pungens y Campanula hispanica. Finalmente, el fondo del cañón está ocupado por un denso bosque de ribera con sauces, fresnos y olmos.

Restos arqueológicos

La presencia del ser humano en este espectacular paisaje se remonta al año 3000 a.C., dejando una rica herencia arqueológica e histórica que se puede apreciar a lo largo del recorrido. Entre los vestigios del pasado destacan grabados de la Edad del Bronce y restos de la antigua calzada romana de Sepúlveda, así como los puentes históricos de Picazos y Talcano. En la Cueva de los Siete Altares se encuentra el sitio de culto cristiano más antiguo de toda la provincia de Segovia, un templo visigodo del siglo VII. Del periodo de dominación árabe se conservan los imponentes restos de las murallas de Sepúlveda, que destacan por sus característicos diseños sarracenos de acabados lisos y agujeros para la defensa.

El patrimonio histórico del parque se completa con el Priorato Benedictino de San Frutos, una construcción románica del siglo XII alzada sobre un espolón rocoso rodeado de abismos, donde destaca la grieta de La Cuchillada, y el Convento de Nuestra Señora de la Hoz, fundado en el siglo XIII, cuyo acceso actual es únicamente posible por el río tras construirse el embalse. La visita se complementa a la perfección con la riqueza monumental de la histórica villa medieval de Sepúlveda, donde es tradicional saborear su famoso cordero o lechazo asado.

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