Conocidos como orejas de mar, de estos moluscos hay más de 100 especies diferentes en zonas costeras de todo el mundo
Los moluscos conocidos popularmente como orejas de mar o abalones, pertenecientes al género Haliotis, representan una de las familias de gasterópodos marinos más diversas del planeta. En las zonas costeras de todo el mundo se han identificado más de cien especies de estos singulares animales, distribuidas en costas rocosas de Oceanía, África, Asia, Japón, el océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Su nombre común proviene de la peculiar forma de su concha, que es aplanada, univalva y enrollada en una espiral abierta de muy pocas vueltas, lo que le otorga un contorno que se asemeja al de un oído humano.
Estos gasterópodos herbívoros habitan adheridos firmemente a las rocas, principalmente en el infralitoral rocoso, desde aguas de apenas un metro hasta profundidades de treinta metros, donde buscan sustratos estables. La anatomía externa de la oreja de mar destaca por su concha rugosa, que suele tener tonos de color verde, marrón o rojizo y suele encontrarse cubierta de algas epífitas y otros organismos marinos para camuflarse. Sin embargo, su rasgo físico más distintivo es la hilera de orificios circulares respiratorios situados en el borde izquierdo de su concha.
De estos poros, solamente los más recientes permanecen abiertos para permitir la respiración del animal y la salida de sus tentáculos sensoriales, mientras que los antiguos se rellenan de nácar a medida que el molusco crece. Para los biólogos marinos, el conteo de estos orificios resulta de gran utilidad práctica, ya que les permite estimar con precisión la edad de cada ejemplar en libertad, funcionando de manera análoga a los anillos de crecimiento de los árboles en los bosques terrestres.
Mientras que el exterior de su concha es rústico y opaco, el interior revela una superficie lisa de nácar puro y brillante con intensos reflejos iridiscentes azulados, verdes y rosados muy cotizados. Este material, compuesto por capas finísimas de cristales de aragonito intercaladas con proteínas especiales, conforma una estructura natural con propiedades físicas excepcionales. Se ha comprobado científicamente que esta arquitectura es tres mil veces más resistente a la fractura que el carbonato de calcio puro en su estado mineral de origen. Por esta increíble fortaleza, el nácar de las orejas de mar es la fuente principal para marquetería, joyería y botones tradicionales.
Respecto a su alimentación, las orejas de mar son catalogadas como herbívoras estrictas que se alimentan de forma exclusiva de las macroalgas que cubren las rocas en los fondos marinos de su hábitat costero. Su dieta preferida incluye las algas rojas, de las cuales extraen pigmentos naturales, y los frondosos bosques de kelp y laminarias que abundan en las zonas templadas de las aguas litorales bien oxigenadas.
Para desgarrar y consumir el material vegetal, el animal emplea una rádula con la que raspa activamente las rocas sedimentarias con la ayuda de movimientos rítmicos de su gran pie muscular de gran alcance. Este hábito confiere a las orejas de mar un rol ecológico fundamental como controladoras naturales de la flora, pues su desaparición a causa de la sobrepesca suele provocar la proliferación de algas filamentosas.
El ciclo reproductivo de estos moluscos es dioico, por lo que existen ejemplares masculinos y femeninos que realizan la fecundación de forma totalmente externa en la columna de agua del océano que los rodea. Durante el verano y comienzos del otoño, machos y hembras liberan simultáneamente sus gametos en masivos eventos de desove influenciados por las fluctuaciones térmicas y las condiciones de las mareas locales. Una única hembra de oreja de mar posee la capacidad de liberar hasta dos millones de huevos en cada temporada reproductiva para asegurar la viabilidad de la especie en el dinámico medio marino costero. Aunque de estos huevos eclosionan larvas de vida libre que se desplazan durante una semana con las corrientes, la mortalidad larvaria supera el 99% antes de que logren fijarse al sustrato rocoso.
Graves amenazas
En la costa de España, y muy especialmente en la zona gallega, la especie autóctona es la Haliotis tuberculata, conocida localmente como peneira u orella de mar, capturada históricamente por los mariscadores. La extracción comercial en bancos naturales está sujeta a rigurosas vedas y controles sanitarios, siendo recolectada mediante submarinismo en apnea o con suministro de aire en los meses de otoño e invierno. A fin de aliviar la presión sobre los caladeros naturales, se ha impulsado la acuicultura con gran éxito en la región costera, destacando la planta Galician Marine Aquaculture en la localidad de Muros.
Pese a su resiliencia natural, las poblaciones de orejas de mar sufren graves amenazas que ponen en riesgo su futuro biológico, entre las que destacan el calentamiento marino global y las enfermedades emergentes. Desde finales del siglo XX, una infección bacteriana provocada por Vibrio harveyi ha diezmado las poblaciones europeas, llegando a causar tasas de mortalidad masiva de hasta el 95%. Al mismo tiempo, la ciencia ha descubierto un valor inesperado en este recurso a través de la medicina y la seguridad internacional, pues de sus vísceras se extrae la enzima BG100, empleada activamente por el FBI y agencias de seguridad para medir el dopaje y realizar análisis ultraprecisos de sustancias prohibidas en fluidos humanos y animales.
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