La ruta murciana con la que puedes disfrutar de pozas, pilones y cascadas en un paraje de rocas muy antiguas de un gran valor geológico
En la región noroeste de la Región de Murcia se encuentra un precioso paraje donde confluyen las aguas de los ríos Alhárabe y Benamor para dar origen al río Moratalla, un importante afluente directo del Segura. Este espacio natural de relieve abrupto es conocido como el Estrecho de Bolvonegro, un cañón de alto valor geológico, paisajístico, ecológico y arqueológico. La ruta senderista PR-MU 110, perfectamente integrada en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Conservación, permite adentrarse en esta garganta recóndita.
El recorrido discurre rodeado de una geoformología singular y muy llamativa, un tesoro natural de tipismo serrano que sorprende a los visitantes por sus acantilados de paredes verticales que encajonan las aguas fluviales. El nombre de este singular estrecho tiene raíces históricas profundas que se remontan a varios siglos atrás. El término Bolvonegro deriva de una denominación mucho más antigua, Gorgonegro, que fue documentada por primera vez en el año 1575 por los caballeros templarios que dominaban la zona. Este topónimo original significa garganta negra, una descripción muy acertada para este profundo desfiladero de paredes oscuras que ha sido esculpido con paciencia por la implacable acción erosiva de la corriente fluvial.
A lo largo del sendero, el caminante puede contemplar este desfile continuo de pozas de agua, pilones de piedra natural y refrescantes cascadas donde es posible zambullirse durante los días más calurosos. De hecho, la verdadera joya de este espacio natural es su incalculable valor geológico, ya que este cañón se ha ido formando de manera constante a lo largo de los últimos doce millones de años, un proceso visible que muestra el combate continuo entre el agua y la roca. En esta larga evolución, el agua ha ido excavando las capas geológicas, primero desgastando las rocas más blandas conocidas como margas y posteriormente las areniscas, que son más duras y resistentes. El resultado de esta erosión diferencial es una serie de llamativas paredes verticales dispuestas en estratos horizontales.
Las rocas del Estrecho de Bolvonegro revelan que este entorno semiárido estuvo sumergido bajo el agua del mar en el Mioceno. Los sedimentos acumulados muestran ondulaciones que parecen olas petrificadas en la superficie del cauce, así como galerías grabadas en la piedra por antiguos organismos. El hallazgo más sorprendente en la zona es el icnofósil Paleodictyon, cuya estructura forma una perfecta malla hexagonal sobre el lecho rocoso. Además, se han encontrado fósiles de animales marinos de gran tamaño, destacando la costilla de una ballena prehistórica. De hecho, los senderistas más observadores pueden jugar a buscar una enorme ballena que aparece tallada de forma natural en la piedra junto al curso del río.
Además de su valor natural, el Estrecho de Bolvonegro alberga una gran riqueza arqueológica de gran relevancia para la región murciana. Desviándose apenas unos minutos del sendero principal, el visitante puede ascender al cerro de Los Molinicos, donde se localiza un yacimiento arqueológico excepcional con restos de un poblado ibérico de más de 2.500 años de antigüedad. Este antiguo asentamiento, que cuenta con vestigios prehistóricos anteriores al Neolítico, conserva partes de su muralla de piedra original en lo alto del cerro. Todo este conjunto histórico fue declarado formalmente como Bien de Interés Cultural en el año 2003.
La ruta para explorar este singular cañón discurre a pie a lo largo de una senda lineal de seis kilómetros en total, sumando la ida y la vuelta. Con una duración estimada de tres horas de caminata pausada, la senda ha sido acondicionada en un tramo de dos kilómetros y medio para facilitar el tránsito de los excursionistas. Uno puede encontrar un firme con una anchura mínima de metro y medio, una pasarela de madera y un puente que cruza el cauce del río, además de escaleras de piedra natural en las zonas más complejas. Aunque la dificultad técnica del trayecto es considerada fácil, el terreno es estrecho, angosto e irregular, lo que exige precaución y hace que no sea muy adecuado para niños muy pequeños.
A pesar del entorno semiárido que lo rodea, este cañón fluvial funciona como un verdadero oasis húmedo con una gran biodiversidad. En las grietas de las rocas más duras crecen especies vegetales capaces de sobrevivir en condiciones extremas, como las adelfas, las retamas y el musgo estrellado que forma densas alfombras verdes. En las zonas de ribera con suelos más profundos se desarrollan árboles de gran porte como los olmos y los tarayes. Esta densa vegetación es el hábitat de especies animales muy singulares como la nutria, el galápago leproso, el martín pescador de vivos colores, la oropéndola y la elegante garza real de plumaje gris.
Para emprender esta excursión, el punto de partida se sitúa en la carretera vieja que une Moratalla con Calasparra, concretamente a la altura del kilómetro 18 de la vía RM-715. En este cruce se inicia una pista de tierra de un kilómetro que conduce al cartel explicativo de la ruta, donde se dispone de una pequeña zona de aparcamiento para los vehículos. Se recomienda llevar ropa de abrigo, gorra, calzado cómodo y suficiente agua para el trayecto. Asimismo, se aconseja evitar realizar la ruta durante días de elevadas temperaturas. Por último, es fundamental caminar siempre por la senda señalizada y evitar ruidos molestos para proteger la fauna local.
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