Ceuta no puede esperar
Puede que a alguien en el entorno del sátrapa Mohamed VI se le ocurriese y le pareciera una buena idea dejar pasar a Ceuta a unos centenares de Subsaharianos, para celebrar a lo grande el día del trono en Marruecos armándole un lío al gobierno español.
Contaban con y tuvieron la ayuda siempre inestimable de una oposición de derecha y extrema derecha, tan obsesionada con Pedro Sánchez que nunca pueden ver más allá de sus narices. Pero no contaban con que la desigualdad y la miseria del régimen alauita pudiese convertir a unos cuantos subsaharianos en miles de jóvenes marroquíes escapando de un Mohamed VI en plena operación de lavado de imagen internacional.
Tan rápido como se les colaron tuvieron que dejarlos regresar para tapar las miserias del régimen desnudo. Suele pasar cuando te crees eso que sueltan los gurús de que las crisis son oportunidades: la crisis se vuelve más grande. Pregúntenle al Ejército marroquí a mediados de agosto si les parece exagerado. Las crisis son crisis y la crisis de tu vecino, antes o después, acaba siendo también tuya.
Puede también que, tras la sorpresa, a alguien en Moncloa le pareciera lo más inteligente no afrontar de inmediato y a la vez el desafío geopolítico, la situación excepcional y la alerta humanitaria en Ceuta para facilitar la gestión de “soluciones excepcionales” y una salida a la geopolítica. Puede que también considerase que, gracias a esa incuria, fue posible el regreso masivo de miles de marroquíes en apenas dos días sin que nadie hiciera demasiadas preguntas; obviando que tal retorno era incluso más imperativo para Marruecos.
Animado por ese aparente éxito puede que, ese mismo alguien, en Moncloa, considerase otra hábil idea una gestión de mínimos de la emergencia humanitaria para mantener abierta la opción “a grandes males, grandes remedios” y, de paso, ahorrarse las seguras críticas de la derecha y la extrema derecha por el supuesto “efecto llamada” de tratar con humanidad a otros seres humanos.
El resultado ha sido que, ahora, la crisis humanitaria se ha cronificado y ha virado a problema de orden público y emergencia sanitaria mientras apremia una crisis política y de gestión que no se arregla con un mando único y más fotos. Un nuevo ejemplo palmario de los monstruos que produce tragarse el mantra de que las crisis son oportunidades.
O acoges o expulsas. Esa es la cuestión y el dilema moral que afrontamos como sociedad y el Gobierno debe resolver. Igual que no se puede acoger a todos ni expulsar a todos, no se puede acoger a todos para expulsarlos a todos después. A diferencia de otras esta decisión no se puede subcontratar a Marruecos.
Haga lo que haga al Ejecutivo le va a ir mal porque es una crisis, no una oportunidad. En toda crisis siempre se generan costes y daños ingentes que asumir. La elección siempre será si los escoges tú o te los cargan los demás. De todos los errores posibles que el gobierno de Pedro Sánchez podía haber cometido, creer que podía evitarse elegir y podía hacer a la vez dos cosas tan incompatibles ha sido el peor.
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