Arde España
Ha tenido que venir el fuego dramáticamente descontrolado a sacarnos de la burbuja de irrealidad donde llevamos instalados más tiempo del que podemos recordar. No nos ha quedado más remedio que preguntarnos por todo aquello que casi nunca queremos: el daño real causado a los servicios públicos tras dos décadas de recortes, el cambio climático que únicamente existe cuando hace falta como coartada, en qué se invierte el dinero de nuestros impuestos, o si podemos seguir urbanizando y ocupando el territorio como si fuera un producto de usar y tirar.
Ni siquiera Isabel Díaz Ayuso ha podido escapar esta vez al rayo tractor de la realidad. Su maleta de trucos se ha quemado a más velocidad que el monte. Ni poner un tuit antes de irse a la camita para joder a Pedro Sánchez, ni rescatar un insulto de cuatro sílabas propio de una trifulca de cayetanos, le han servido esta vez para sacudirse el problema con esa frivolidad que tanto gusta a sus followers; muchos de los cuales habrán podido comprobar de primera mano la gran capacidad de repuesta que tiene este Estado para el cual nunca tienen ni una buena palabra, ni una buena acción.
La tragedia está siendo de tal magnitud que no ha quedado más remedio que tirar de ese maldito Estado en toda su extensión. Entonces es cuando hemos descubierto que hace falta de todo y andamos escasos de todo; que hemos dedicado miles de horas a una plaza de la RPT de la Diputación de Badajoz, pero apenas unos segundos a hablar de la precariedad y la penosidad que soportan los bomberos forestales que íbamos a arreglar cuando los incendios del año pasado y del año anterior.
Con los bomberos forestales pasa un poco como con los sanitarios. Nos acordamos de ellos cuando la enfermedad o el fuego llegan hasta la puerta de casa; hasta entonces suponen un gasto que nos conviene recortar porque tenemos de sobra.
Antes de hablar épicamente de “fuegos fuera de la capacidad de extinción”, como si una categoría fuera una explicación, tal vez los gobiernos debieran explicarnos por qué nuestra capacidad de extinción es la misma que hace veinte años y la inversión en prevención ha caído casi una tercera parte. Si los incendios son peores y más devastadores que hace dos décadas y nuestros medios para combatirlos continúan siendo los que eran, lo que está pasando tiene poco de extraordinario e imprevisible; es lo que podía pasar.
El cambio climático no se arregla con pactos. Se combate con políticas y las políticas cuestan dinero, reconocen derechos e imponen obligaciones a todos; a quienes gobiernan y a quienes no. La regla de las temperaturas por encima de 30 grados, la humedad por debajo del 30% y los vientos por encima de los 30 kilómetros por hora no rige únicamente cuando gobierna la derecha, Alberto; a ver si esta vez aprendemos la lección. .
España es el segundo país con más área forestal de la UE. Hagamos lo que hagamos todos los años habrá incendios y, por regla general, cada año serán peores que el anterior porque así funciona el mundo que hemos construido. Cuando a nosotros se nos haya olvidado seguirá siendo verdad, sin esperar a los fuegos “fuera de la capacidad de extinción” del año que viene.
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