Un ex ingeniero de Anthropic denuncia que las empresas de IA ocultan su riesgo real: “Están apostando nuestras vidas”
Jacob Coxon, investigador británico especializado en el entrenamiento de IA avanzada, ha dimitido de su puesto en Anthropic y ha anunciado que abandona la industria de la inteligencia artificial. El ingeniero, de 27 años y que también había dimitido previamente de OpenAI, afirma que el avance de esta tecnología supone un peligro existencial para la humanidad y que los ejecutivos de los laboratorios que lideran la carrera están escondiendo estos riesgos a la ciudadanía.
“Pasé los últimos tres años haciendo investigación de preentrenamiento tanto en OpenAI como en Anthropic. Ninguna de las dos compañías está actuando de manera responsable. Están corriendo directamente hacia una superinteligencia capaz de mejorarse así misma y apostando nuestras vidas en esa carrera”, ha afirmado Coxon en su cuenta de X.
“No subestiméis el poder de esta tecnología. Pronto serán sistemas sobrehumanos capaces de hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales”, ha añadido en la citada red social: “Esto no es un truco de marketing. Si acaso, muchos ejecutivos e investigadores senior moderarán su lenguaje en la prensa para sonar sensatos, pero oigo a las mismas personas expresar miedo en privado. Ninguna otra actividad humana representa este nivel de peligro”.
La dimisión de Coxon y sus motivos fue adelantada en exclusiva por The Wall Street Journal este martes. El prestigioso medio económico detalla que el ingeniero tiene formación en matemáticas en la Universidad de Cambridge. Tras trabajar durante casi tres años en OpenAI dentro del equipo de preentrenamiento de grandes modelos lingüísticos, donde fue colaborador principal de GPT-4o y GPT-4.5, en julio de 2026 se incorporó a Anthropic.
El salto a la competencia se produjo precisamente ante la impresión de que la empresa dirigida por Sam Altman no dispone de los protocolos de seguridad adecuados. Anthropic ha basado su narrativa empresarial en la alerta sobre los peligros de esa superinteligencia (también llamada IA general) y la necesidad de avanzar con cautela hacia ella. Sin embargo, Coxon tampoco ha encontrado lo que esperaba tras un mes en el laboratorio y avisa que ninguna de las dos organizaciones actúa con la cautela necesaria.
“En Anthropic comprenden la apuesta, pero están atrapados en una carrera por llegar primero: creen que nadie más actuará de manera responsable, por lo que deben hacerlo ellos mismos, a pesar del riesgo”, ha declarado al WSJ: “Es una locura que esto tenga que ocurrir en los MacBooks de unos ingenieros que viven en San Francisco en lugar de en un búnker en el desierto como cuando hacían el Proyecto Manhattan”.
Según el medio económico, Coxon cree que la rivalidad entre OpenAI y Anthropic y la presión por mantener la delantera frente a los desarrolladores chinos están haciendo que ambos laboratorios dejen a un lado las salvaguardas de seguridad para avanzar lo más rápido posible.
Opacidad de los laboratorios de IA
Fuera de Silicon Valley, numerosos científicos se muestran escépticos sobre la posibilidad de crear una IA general autoconsciente y capaz de mejorarse a sí misma. Alegan que para llegar a ella hacen falta aun avances científicos sustanciales y no simples mejoras de los modelos actuales, que no comprenden realmente ninguno de los contenidos que generan. Muchos expertos avisan, además, que estas empresas utilizan el marketing del miedo para exagerar la capacidad de sus productos y vender protecciones ante ellos.
Las repetidas encuestas entre los especialistas son claras a este respecto. Una elaborada por el University College de Londres entre 4.260 investigadores expertos en IA de 92 países mostró que solo el 3% afirmó estar preocupado por el escenario hipotético a largo plazo en el que una IA avanzada y fuera de control suponga una amenaza para la existencia humana. En contraste, la desinformación y noticias falsas, el uso de datos personales sin consentimiento o el cibercrimen fueron los riesgos señalados por los científicos.
No obstante, en las últimas fechas reputadas voces de la industria tecnológica han elevado la misma alerta que Coxon: los laboratorios de IA no está siendo transparente sobre los riesgos reales que entrañan sus investigaciones actuales. Una de ellas ha sido la del propio Bill Gates, que recientemente ha publicado un extenso ensayo y dado entrevistas en las que profundiza en esta cuestión.
“En privado, las personas que entienden lo buena que es esta tecnología y cuánto está mejorando, están muy preocupadas”, revela el fundador de Microsoft, indicando que aquellos que se atreven a señalarlo son censurados por el resto del sector. “Se dicen entre sí: 'Oye, amigo, no digas eso. Es malo para los próximos billones de dólares que estamos intentando recaudar'”.
En este sentido, este mismo miércoles el Financial Times ha informado de que Anthropic se negó a remitir su último y más avanzado desarrollo, Claude Mythos 5.1, al Instituto de Seguridad de la IA de Reino Unido (AISI) para ser auditado antes de su salida al mercado. El medio británico lo relaciona con la doctrina proteccionista impuesta por Donald Trump, ya que Anthropic sí ha compartido el modelo con sus socios estadounidenses.
Por el momento, ni Anthropic ni OpenAI han hecho ninguna declaración oficial respecto a las denuncias de Coxon. La única respuesta ha llegado de parte de uno de los directivos de Anthropic, encargado de las pruebas de seguridad de sus modelos. “Jacob tiene razón aquí: ¡realmente creemos con sinceridad que la IA podría matar a todos los humanos! Personalmente, creo que la probabilidad es mayor al 10% durante la próxima década. Creo que Anthropic está haciendo lo mejor que puede, pero todavía no tenemos un plan para resolver el alineamiento para la superinteligencia y claramente no estamos en camino de lograrlo”, ha afirmado Evan Hubinger en su cuenta de X.
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