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PISA y los hijos de la Gran Recesión

Imagen de archivo de ua manifestación en Madrid contra los recortes tras la crisis financiera
8 de septiembre de 2026 21:59 h

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La oleada de PISA de este año ha estado dedicada a la competencia científica. Los resultados han empeorado con respecto a 2012 y 2015, y son estables con respecto al resto de oleadas. La competencia lectora iguala por abajo a los resultados de 2006, y los de matemáticas son los peores de la serie. Ambas competencias pueden estar sujetas a un margen de error estadístico mayor, pues la prueba está mejor calibrada para Ciencias.

Si bien los resultados son malos, pues no avanzamos, los titulares son matizables. El peor resultado en 25 años solo es cierto en matemáticas. Según las estimaciones de la propia OCDE —quien elabora el informe—, las diferencias entre algunas oleadas varían por error aleatorio, no por diferencias reales. Es el caso de las puntuaciones de ciencias (2006, 2009, 2022 y 2025), matemáticas (2005) y lectura (2006 y 2025), que no difieren de forma estadísticamente significativa de la media de PISA 2025.



En todo caso, apreciamos una tendencia a la mejora hasta 2015, y luego empeoramiento. Quienes lo atribuyen todo a problemas españoles tendrán que explicar por qué España contamina al resto de la OCDE, pues los resultados son generalizados. Además, las competencias educativas están gestionadas por cada gobierno autónomo, habiendo comunidades que más o menos aguantan en ciencias (como Canarias).

El sospechoso más popular está siendo la tecnología. La tecnología, en tanto que herramienta, puede usarse de forma correcta o incorrecta. Podría ser que los cambios sean más rápidos que nuestra capacidad para sacarles partido. La respuesta fácil es la ludita: todo lo que se pueda enchufar, a la hoguera. La respuesta inconsciente es asumir que se está usando bien. La respuesta más realista necesita de estudios más afinados. La respuesta fácil cuenta con otro aliciente: la distinción.

Cuando solo los hijos de la élite tenían acceso a dispositivos, las clases medias aspiracionales estaban convencidas de las incontables ventajas de todo lo electrónico. Ahora que todo el mundo cuenta con dispositivos, a la élite le parecen vulgares, y las clases aspiracionales también luchan por sacárselos de encima.

El cambio tecnológico no es lo único hecho que ha afectado a muchos países de forma simultánea. La oleada de PISA de 2018 se realizó a adolescentes que tenían cinco años en la Gran Recesión. A diferencia de las oleadas anteriores, han vivido toda su escolarización en familias tensionadas por los ajustes económicos y en un sistema educativo que ha sufrido diferente tipo de recortes. La tecnología puede ser importante, pero la inversión educativa, las condiciones de trabajo del profesorado y la calidad de vida de las familias, también. Habrá que estudiar las diferentes hipótesis con más detalle, más allá de la espuma de los titulares.

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