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Víctimas internacionales de abusos exigen a la Justicia argentina que acelere la causa por trata y explotación contra el Opus Dei

Imagen de archivo de algunas de las mujeres que han denunciado al Opus Dei por trata y explotación laboral vestidas como sirvientas

Paula Bistagnino

Buenos Aires —
8 de septiembre de 2026 21:59 h

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La visita del papa León XIV a Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre, no solo mueve la arena política en el país. La semana pasada, una organización internacional que lucha contra el abuso eclesiástico en todo el mundo, Ending Clergy Abuse (ECA), presentó un escrito ante la justicia argentina para pedir que avance la causa en la que se acusa al Opus Dei de trata y explotación laboral de al menos 43 mujeres como sirvientas religiosas de sus jerarquías, ante el peligro de que acabe prescribiendo.

“Una investigación diligente y sin demoras injustificadas es la única vía para evitar la impunidad y proteger los derechos humanos fundamentales de las víctimas”, señala el escrito de más de 30 páginas por el que ECA pide al juez Daniel Rafecas, titular del Juzgado Criminal y Correccional Federal N°3 y quien tiene la causa a cargo desde hace dos años, que la acepte como amicus curiae. Se trata de una figura que permite a un tercero, que no forma parte de un litigio, intervenir en él de forma voluntaria.

Rafecas, que deberá decidir si acepta o no esta solicitud, recibió en septiembre de 2024 una acusación formal contra los máximos responsables del Opus Dei en la Argentina. Era el resultado de dos años de investigación de la Procuraduría contra la Trata de Personas (PROTEX) y de la Fiscalía Federal N°3. Desde entonces, el juez tiene el pedido formal de citar a cinco religiosos a declaración indagatoria, pero aún no lo ha hecho. “Por este camino, la causa corre serios riesgos de ir a la prescripción”, advierten desde la propia justicia federal, que destaca la importancia de esta presentación.

ECA es una organización global de activistas de derechos humanos y supervivientes en más de 21 países y cinco continentes que lucha para obligar a la Iglesia a poner fin al abuso clerical y buscar justicia efectiva para las víctimas. Ahí apunta la presentación, que pide seriedad y celeridad para garantizar el acceso a la justicia: “Frente a denuncias de graves violaciones de derechos humanos el simple acceso de las víctimas a la justicia no se satisface con la simple recepción formal de una denuncia ni con actos que no generen una secuela en el juicio”, remarcan.

En diciembre de 2025, tras reunirse con León XIV en el Vaticano, ECA organizó en Buenos Aires una cumbre para escuchar los testimonios de las mujeres que denuncian explotación de parte del Opus Dei. En ese encuentro, se escuchó a mujeres de Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Chile, Guatemala e Irlanda.

“El compromiso de ECA y la actual junta directiva es la tolerancia cero con los abusos. Esta cumbre es parte de este compromiso: hay que terminar con las instituciones opacas si queremos terminar con los abusos en cualquiera de sus formas. Cuando estuvimos con el papa León XIV, él apoyó nuestro trabajo y nos encomendó visibilizar las denuncias existentes. La de las 43 mujeres contra el Opus Dei es la más importante en este momento”, dijo Sergio Salinas Giordano, abogado y director de ECA.

Directivos de ECA y víctimas de abuso junto al para León XIV el 20 de octubre de 2025

Un modus operandi para captar y explotar a niñas y adolescentes

Los primeros testimonios de las 43 mujeres que sirvieron al Opus Dei se conocieron en Argentina en 2021 a través de la prensa. En septiembre de ese mismo año, representadas por el abogado Sebastián Sal, las mujeres realizaron una presentación ante el Tribunal para la Doctrina de la Fe del Vaticano que llevó el título de 'Abusos de poder y de conciencia con ulterior sometimiento de las víctimas a situaciones de explotación personal'.

En ese escrito, relataron un sistema de captación engañoso de parte del Opus Dei a partir de la década de los 70 en Argentina y otros países limítrofes para reclutarlas como sirvientas. El modus operandi se repitió por al menos cuatro décadas en distintas provincias y países: les ofrecían estudios secundarios en una escuela en Buenos Aires y allí, aisladas de sus familias, las manipulaban para hacer “compromisos de castidad, pobreza y obediencia” y vivir de por vida como sirvientas sin salario y en condiciones de semiencierro.

“La propia investigación fiscal describe mecanismos de selección dirigidos especialmente hacia niñas y adolescentes provenientes de contextos rurales y de bajos recursos, a quienes se les habría ofrecido la posibilidad de estudiar y capacitarse”, remarca ECA y señala que el consentimiento que argumenta el Opus Dei no sería tal porque al momento de la captación las denunciantes tenían entre 12 y 16 años en su mayoría.

Otro de los puntos centrales es la continuidad en el tiempo de este sistema, que comenzó a principios de la década de los 70 y continuó hasta, por lo menos, 2015. Es por esto que la acusación de los fiscales Marcelo Colombo y Alejandra Mángano —a cargo de la PROTEX— y el fiscal federal Eduardo Taiano apunta a los máximos responsables del Opus Dei en la Argentina durante los últimos 40 años. De esta manera, por primera vez una causa apunta a las cúpulas y reconoce la organización jerárquica de la institución.

Los acusados son cinco sacerdotes, de los cuales cuatro fueron vicarios regionales en Buenos Aires: Carlos Nannei (1991-2000) y Patricio Olmos (2000-2010) —hoy en la Argentina y ya en sus 80 años— y Mariano Fazio (2010-2014) y Víctor Urrestarazu (2014-2022), ambos en sus 60 y los dos cumpliendo funciones fuera de su país. Urrestarazu estaba a cargo cuando estalló la denuncia por trata y fue enviado por la organización a Paraguay. El otro sacerdote, Gabriel Dondo, no llegó a ser vicario, pero tuvo a su cargo la dirección espiritual de las numerarias auxiliares —así llama la organización a las mujeres que sirven por “vocación divina”—.

Fazio es el más joven y es, a día de hoy, el segundo hombre más importante de la organización en el mundo. Llegó a Roma en 2014, un año después de que su compatriota Jorge Mario Bergoglio se convirtiera en el papa Francisco. El nombramiento, primero como vicario general, no fue casual. El entonces jefe máximo del Opus Dei, Javier Echevarría, lo llevó con el fin de buscar acercarse al jesuita que, aunque recién desembarcaba en el Vaticano, ya aparecía con una impronta reformista que los alarmaba. Según fuentes cercanas al Opus Dei y al Vaticano, la intención fue la de “controlar” a Francisco, con quien Fazio sostenía una relación cordial en Buenos Aires.

León XIV, el heredero de Francisco en la reforma del Opus Dei

El papa Francisco nunca habló públicamente de la denuncia en su país ni instó una respuesta formal del Vaticano a las víctimas. Sin embargo, pocos meses después de que el caso saliera a la luz, en 2022, impulsó una reforma del Opus Dei por la que modificó su jerarquía dentro de la Iglesia y le quitó los privilegios que Juan Pablo II le había otorgado en 1982 y que le permitieron funcionar con reglas autónomas y casi a puertas cerradas hasta ahora.

El Opus Dei nunca cumplió con la entrega de los estatutos adecuados hasta la llegada de León XIV, que apenas asumió el pontificado se los reclamó a las autoridades y demostró así que está dispuesto a concluir esta reforma histórica de la Obra.

Un hecho que apunta en esta dirección es que en marzo León XIV citó al Vaticano al periodista inglés Gareth Gore, autor del libro Opus y quien ha denunciado prácticas de manipulación espiritual y económica por parte de la institución. En ese encuentro, Gore planteó la urgencia de que el Vaticano dé respuesta a las víctimas de Argentina del Opus Dei y el Papa le dijo que lo haría.

Una práctica sistemática en todo el mundo

El Opus Dei está presente en 68 países y se sospecha que en todos aplicó la misma práctica de captar mujeres jóvenes y vulnerables para someterlas como sirvientas religiosas. Los testimonios de una decena de países así lo confirman. El último caso conocido es el de la peruana María Dominga Calderón, quien fue 17 años una numeraria auxiliar. Su testimonio es clave para el abordaje que Robert Prevost pueda darle a este tema, ya que es el primero en el país que lo vio surgir como candidato a la jefatura de la Iglesia Católica y donde él construyó su compromiso con las víctimas de abuso eclesiástico.

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