España muestra su “vulnerabilidad crítica” ante el cambio climático: miles de muertes por calor, incendios y sequía
Aunque el negacionismo incluso se burle, un tridente combinado de efectos de la crisis climática está golpeando a España este verano. Las miles de muertes atribuibles al calor, el cuarto de millón de hectáreas carbonizadas en incendios forestales y la sequía que han confluido estos meses estivales evidencian la peor cara de la emergencia.
La secuencia que reflejan los datos de calor, incendios y sequía —observada también en cursos recientes como 2022 y 2025— describen el nuevo patrón que se instala a medida que el calentamiento global se hace más presente. Si por separado cada uno es un impacto severo, juntos hablan de la emergencia climática.
La ciencia lleva tiempo explicando —el primer informe interno puede situarse en 2005— cómo impacta el cambio climático en España. Dos décadas después, en 2025, el Gobierno publicó la Evaluación de riesgos e impactos derivados del cambio climático que dice: “Los peligros climáticos predominantes incluyen el aumento sostenido de la temperatura media, la intensificación de las olas de calor, la reducción de la precipitación y la mayor frecuencia de eventos extremos (inundaciones, temporales marítimos, incendios forestales)”.
La descripción se ajusta a lo vivido en lo que va de 2026.
Lo que hace ese documento del Ejecutivo es, básicamente, recoger esas explicaciones científicas sobre qué supone en España el calentamiento global acelerado del planeta provocado por las emisiones de CO₂ masivas generadas por las actividades humanas.
Sobre el incremento de temperaturas, junio de 2026 ha sido el tercero más caluroso registrado en el país, con una media 3,2ºC por encima del promedio 1991-2020. A eso le siguió el julio con mayor temperatura de los medidos (+2,6ºC sobre el mismo promedio). Este bimestre es el más caluroso de la historia y supera los anteriores récords de 2022 y 2025.
Como se ve en el gráfico, en 35 provincias españolas están soportando el peor año de su historia en cuanto a calor y en otras nueve se trata del segundo del ránking. De hecho, en lo que va de verano se han declarado cuatro olas de calor. Alguna “histórica” como han denominado en la Aemet al episodio de finales de junio pasado.
Este calor no es normal
Compara la temperatura de tu provincia con la media histórica. Diferencia, en grados (ºC), de la temperatura máxima de las últimas 24 horas y la media anual sobre el promedio histórico del periodo 1981-2010
Niveles récord de calor
Mucho más calor de lo normal
Más calor de lo normal
En la media histórica
Menos calor de lo normal
Ese escenario ha tenido sus consecuencias para la salud de las personas. En lo que va de verano —junio, julio y parte de agosto— se han registrado más de 4.200 muertes atribuibles a las altas temperaturas, según el informe de exceso de mortalidad (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III.
“El calor extremo es una de las amenazas para la salud más importantes en relación al clima en España, con repercusiones desproporcionadas en las personas mayores, lactantes, trabajadores al aire libre y otros grupos vulnerables”, advierte el informe anual Lancet Countdown sobre impactos de la crisis del clima en la salud.
El gráfico de abajo ilustra el incremento de frecuencia de estos picos de temperaturas extremas que afectan a la salud y también como son cada vez más prolongados.
Así son las olas de calor: cada vez más frecuentes y más largas
Cada zona roja es una ola de calor según su duración, identificadas por la AEMET entre 1975 y 2026
Fuente: AEMET
Con el calor —y la falta de agua— han llegado los incendios forestales que, a mitad de agosto, habían abrasado 250.000 hectáreas, según los datos del Ministerio de Transición Ecológica, que ascienden a 290.000 en el sistema europeo de seguimiento EFFIS. Es el segundo año consecutivo en el que se supera el cuarto de millón de hectáreas de monte carbonizadas por las llamas.
¿Cuánto han quemado los incendios en España en 2026?
Superficie forestal quemada acumulada día a día, comparando 2026 con la media de 2006-2025 y con 2025, el peor año de la serie.
Fuente: EFFIS (Copernicus)
Además, este 2026 se ha producido el incendio más destructivo registrado en España, el de Burgohondo (Ávila), que se unió al de la sierra oeste de Madrid, arrasando una extensión de unas 50.000 hectáreas. El anterior récord solo tenía un año: el siniestro de Larouco (Ourense) en 2025. Este verano, además, se ha declarado por segunda vez en la historia de España la emergencia nacional —la primera fue por el apagón total de abril de 2025—.
Un año más, la realidad ha confirmado que, ahora, nos enfrentamos a condiciones ambientales que favorecen las llamas y convierten los incendios en siniestros altamente destructivos: de las 291.197 hectáreas detectadas por el sistema EFFIS, 186.000 han sido en solo siete incendios (Madrid y Ávila, Niebla, Mierla, Fermoselle, Cinco Villas y Riglos).
“Se han convertido en un problema de protección civil”, ha sido la frase de esa primera mitad de verano repetida por diversos expertos. Esta nueva realidad se ve reflejada en la cifra de más de 90.000 evacuados o confinados en España por el peligro de fuego. La expansión urbanística por zonas de monte han incrementado ese riesgo.
Una posición de “vulnerabilidad crítica”
Este mismo año, una investigación de la Universidad de Oviedo constata que en España se ha dado “un incremento muy marcado de la frecuencia de desastres en los últimos veinte años, especialmente en desastres naturales climatológicos e hidrológicos, ligado a la intensificación de fenómenos extremos asociados al cambio climático”.
El trabajo de los investigadores de la universidad asturiana ha revisado 75 años de “desastres en España”, desde 1950 a 2025. Tras ese análisis, sostienen que este territorio es un punto caliente del cambio climático y que muestra “una vulnerabilidad superior” en cuanto a “gravedad del impacto, la mortalidad atribuible y la exposición de la población a los riesgos naturales”. La investigación insiste en que España “se encuentra en una posición de vulnerabilidad crítica dentro del contexto europeo”.
Y, para completar el tridente, amplias zonas de la península están padeciendo sequía. La realidad es que, por ejemplo en Galicia, tres de cada cuatro ayuntamientos están en alerta o prealerta por falta de agua. Desde abril, las precipitaciones se han convertido en muy escasas, mientras el incremento del calor evapora el agua almacenada en embalses y exige más a los cultivos.
No es un castigo divino ni una racha de mala suerte: es el resultado inevitable de haber gestionado el agua bajo la falsa premisa de que es infinita. La sequía no se gestiona cortando las duchas de la playa en agosto, sino con una correcta gestión de la demanda cuando los embalses aún tienen agua
Y Galicia no es un caso aislado, ya que decenas de pueblos, especialmente en el norte peninsular, territorio asumido como húmedo, están teniendo problemas para el suministro y para la ganadería. Las dificultades se extienden este verano por Asturias, La Rioja e incluso en Mallorca, donde las reservas hídricas han caído al 39% mientras se ha creado un sistema autonómico para distribuir agua en camiones durante los veranos por el bajo nivel de los acuíferos que no pueden rellenarse.
Lo que se está viendo es, por ejemplo, la necesidad de aportar agua en camiones cisterna en poblaciones de Castilla y León, Aragón o el Principado de Asturias. Y la petición de auxilio de ganaderos en Cantabria, Euskadi, La Rioja o Navarra porque, sin lluvias, no han crecido los pastos estivales para las vacas.
“No es un castigo divino ni una simple racha de mala suerte meteorológica: es el resultado inevitable de haber gestionado el agua bajo la falsa premisa de que es infinita”, señala el responsable del programa de aguas de Greenpeace, Julio Barea.
Este grupo entiende que se está manteniendo “una falsa sensación de abundancia” que se basa en presupuestos anteriores al impacto del cambio climático. “Se sigue haciendo un uso insostenible del recurso”, insiste Barea. “La sequía no se gestiona cortando las duchas de la playa en agosto, sino con una correcta gestión de la demanda cuando los embalses aún tienen agua”.
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