El curioso castillo extremeño pero de estilo italiano que fue una cárcel y que hoy se mantiene en pie en un pueblo abandonado

La fortaleza extremeña ofrece un diseño de gran originalidad caracterizado por su singular planta polilobulada

Alberto Gómez

0

Al norte de la provincia de Cáceres, presidiendo un elevado promontorio junto al embalse de Gabriel y Galán, se alza el singular Castillo de Granadilla. Esta fortaleza militar se mantiene firme en medio de una antigua villa medieval que quedó desierta a mediados del siglo pasado. A diferencia de otros baluartes de la región de Extremadura, su arquitectura destaca por una marcada e inconfundible influencia italiana en sus líneas constructivas. Su majestuosa torre sigue elevada sobre un paisaje dominado por el agua y la memoria histórica.

Los orígenes de esta fortificación se remontan al siglo IX, cuando las tropas musulmanas fundaron el enclave bajo el nombre de Hins Qanatir para vigilar las rutas comerciales del río Ambroz. Durante el periodo almohade en el siglo XII, la plaza reforzó sus defensas para consolidar el control de la zona. En el año 1160, el rey Fernando II de León conquistó la población, procediendo a su reconstrucción y otorgándole el título de villa un decenio más tarde. Tras varios traspasos señoriales, la villa quedó bajo la tutela militar de la Orden de Santiago.

La configuración del castillo actual respondió al impulso señorial de la Casa de Alba durante la segunda mitad del siglo XV. Fue don García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba, quien ordenó levantar la fortaleza de cantería entre los años 1473 y 1478 sobre los cimientos de la antigua alcazaba islámica. Para la ejecución de tan compleja estructura se contó con la supervisión del corregidor Juan Salado y la dirección técnica del maestro Juan Carrera, además del perito Vasco de Troya para los aljibes y Tomás Bretón en el diseño de cavas y fosos defensivos.

Su arquitectura destaca por una marcada e inconfundible influencia italiana en sus líneas constructivas

Desde el punto de vista arquitectónico, la fortaleza extremeña ofrece un diseño de gran originalidad caracterizado por su singular planta polilobulada. La estructura consta de un cuerpo prismático central de base cuadrada al que se adosan cuatro torreones semicilíndricos en sus caras planas, logrando un notable equilibrio simétrico. Los muros fueron erigidos con una depurada sillería de granito y concebidos para resistir el fuego de artillería de la época. Este trazado geométrico, casi único en España, fusiona el pragmatismo defensivo tardomedieval con el refinamiento estético italiano.

A lo largo de los siglos, la fortaleza adaptó sus usos a las cambiantes necesidades de la villa, derivando hacia funciones administrativas e institucionales. En el año 1830, la estructura del castillo experimentó una transformación trascendental al ser convertida en recinto penitenciario. Sus subterráneos abovedados, conocidos como las Salas de Justicia, junto a la zona inferior de la torre, albergaron la cárcel y las mazmorras del municipio. Esta severa etapa carcelaria aprovechó la solidez de sus muros graníticos para el confinamiento de prisioneros de la comarca.

El devenir de la fortificación y del poblado cambió trágicamente a mediados del siglo XX con la construcción del embalse de Gabriel y Galán. En la década de 1950, bajo el régimen franquista, el gobierno declaró la villa de Granadilla como zona de futura inundación y procedió a la expropiación forzosa de sus tierras y viviendas. Los habitantes se vieron obligados a abandonar gradualmente sus hogares, culminando el desalojo definitivo en el año 1964. De este modo, la próspera villa quedó transformada en un silencioso e inquietante pueblo fantasma desprovisto de vida humana.

Error de cálculo

Sin embargo, la historia de Granadilla reservaba una paradójica sorpresa para el destino de su patrimonio arquitectónico y defensivo. Pese a las predicciones técnicas que motivaron el desalojo masivo de la población, el agua del pantano nunca llegó a inundar las calles ni las estructuras del casco urbano. El castillo y la muralla circular permanecieron a salvo, manteniéndose erguidos en la península que se forma cuando el embalse alcanza su máxima capacidad. Gracias a este error de cálculo hidráulico, la majestuosa fortaleza se ha mantenido intacta y en pie hasta nuestros días.

Reconocido su incalculable valor patrimonial, el conjunto amurallado de Granadilla fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1980. Cuatro años más tarde, la villa fue incluida en el Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados, iniciándose las obras que devolvieron la estabilidad al castillo y a su torre. En la actualidad, la fortaleza pertenece a la Confederación Hidrográfica del Tajo y acoge un Centro de Vigilancia Rural contra Incendios, además de erigirse en un interesante destino turístico que revive la memoria histórica de Extremadura.

Etiquetas
stats