El otro frente del cambio climático: las lluvias torrenciales traen riadas de microplásticos
Lluvias violentas que generan una avenida de residuos que arrastra innumerables partículas plásticas. Y todo desemboca en el mar. Las riadas que provocan las precipitaciones torrenciales exacerbadas por el cambio climático vierten más microplásticos al mar de lo que se creía. “Amplifican este oculto, pero masivo conducto de contaminación”, concluye una investigación internacional recientemente aparecida en la revista Science.
Este equipo ha calculado que, solo en 2022, los ríos vertieron más de 260.000 toneladas de microplásticos al océano. Son una parte importante de la basura plástica que llega desde tierra adentro, la “contaminación que más rápido crece y la más difícil de revertir”.
“Hay que ser prudente con una cifra concreta”, explica la investigadora del Instituto de Investigaciones del Mar de la Universidad de Cádiz, Carmen Morales Caselles. “Todavía existe bastante incertidumbre sobre cuánto plástico queda retenido en las cuencas y en los propios ríos, cuánto se remobiliza posteriormente y cuánto atraviesa realmente los estuarios y llega al medio marino”.
Sin embargo, añade, “refuerza la idea de que la llegada de plásticos desde los ríos al mar no es un flujo constante y que determinados eventos pueden movilizar en muy poco tiempo una cantidad importante del material acumulado en la cuenca”.
Hay mirar el ciclo de vida completo de los plásticos y entender que esta problemática no puede abordarse de forma aislada porque está conectada con las otras dimensiones de la triple crisis planetaria: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación
Los microplásticos son partículas de entre 1 y 5.000 micras —una milésima de milímetro—. “Debido a su extendida presencia y larga vida, suponen una amenaza persistente para los ecosistemas. Se estima que entre 10 y 40 millones de microplásticos se vierten anualmente al medio ambiente”, describe esta investigación.
Lo que ha hecho el trabajo es calcular cuánto y cómo toda esa basura viaja por los ríos hasta terminar en la costa. “Nuestro estudio refuerza la idea de que los ríos contribuyen significativamente a la contaminación marina global por microplásticos”, explican los autores. El flujo representa hasta una cuarta parte del vertido total de plásticos desde los ríos hacia el océano y entre el 9 % y el 33 % de la entrada total de microplásticos en el medio marino.
Morales Caselles recuerda que “la necesidad de mirar el ciclo de vida completo de los plásticos y de entender que esta problemática no puede abordarse de forma aislada, porque está conectada con las otras dimensiones de la triple crisis planetaria: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación”.
El Sur Global es la principal víctima de estos vertidos y el sureste asiático el punto más caliente. El Yangtsé (China) es la mayor fuente individual de microplásticos hacia el océano. Entre los más afectados se menciona el río Irawadi (Birmania) por ser uno de los que transporta mayores volúmenes, el Baram (Malasia), señalado por contener cargas masivas de basura microplástica comparables con ríos más largos debido a la densidad de población que atraviesa o el río Obi (Rusia) debido a que, aunque es muy septentrional, la escorrentía por las lluvias y la erosión lo convierten en sensible.
También aparece el Amazonas que, a pesar de ser uno de los mayores exportadores globales, presenta concentraciones más bajas por su caudal y porque la vegetación intercepta la basura. En este sentido, los científicos certifican que “la vegetación [de ribera] puede ayudar a retener los plásticos mientras que las superficies urbanizadas favorecen la escorrentía del agua y el transporte de los plásticos hacia los ríos”.
Con todo, y a escala nacional, los ríos españoles, por ejemplo, están invadidos al completo, según los análisis de proyectos como la Red de seguimiento de microplásticos en ríos y zonas costeras.
Los investigadores explican que no se trata de una corriente constante sino mediante “pulsos”. Los ríos van acumulando los microplásticos y sus componentes degradados que llegan desde las ciudades, los cultivos o las carreteras y luego los “liberan” a golpes que contaminan las costas y las cadenas alimentarias marinas rápidamente en cortos periodos de tiempo.
Esta manera de contaminar tiene amplias consecuencias para los ecosistemas costeros y marinos, ya que las altas concentraciones de basura, aunque sea un tiempo breve, pueden tener “efectos tóxicos agudos en el medio acuático”.
Y el gatillo de la riada de basura se dispara cuando caen tormentas violentas cuya agua busca luego su camino natural por los cursos fluviales. De ahí la relación con la crisis del clima.
Porque las lluvias torrenciales se han incrementado debido al calentamiento global. Las altas temperaturas intensifican la evaporación, es decir, añaden humedad a la atmósfera lo que “puede suponer combustible para las precipitaciones”, según explican los científicos. En España estos eventos se han multiplicado por cuatro.
En el origen de esta afluencia tóxica se sitúa, subrayan los investigadores, “el uso total de plástico” además de la gestión de la basura. Un uso que no para de crecer. Si este material —sobre todo en su forma de usar y tirar— estaba en el punto de vista ambiental en torno al año 2019, la pandemia de covid sirvió para relanzar su imagen. Desde entonces, las cifras de producción escalan año a año.
Este trabajo publicado en Science lo dice claramente: a menos que la producción de plástico se “recorte de manera más obligatoria y la gestión de los residuos mejore rápidamente”, las precipitaciones cada vez más extremas y frecuentes debido al calentamiento global “pueden amplificar este flujo de contaminación masiva”.
Sin embargo, la fábrica mundial de plástico, lejos de frenarse, se ha acelerado. Si en 2018 llegó a los 338,4 millones de toneladas, en 2024 se colocó en los 430,9 millones, según los datos de la patronal Plastics Europe. Un 78,5% más en seis años.
A la cabeza está China con un 34% de la producción mundial seguido por EEUU que fabrica en torno al 13%. Luego le sigue el resto de países de Asia con un 21% y Oriente próximo —nutrido por los países petroleros como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos— con un 8,3% del total.
El 89% de lo que se produce es de origen fósil y solo un 9% es reciclado, admite la patronal. Origen fósil porque se fabrica a partir de los hidrocarburos que se extraen del subsuelo: petróleo y gas.
El tratado global que no llega
“Sin un mayor control en la fabricación de plástico —y el manejo de desechos— el incremento de lluvias extremas puede intensificar esos pulsos de vertidos y empeorar la contaminación por microplásticos del mar”, insisten los investigadores en sus conclusiones finales.
En este sentido, los países parecieron prestar atención a las advertencias al comprometerse en 2022 a la creación de un tratado internacional vinculante para poner coto a la polución plástica. Sin embargo, la redacción final del texto ha fracasado.
En 2024 los países fueron incapaces de cumplir con su compromiso de acordar un tratado en dos años. Las conversaciones se suspendieron. Medio año después, en agosto de 2025, se repitió la historia. El principal escollo fue abordar el recorte de la producción de plástico nuevo.
Esta investigación demuestra que no podemos tener un tratado centrado únicamente en la gestión de los residuos: el problema es mucho más complejo y tiene múltiples dimensiones“, reflexiona la experta en plásticos Carmen Morales. Con todo, las negociaciones están actualmente en el limbo a la espera de fecha para que los países vuelvan a sentarse.
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