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La destrucción mundial de bosques cae un 15% en un año pero se han deforestado siete millones de hectáreas

Mina de carbón en el borde del bosque protegido de Aceh en Indonesia.

Raúl Rejón

1 de noviembre de 2026 22:07 h

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La situación global se ha deteriorado tanto que perder algo más de siete millones de hectáreas de bosque en 2025 se considera una buena noticia: se trata de un descenso anual de la destrucción del 15% o “la bajada más grande en un solo año”, concluye el último informe de la Forest Declaration.

Esta plataforma, que examina desde 2015 los objetivos y compromisos internacionales para detener y revertir la deforestación mundial, interpreta que estas cifras “demuestran lo rápido que puede frenarse la deforestación si las políticas y su aplicación se alinean”, aunque avisa de que “con todo, el mundo sigue muy alejado de la hoja de ruta necesaria para cumplir el compromiso de cero deforestación en 2030”.

De hecho, sus cálculos dicen que hay ya acumulado un déficit de 10,7 millones de hectáreas: “Bosques que ahora estarían en pie si se hubiera cumplido esa hoja de ruta desde 2021”, fecha en la que se hizo la publicitada declaración de Glasgow sobre los bosques que firmaron 145 jefes de estado y gobierno durante la Cumbre del Clima. “Nos comprometemos colectivamente a revertir la pérdida de bosques y la degradación del suelo para 2030”, dijeron.

Desde aquel momento en la ciudad escocesa, el promedio anual de destrucción está en los 8 millones de hectáreas forestales, según denuncia la Forest Declaration.

Como ocurre con cada revisión, el bosque tropical es la clase forestal que más sufre. En 2025, se perdieron 6,5 millones de ha de este tipo de bosque del total de 7,04 millones. En la región de América Latina y el Caribe —que en términos absolutos es lo que más sufre con 2,5 millones de hectáreas— la destrucción bajó un 33%, mientras que en Asia, se quedó prácticamente igual que 12 meses antes. Sin embargo, en África, la deforestación tropical subió de manera que casi ha igualado a la región líder: perecieron 2,4 millones de hectáreas.

Deforestación en Porto Velho (Brasil)

El resto de destrucción se reparte entre otras variedades como el bosque boreal o el bosque templado, aunque en términos relativos suponen una fracción pequeña.

Esta evaluación pone especial atención en cómo están padeciendo los bosques primarios —caracterizados por ser nativos, maduros, complejos y sin perturbaciones ecológicas mayores por actividades humanas—.

En este sentido, los bosques ya viejos han corrido diferente suerte según dónde crezcan. En términos generales, la pérdida de bosque primario tropical decreció un 36% entre 2024 y 2025, pero todavía está un 11% por encima de la línea de referencia trazada en 2018-2020. Es decir, la destrucción sigue a buen ritmo. De hecho, los evaluadores explican que “mucho de ese descenso es debido al final de una pérdida excepcionalmente alta provocada por los incendios forestales en la Amazonía, no porque se haya mejorado estructuralmente la protección de estos bosques primarios”.

No todo es la pura deforestación

Una advertencia que subraya este análisis es que la deforestación —la pérdida física de hectáreas— no refleja por sí sola la dimensión del daño que están experimentando los bosques a nivel mundial.

“La integridad ecológica de los bosques es una mirada más amplia que muestra la escala de transformación [negativa] forestal”, explica este documento redactado para los gestores políticos. Solo en 2024 (último dato completo) 65,4 millones de hectáreas de bosques decayeron en cuanto a esa integridad ecológica.

En esos casos, aunque los árboles todavía siguen en pie, sus ecosistemas o su conectividad han empeorado debido a las presiones de las actividades humanas.

Los bosques cubren el 30% de la superficie del planeta y son el hogar del 80% de las especies de tierra firme, según recuenta la ONU. Son filtros de agua, reciclan la lluvia y sujetan el suelo. Sustentan la forma de vida del 25% de la humanidad. Además de todo eso, se tragan un tercio de las emisiones de gases invernadero que, de otra manera, se acumularían aún más en la atmósfera empeorando el cambio climático.

Sin embargo, los grandes bosques del hemisferio norte ya han pasado de ser esos puros sumideros de carbono a ser emisores netos. Es decir, pierden más carbono del que absorben desde 2016, según certificó una investigación de 2025. ¿Las causas? Sequías, incendios y la degradación derivada de agresiones como las plagas y las talas, subrayaron los científicos.

Por eso, el examen de esta plataforma cuestiona si, en medio de tantas preocupaciones que reclaman atención, los gobiernos pueden preguntarse “¿es la protección de los bosques aun una prioridad?” Su respuesta “es y debe ser que sí. Mantenerlos e invertir en su salud ecológica es prioritario”. Y añade que estos ecosistemas “son vistos demasiado a menudo como una cortapisa al desarrollo económico, la seguridad energética o alimentaria cuando, en realidad, son el soporte de todos ellos”.

Con los datos en la mano, 2025 muestra que el progreso es posible, pero “no debería confundirnos sobre las transformaciones todavía necesarias”, remata el informe. Se refiere a que “un bajón en una tendencia negativa no es lo mismo que doblegar la curva” de la deforestación.

El análisis subraya que esa transformación requiere medidas como “redirigir las subvenciones dañinas hacia una agricultura y energía sostenibles”, una transparencia obligatoria tanto en la deforestación como la degradación y “salvar el abismo entre los miles de millones que se invierten en bosques y las decenas de miles realmente necesarios”.

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