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Qué ver en Breslavia en un fin de semana: una escapada de 48 horas por la ciudad de los gnomos

Breslavia y su catedral.

Roberto Ruiz

1 de noviembre de 2026 22:07 h

Breslavia no suele estar entre las primeras ciudades que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en una escapada de fin de semana por Europa. Y, precisamente por eso, puede ser una opción especialmente interesante. Situada en el suroeste de Polonia, es una ciudad con personalidad propia, bastante menos frecuentada que otros destinos del país como Cracovia, pero con motivos de sobra para dedicarle un par de días. 

Su historia también ayuda a entender por qué Breslavia es una ciudad diferente. A lo largo de los siglos ha pasado por distintas etapas y ha formado parte de territorios y estados muy diversos, hasta quedar incorporada a Polonia después de la Segunda Guerra Mundial. Aquella etapa dejó una profunda huella en la ciudad, que sufrió importantes daños durante la contienda y tuvo que reconstruirse en buena medida.

Hoy, sin embargo, conserva un centro histórico muy atractivo, atravesado por el río Óder y sus afluentes, con más de un centenar de puentes y pequeñas islas que le dan un carácter muy particular. Por cierto, si encuentras escrito Wrocław, no te despistes: es el nombre de la ciudad en polaco. Breslavia es su denominación en español.

En un fin de semana podemos recorrer buena parte de sus lugares más interesantes. El punto de partida será la plaza del Mercado, con sus fachadas de colores y el antiguo ayuntamiento, pero también nos acercaremos a la isla de la Catedral, descubriremos algunos de sus edificios históricos y buscaremos los pequeños gnomos de bronce que aparecen repartidos por las calles. Una escapada que combina paseos por el casco antiguo, historia, arquitectura y algunos platos típicos de la cocina polaca.

Día 1: el centro histórico y sus rincones más curiosos

Rynek, la plaza del Mercado.

La mejor forma de empezar a conocer Breslavia es acercarse a Rynek, la plaza del Mercado. Es el corazón del casco antiguo y uno de esos lugares en los que merece la pena detenerse un rato, porque buena parte de su atractivo está en observar los edificios que la rodean. Las fachadas de colores, con sus diferentes formas y detalles, dibujan un conjunto muy llamativo (y fotogénico). En el centro destaca el antiguo ayuntamiento, un edificio gótico que es uno de los grandes símbolos de la ciudad.

Muy cerca se encuentra Plac Solny, la plaza de la Sal, que durante siglos fue un importante mercado y que hoy conserva un ambiente animado. Desde aquí podemos continuar hacia las casas de Hansel y Gretel, dos edificios estrechos unidos por un arco que parecen sacados de un cuento. También merece la pena acercarse a la iglesia de Santa Isabel, cuya torre es uno de los puntos más reconocibles del perfil urbano. Si está abierta la subida al mirador, puede ser una buena ocasión para contemplar los tejados del centro desde arriba.

Una ciudad llena de gnomos.

En este paseo conviene ir mirando también a ras de suelo. Breslavia es conocida como la ciudad de los gnomos y sus pequeñas esculturas de bronce aparecen en calles, plazas y rincones de todo el casco antiguo. No están colocadas al azar: su origen está relacionado con el movimiento anticomunista Alternativa Naranja, que en los años ochenta utilizaba dibujos de gnomos como forma de protesta. Con el tiempo, aquellos personajes se convirtieron en uno de los símbolos de la ciudad. Buscar algunos mientras recorremos el centro es una manera entretenida de descubrir detalles que quizá pasarían desapercibidos, sobre todo si viajamos con niños.

Otra parada interesante es Stare Jatki, el antiguo mercado de carne. Esta pequeña calle conserva edificios históricos y varias esculturas de animales que recuerdan la actividad que tuvo aquí durante siglos. Después podemos dirigirnos hacia la Universidad de Breslavia, junto al río Óder. Su edificio principal guarda una de las grandes joyas barrocas de la ciudad, el Aula Leopoldina, una sala ceremonial decorada con frescos, esculturas y abundantes detalles ornamentales. Si tenemos algo más de tiempo, también podemos visitar el Oratorium Marianum o subir a la Torre Matemática, que ofrece otra perspectiva del centro.

Para comer, es buen momento para probar algunos platos tradicionales polacos. Uno de los más conocidos son los famosos pierogi, unas empanadillas tradicionales que puedes encontrar con una gran variedad de rellenos, siendo los más clásicos los de carne, setas o la popular combinación de requesón y patata. Otra opción es el żurek, una sopa de sabor ligeramente ácido elaborada con harina de centeno fermentada, que suele servirse con salchicha y huevo y, en ocasiones, dentro de un pan. Vamos, algo nada ligero.

Día 2: la isla de la Catedral y el paseo junto al Óder

Los colores de Breslavia.

El segundo día podemos dedicarlo a conocer otra de las zonas más interesantes de Breslavia, la que se extiende alrededor del río y sus islas. Antes de llegar a Ostrów Tumski, merece la pena acercarse al Panorama de Racławice, uno de los museos más singulares de la ciudad. El protagonista de este espacio es un lienzo gigantesco de 360 grados que recrea la histórica contienda de 1794 entre los ejércitos de Polonia y Rusia. Al exhibirse dentro de un edificio cilíndrico y combinarse con elementos tridimensionales y efectos de luz, logra una inmersión total que se aleja por completo de la visita a una pinacoteca tradicional.

Desde allí podemos continuar hacia Ostrów Tumski, conocida como la isla de la Catedral y considerada el núcleo más antiguo de Breslavia. Aunque hoy ya no está completamente rodeada de agua, conserva un ambiente muy diferente al del centro histórico, con calles tranquilas, edificios religiosos y una arquitectura que invita a pasear con calma. La gran protagonista es la catedral de San Juan Bautista, con sus dos torres góticas. Se puede visitar su interior y, si está disponible, subir a uno de los miradores para contemplar el río y los tejados de la ciudad.

No es el único templo que merece nuestra atención. En la misma isla se encuentra la iglesia de la Santa Cruz y San Bartolomé, un edificio muy curioso porque está formado por dos iglesias superpuestas. También podemos acercarnos a la pequeña iglesia de San Gil, considerada la más antigua de la ciudad. Todo este conjunto ayuda a entender la importancia que tuvo esta zona en los primeros siglos de historia de Breslavia.

Para acceder a la isla se suele cruzar el puente Tumski, una pasarela metálica que durante años fue conocida como el puente de los candados. Las parejas acostumbraban a colocar allí un candado como símbolo de su amor y a arrojar la llave al río. Pero eso se acabó, durante la reforma del puente, que concluyó en 2020, se retiraron los candados y actualmente está prohibido colocar otros nuevos. 

Cruzando el puente Tumski.

Si podemos, conviene reservar un rato para pasear junto a las orillas del Óder y cruzar alguno de sus puentes. El agua, las pequeñas islas y las torres de las iglesias componen algunas de las vistas más características de Breslavia. Y si la visita coincide con el encendido de las antiguas farolas de gas de la isla, también podremos ver al farolero que todavía se ocupa de encenderlas manualmente. Es una de esas curiosidades que hacen que el paseo tenga algo especial.

A la hora de sentarnos a comer, podemos seguir descubriendo la gastronomía polaca. El bigos es un guiso contundente preparado con col fermentada, col fresca y diferentes carnes, mientras que el kotlet schabowy es una chuleta de cerdo empanada que suele acompañarse de patatas y ensalada. Son platos abundantes, bastante habituales en la cocina tradicional del país.

Si tienes más tiempo en Breslavia

Si disponemos de algunas horas más, podemos ampliar la visita a otros rincones de la ciudad. Uno de ellos es el barrio de las Cuatro Denominaciones, también conocido como el barrio del Respeto Mutuo. En unas pocas calles se encuentran templos católicos, ortodoxos, protestantes y judíos, un reflejo de la diversidad religiosa que ha caracterizado a Breslavia.

En esta misma zona está el antiguo Palacio Real, que fue residencia de los reyes de Prusia y hoy alberga el Museo de la Ciudad. Otra visita interesante, aunque algo más alejada del centro, es el Centro del Centenario o Hala Stulecia, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Su gran cúpula de hormigón armado fue una obra pionera de la arquitectura del siglo XX. Si viajas con niños, también puedes valorar Kolejkowo, un museo de maquetas en miniatura con trenes, edificios y escenas de la vida cotidiana.

El centro histórico se puede recorrer perfectamente a pie y, de hecho, es la mejor manera de descubrir sus calles y plazas. Para llegar a lugares algo más alejados, como el Centro del Centenario, la ciudad cuenta con una red de tranvías y autobuses que te lo pone bastante fácil. Lo más práctico es consultar las rutas y los billetes antes de subir, especialmente si tenemos previsto utilizar el transporte público varias veces durante el fin de semana.

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