Seis buenas razones para viajar en otoño (y seis destinos que lo demuestran)
Olvidémonos del verano, que el otoño ya está aquí. Y aunque la época estival suele concentrar la mayoría de los viajes, entramos en una de las mejores estaciones del año para viajar. ¿Por qué? Pues porque cambian muchas de las condiciones que entran en juego cuando organizamos una escapada.
Para empezar, bajan las temperaturas y, en muchos destinos, también lo hace la presión turística. Eso puede traducirse en menos gente, más disponibilidad y, en determinados casos, precios más ajustados. Además, el otoño trae consigo sus propias experiencias, desde la vendimia y los productos de temporada hasta paisajes que alcanzan ahora un momento especialmente bonito. Y todo ello sin tener que renunciar necesariamente a planes que asociamos con el verano.
Así que vamos a buscarle al otoño su lado más ventajoso: ¿Cuándo podemos ahorrar, dónde vamos a encontrar menos gente, qué actividades podemos hacer con temperaturas más agradables y qué lugares merece especialmente la pena visitar en esta época? Te damos seis razones para sacar partido a estos meses y algunos destinos donde disfrutarlos.
Viajar puede salir más barato
Una de las primeras ventajas del otoño tiene que ver con algo tan poco romántico, pero tan importante, como el presupuesto. Cuando termina la temporada alta, baja la demanda turística en muchos destinos y eso puede repercutir en el precio del alojamiento y de algunas actividades. No significa que todo sea automáticamente más barato, pero sí que tenemos más posibilidades de encontrar opciones más económicas que durante los meses de mayor demanda.
Además, viajar fuera de temporada permite organizar la escapada con algo más de margen. Hay más disponibilidad y podemos comparar diferentes opciones antes de decidir. Para una escapada de pocos días esto puede marcar bastante la diferencia, especialmente si elegimos destinos rurales o lugares que concentran buena parte de sus visitantes durante el verano.
- Ejemplo: la Sierra Norte de Madrid
La Sierra Norte de Madrid encaja muy bien en esta idea. Es un destino cercano para una escapada de naturaleza, con pueblos, montañas, bosques y rutas para hacer a pie. Al pasar la temporada de verano, las zonas rurales suelen tener menos demanda y es más fácil encontrar alojamiento y actividades a precios más ajustados.
Destinos con menos aglomeraciones
Aquí el otoño tiene una ventaja, y es que hay lugares que reciben tantos visitantes en verano que parte del viaje consiste en hacer cola, buscar aparcamiento, esperar para comer o compartir cada rincón con muchísima gente. Cuando llega el otoño, esa presión disminuye y el mismo destino puede disfrutarse de una manera más agradable y relajada.
No es que un lugar sea mejor o peor según la cantidad de turistas. Es simplemente una cuestión práctica. Menos visitantes significa más facilidad para moverse, visitar monumentos, recorrer pueblos, entrar en espacios naturales o improvisar un poco los planes. También suele ser más sencillo encontrar alojamiento y organizar determinadas actividades sin tener que llevar cada minuto del viaje reservado desde casa.
- Ejemplo: la Costa Brava
La Costa Brava es un buen ejemplo de un destino muy marcado por la temporada alta. Sus calas, pueblos y caminos siguen ahí cuando termina el verano, pero cambia la experiencia. En otoño podemos recorrer su litoral y combinar paseos por la costa con visitas a pueblos y espacios naturales sin encontrar la altísima concentración de visitantes de julio y agosto. Y sí, las calas siguen siendo igual de bonitas.
Las temperaturas son más agradables
El calor puede ser estupendo si lo que queremos es pasar el día en la playa, pero no tanto cuando tenemos pensado caminar por una ciudad, hacer una ruta de montaña o pasar buena parte del día visitando lugares al aire libre. En verano, las altas temperaturas pueden obligarnos a cambiar horarios, buscar sombra constantemente o renunciar a determinados planes durante las horas centrales del día.
El otoño cambia las reglas. Las temperaturas son más suaves y eso hace que muchas actividades resulten más cómodas. Podemos caminar más tiempo, recorrer un sendero, visitar pueblos o pasar varias horas descubriendo un espacio natural sin tener que estar pendientes todo el rato de cuánto calor hace. Es una de las razones por las que esta estación resulta especialmente interesante para el turismo activo y las escapadas de naturaleza.
- Ejemplo: la Sierra de Cazorla
La Sierra de Cazorla permite entenderlo perfectamente. Aquí el paisaje y las actividades al aire libre son parte fundamental del viaje, así que contar con temperaturas más llevaderas facilita disfrutar de rutas y excursiones. Los días son más aprovechables porque el calor ya no es un limitante. Además, el otoño suma el atractivo propio de un entorno natural que empieza a cambiar con la llegada de la nueva estación.
Experiencias que cobran sentido en otoño
Esta es otra diferencia importante. No todo consiste en aprovechar las ventajas que ofrece el otoño frente al verano. También hay viajes que tienen sentido porque ocurren ahora. El calendario cambia y con él aparecen actividades, productos y tradiciones que forman parte de esta época concreta del año.
La vendimia es uno de los mejores ejemplos. Durante estas semanas los viñedos están en plena actividad y el paisaje también empieza a transformarse. A esto se suma la gastronomía de temporada, con productos como las setas, las castañas o la calabaza, y diferentes celebraciones relacionadas con las cosechas y las tradiciones locales, como el magosto.
- Ejemplo: La Rioja
La Rioja es uno de esos lugares donde el otoño forma parte del propio viaje. La vendimia permite acercarse al mundo del vino en un momento especialmente interesante, conocer el paisaje de los viñedos mientras se recoge la uva y descubrir una región que cambia de aspecto con el avance de la estación. Aquí no viajamos simplemente porque hace menos calor o hay menos gente. Viajamos porque está pasando algo.
El verano no termina cuando llega el otoño
Si todavía quieres playa, tampoco tienes por qué guardar el bañador. El otoño no llega de golpe y hay zonas de España donde las temperaturas pueden seguir siendo agradables incluso bien entrado octubre. Por eso, una escapada otoñal no tiene por qué significar necesariamente montaña, bosque y chaqueta.
La costa puede ser incluso una opción especialmente interesante cuando termina el verano. Podemos seguir disfrutando del mar y de los paseos junto a la playa, pero con temperaturas más moderadas y bastante menos presión turística. Es una forma de alargar el verano, incluso con algún baño que otro si te animas, sin tener que enfrentarnos a las condiciones de plena temporada alta.
- Ejemplo: la costa de Andalucía
Desde Huelva hasta Almería, la costa andaluza ofrece muchas posibilidades para una escapada cuando el verano ya ha quedado atrás. El interés está precisamente en esa combinación de playa y temperaturas más suaves, pero también en poder disfrutar del litoral con menos visitantes que durante los meses centrales del verano. Si eres de los que todavía no están preparados para despedirse del mar, el otoño te da una prórroga antes de que llegue el invierno.
Paisajes únicos del otoño
Hay paisajes que cambian de manera evidente cuando llega esta estación y que merece la pena conocer precisamente durante esas semanas. Los bosques de hoja caduca se transforman, aparecen tonos amarillos, rojizos y ocres, y una ruta que conocemos de otra época puede parecer completamente distinta.
Está claro que cada estación tiene sus propios atractivos, pero es cierto que hay lugares donde el otoño sienta especialmente bien. Lo interesante es que la transformación del entorno se convierte en parte de la experiencia y nos da una razón concreta para viajar ahora y no dentro de unos meses.
- Ejemplo: la Selva de Irati
La Selva de Irati, en Navarra, es uno de los grandes ejemplos españoles. Sus bosques adquieren en otoño diferentes tonalidades y las rutas permiten recorrerlos mientras se produce ese cambio. Además, las temperaturas más suaves hacen que caminar por la zona resulte mucho más cómodo que en pleno verano. Si buscas un viaje en el que el propio paisaje sea el motivo principal, aquí el otoño hace que la visita merezca mucho más la pena que en otros momentos del año.