La ruta de los Castillos del Vinalopó: de Elche a Castalla de fortaleza en fortaleza
El interior de Alicante guarda una de esas sorpresas que muchas veces quedan fuera de los grandes itinerarios por la provincia. Mientras la costa concentra buena parte de los viajes y el turismo, hacia el interior el paisaje cambia y el valle del Vinalopó se convierte en un territorio de sierras, viñedos y pueblos con siglos de historia. Pero no solo eso. Aquí, siguiendo el curso del río, se conserva además una importante colección de castillos, torres y antiguas fortificaciones que permiten recorrer buena parte de la historia medieval de la zona.
La explicación está en la propia posición del valle. Durante la Edad Media fue un territorio fronterizo y estratégico, primero bajo dominio musulmán y después entre los reinos cristianos de Castilla y Aragón. Las fortalezas se levantaron precisamente para controlar caminos, poblaciones y pasos entre unos territorios y otros. En 1244, el Tratado de Almizra fijó parte de esa frontera y dejó a Villena en manos castellanas y a Biar dentro de la Corona de Aragón, una división que ayuda a entender la concentración de fortificaciones que encontramos a lo largo de esta ruta.
Hoy, seguir la Ruta de los Castillos del Vinalopó permite convertir todo ese patrimonio en un viaje por el interior de Alicante que se puede hacer en varios días. El recorrido pasa por localidades como Elche, Novelda, Petrer, Sax, Villena y Biar, y continúa hacia el interior hasta Banyeres de Mariola y Castalla. Por medio aparecen grandes fortalezas, torres de vigilancia y algunos restos más modestos, pero también cascos históricos, paisajes de montaña y otros lugares que hacen que el viaje vaya mucho más allá de visitar un castillo detrás de otro.
Una ruta para recorrer el Vinalopó en varios días
La ruta suma algo más de 100 kilómetros y atraviesa distintos municipios siguiendo el eje del valle. Aunque algunos de sus principales castillos están muy cerca entre sí, lo más interesante es plantearla como una escapada de varios días, combinando las fortalezas con las visitas a cada localidad. Básicamente, porque sí, podrías recorrer ese centenar de kilómetros en un solo día, pero la idea es que vayas parando, descubriendo y visitando todo lo que te vas a encontrar por el camino.
Como es lógico, no todos los conjuntos se encuentran en el mismo estado. Algunos conservan buena parte de sus estructuras y han sido restaurados, mientras que en otros apenas quedan torres, murallas o restos arqueológicos. Esa variedad también forma parte del recorrido y permite entender cómo fueron cambiando estas construcciones con el paso de los siglos.
De Elche a Novelda, las primeras fortalezas
La ruta puede comenzar en Elche. Aquí el protagonista es el Palacio de Altamira, junto al Vinalopó y en el entorno del antiguo recinto amurallado. La fortaleza conserva elementos de distintas etapas y su Torre del Homenaje es uno de los elementos más destacados. Hoy acoge el Museo Arqueológico y de Historia de Elche. La visita permite además acercarse al Palmeral y a otros restos de la antigua ciudad amurallada, como la Torre de la Calahorra.
La siguiente parada es Aspe, donde el Castillo del Río conserva los restos de una fortificación de origen árabe levantada entre los siglos XII y XIII. Las excavaciones arqueológicas han permitido conocer mejor el recinto, aunque hoy predominan los vestigios de murallas y torres. Es un buen ejemplo de cómo la ruta combina grandes castillos con enclaves de los que se conserva mucho menos.
Muy cerca aparece Novelda y su Castillo de la Mola, levantado sobre una colina a unos kilómetros del casco urbano. Su origen se remonta a época islámica y conserva varios elementos defensivos, entre ellos una singular torre de planta triangular construida durante la etapa cristiana. La visita se puede completar con el cercano Santuario de Santa María Magdalena y con el patrimonio modernista del centro de Novelda.
Monóvar, Elda, Petrer y Sax
En Monóvar el castillo se encuentra sobre una colina en la que también se han localizado restos de épocas anteriores. La fortaleza almohade, de finales del siglo XII o comienzos del XIII, conserva parte de sus estructuras defensivas y una torre restaurada. Desde aquí merece la pena acercarse al casco histórico, donde destacan la ermita de Santa Bárbara y la torre del reloj.
Los siguientes kilómetros concentran dos castillos muy próximos. En Elda, la fortaleza de origen islámico fue transformándose con el tiempo en castillo feudal y residencia señorial. El recinto conserva murallas, torres y restos de distintas épocas, fruto también de los trabajos arqueológicos y de restauración realizados en las últimas décadas.
En Petrer, el castillo ocupa la parte alta de la localidad y mantiene dos espacios diferenciados. La alcazaba superior reunía la torre y las dependencias principales, mientras que el recinto inferior estaba protegido por una muralla de tapial. Una de las curiosidades de esta visita son las casas-cueva excavadas en la propia muralla, que permiten acercarse a una forma de vida muy distinta a la de las estancias señoriales de otros castillos.
La siguiente parada es Sax, cuyo castillo se levanta sobre un peñasco de unos 500 metros de altitud y domina todo el entorno. Su origen almohade explica buena parte de la estructura actual, aunque fue reformado posteriormente. Destacan la torre de origen musulmán, la Torre del Homenaje y la cisterna, además de la posición estratégica que permitía controlar el valle y las antiguas vías de comunicación.
Villena y Biar, dos de los grandes castillos del recorrido
En Villena encontramos una de las fortalezas más importantes de la ruta. El Castillo de la Atalaya tiene origen islámico y fue ampliado y transformado después de la conquista cristiana. Su elemento más destacado es la Torre del Homenaje, dividida en cuatro plantas. Las dos inferiores conservan las características constructivas de época almohade, mientras que las superiores corresponden a la etapa cristiana.
El castillo forma parte del paisaje del casco antiguo de Villena, que merece una visita más allá de la fortaleza. También se pueden conocer los restos del Castillo de Salvatierra y edificios como las iglesias de Santiago y Santa María.
A unos kilómetros, Biar conserva otro de los castillos más representativos de la ruta. Se encuentra sobre un cerro y cuenta con un doble recinto amurallado alrededor de una Torre Maestra de unos 19 metros de altura. El origen musulmán del conjunto se aprecia especialmente en sus sistemas constructivos y en una de sus bóvedas de tradición almohade. Después de la fortaleza, merece la pena bajar al casco histórico para conocer la iglesia de Santa Ana y el antiguo acueducto.
Camp de Mirra y Beneixama
En Camp de Mirra quedan pocos restos del Castillo de Almizra. De la fortaleza permanece principalmente una torre de planta cuadrada integrada junto a la ermita de San Bartolomé. Aunque es una parada breve dentro de la ruta, ayuda a entender la importancia estratégica que tuvo este pequeño municipio.
Muy cerca, en Beneixama, la Torre Atalaya es el principal vestigio defensivo. Es una construcción medieval de también planta cuadrada que nació como elemento de vigilancia y control, pero que con el tiempo perdió su función militar. Hoy se encuentra integrada en el entorno urbano y el paisaje de huertas, olivos y viñedos completa la visita.
Banyeres de Mariola y el castillo de Castalla
La ruta entra después en un entorno más montañoso con Banyeres de Mariola, donde el castillo corona la localidad a unos 830 metros de altitud. La fortaleza tiene origen almohade y una planta irregular adaptada al terreno, con doble recinto, murallas, aljibe y Torre del Homenaje. Su posición permite entender perfectamente por qué este tipo de emplazamientos fueron tan importantes para controlar el territorio.
El recorrido termina en Castalla, cuyo castillo se levanta sobre un cerro y conserva un conjunto formado por tres espacios principales: el Palau, el Pati d'Armes y la Torre Grossa. La fortaleza tiene origen musulmán, aunque fue profundamente reformada durante los siglos XIV y XV. En el recinto todavía se pueden distinguir murallas, estancias, un gran aljibe y diferentes estructuras residenciales. Y desde la Torre Grossa, que domina la Foia de Castalla, nos despedimos de esta ruta que nos habrá llevado por algo más de un centenar de kilómetros del interior de Alicante.