Veinte cerdos por habitante: la provincia de Huesca dobla a la segunda con mayor cabaña porcina del país, que es Teruel
Por cada persona que reside en la provincia de Huesca, hay algo más de veinte cerdos que comparten territorio con ella. La proporción sitúa al territorio altoaragonés a la cabeza de España, según el análisis publicado por DatazoMundo a partir de la encuesta de ganado porcino del Ministerio de Agricultura y las cifras de población del Instituto Nacional de Estadística. Sus 4.766.794 animales, estimados en mayo de 2026, equivalen a 2.045,75 por cada cien habitantes.
Y es que la distancia con las siguientes provincias es amplia. Teruel registra 1.069 cerdos por cada cien residentes —equivalente a unos diez animales por vecino— y Lleida, 954,81. Segovia y Soria completan las cinco primeras posiciones con 676,99 y 57,24, respectivamente. Para el conjunto de las cincuenta provincias incluidas en el análisis, la proporción es de 67,01 animales por cada cien habitantes.
Huesca también encabeza el volumen absoluto de animales de la tabla, por delante de Lleida y Zaragoza. Reúne el 14,39% del censo porcino analizado, aunque sus residentes representan apenas el 0,47% de la población de estos territorios. Su posición responde, por tanto, a la combinación de una elevada concentración ganadera y una ausencia de población.
El nitrógeno y la capacidad de los cultivos
Para valorar la presión ganadera, “el mejor indicador es el nitrógeno generado por superficie agrícola disponible”, explica María Ángeles Lorenzo, investigadora del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). Para interpretarlo, añade, hay que considerar los cultivos, su producción y si se trata de secano o regadío.
No tiene las mismas necesidades un cereal de secano en Los Monegros que otro en la Hoya de Huesca o una parcela de regadío. “Cuanto mayor es la producción y mayor la superficie de cultivo, mayor es la demanda de nitrógeno”, señala. Por eso, contar animales por vecino ayuda a visualizar la especialización productiva, pero resulta insuficiente para determinar si existe un excedente de nutrientes.
Lorenzo recuerda que Aragón dispone de indicadores (el índice de saturación o IS) para relacionar el nitrógeno generado por las granjas con la superficie agrícola y detectar sobrecargas. Considera necesario actualizar esos cálculos y ajustarlos a las características de los cultivos y a los límites de fertilización aplicables en cada zona.
“En las zonas donde el IS es elevado no se permite la ampliación o instalación de nuevas granjas. Existen varios municipios en Aragón en los que se identifica esa sobrecarga ganadera y por lo tanto presentan limitaciones”, indica la investigadora.
“Este índice se debería adecuar a cada territorio”, añade, porque una superficie de viñedo y otra con doble cosecha de cereal de invierno y maíz no pueden valorarse de la misma manera, porque sus necesidades y cantidad de nitrógeno son diferentes.
El biogás aprovecha el metano, pero mantiene los nutrientes
La gestión de los purines tiene también una dimensión económica. Eva Herrero, investigadora del CITA, advierte de que “no se puede establecer un dato único de referencia” sobre la distancia a la que resulta viable transportarlos para utilizarlos como fertilizante.
Influyen su concentración en nitrógeno, el consumo de agua y el manejo dentro de la explotación, la capacidad de las cisternas y las necesidades del cultivo receptor. Cuando se transporta un producto previamente procesado, también deben contabilizarse los costes de ese tratamiento.
Otra de las opciones es la “digestión anaerobia” para obtener biogás. Herrero explica que permite recuperar el metano del purín fresco y aprovecharlo energéticamente, evitando su emisión. Cuanto menos tiempo permanece almacenado en las naves, mayor es el potencial de recuperación.
El proceso genera “un fertilizante más estable y con menos olor”, pero conserva los nutrientes. Según Herrero, la concentración de nitrógeno, fósforo y potasio del material resultante es igual o muy similar a la del purín de entrada.
“La superficie agrícola necesaria para la gestión adecuada del digerido como fertilizante es la misma que para el purín bruto”, precisa Herrero. Si se añaden otros sustratos que incrementan la cantidad de nutrientes, también será necesaria más superficie de cultivo para aprovecharlos bajo criterios agronómicos.
Las investigadoras Dolores Quílez y Eva Herrero del CITA aportan resultados de técnicas destinadas a reducir las emisiones durante la fertilización. En los proyectos LIFE ARIMEDA e IMECO han observado reducciones de amoniaco de hasta el 60 % con fertirriego mediante pívot y del 90 % con goteo enterrado en maíz, frente a prácticas que combinan purín bruto como abonado de fondo y fertilizante mineral en cobertera. Son resultados referidos a esas técnicas en concreto.
Una actividad que va de los piensos a la industria cárnica
La dimensión económica del porcino supera el trabajo de las explotaciones. El informe ‘Coyuntura del sector porcino aragonés en 2022’, publicado por el Gobierno de Aragón, describe una cadena que conecta la fabricación de piensos, la construcción de instalaciones, los servicios veterinarios, el transporte, los mataderos y la transformación y distribución de la carne.
El Departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación ha facilitado a elDiario.es una actualización de algunos indicadores del documento: Aragón cuenta en 2026 con 4.235 explotaciones porcinas, 10.023.410 plazas de cebo, transición y “cebo vida”, y otras 632.823 plazas reproductoras.
Estas cifras corresponden al conjunto de la comunidad aragonesa y representan capacidad de alojamiento, una magnitud diferente de los animales presentes en una fecha concreta que estima la encuesta del ministerio y con la que se elabora la comparación provincial.
El departamento sitúa el trabajo en las granjas porcinas aragonesas en 5.872,5 unidades de trabajo humano (UTH), equivalentes a dedicaciones a jornada completa, y actualiza con esa cifra la estimación del conjunto de la cadena hasta las 21.706,5 UTH, manteniendo para las demás actividades los valores del informe publicado en 2022.
La metodología equipara cada unidad al trabajo de una persona contratada a jornada completa o a 1.920 horas anuales en el caso de un autónomo, y contabiliza proporcionalmente las dedicaciones parciales. No constituye, por ello, un recuento de personas empleadas ni una nueva medición completa de todas las actividades del sector en 2026.
El informe publicado en 2022 ya recogía entre sus debilidades la concentración de granjas en municipios declarados vulnerables a la contaminación de nitratos. Entre las actuaciones propuestas figuraba una moratoria para crear o ampliar explotaciones en comarcas ambientalmente saturadas.
Asaja cuestionó la ampliación de las zonas vulnerables
La delimitación de zonas vulnerables por nitratos ha generado oposición dentro del sector. Asaja Huesca manifestó en mayo su rechazo a la propuesta de ampliación y advirtió de mayores costes y dificultades para gestionar los purines y la fertilización. La organización reclamó que la protección ambiental tuviera en cuenta la viabilidad de las explotaciones y sus inversores.
Asaja Huesca aseguraba que “en algunas comarcas aragonesas el aumento de zonas vulnerables es del 65%” y pedían al Ejecutivo aragonés escuchar al sector y que se tengan en cuenta “criterios técnicos, económicos y sociales” para compatibilizar la protección medioambiental y la viabilidad de las explotaciones ganaderas.
La declaración de zona vulnerable obliga a aplicar un programa específico para prevenir y reducir la contaminación de origen agrario, con condiciones sobre las cantidades de fertilizante, los periodos de aplicación y el almacenamiento de estiércoles. La controversia afecta así a dónde y en qué condiciones pueden aprovecharse los nutrientes que genera la actividad ganadera.
Lorenzo destaca la importancia de estos programas autonómicos, que determinan cuánto nitrógeno puede recibir cada cultivo atendiendo a su tipología, producción, condiciones agroclimáticas y al fertilizante empleado. También señala que “la superficie de zonas vulnerables se ha ampliado en total un 6% y ha cambiado la metodología de delimitación”.
Para ello, se han aplicado criterios físicos y técnicos teniendo en cuenta la cuenca de aportación de los ríos y la superficie de recarga de los acuíferos que muestran afección, así como las zonas de elevadas presiones, carga ganadera e intensidad de cultivos. Anteriormente, “se aplicaban criterios administrativos y se incorporaban los términos municipales completos con puntos de control afectados, independientemente del lugar de origen de la contaminación”.
Los nitratos pueden seguir llegando al agua “durante años”
Los problemas de los nitratos también han alcanzado a los abastecimientos de dos núcleos del municipio de Huesca. En Cuarte se comunicó una restricción al consumo en septiembre, y el día 15 la alcaldesa, Lorena Orduna, anunció que los análisis habían resultado satisfactorios después de reparar la desnitrificadora. En Huerrios, el Ayuntamiento comunicó el exceso de nitratos el 24 de septiembre y anunció el levantamiento de las restricciones el 27 de octubre.
Estopiñán del Castillo, en la Ribagorza, también tuvo que adoptar medidas este verano tras detectar nitratos por encima de los límites legales en el agua de consumo durante el mes de septiembre. El Ayuntamiento tuvo que instalar un filtro de ósmosis inversa en un punto de suministro público para garantizar el acceso al agua potable.
Las respuestas de las investigadoras explican cómo puede producirse esta contaminación, aunque no identifican el origen concreto. Lorenzo señala que el nitrógeno de los fertilizantes orgánicos e inorgánicos experimenta transformaciones en el suelo y puede quedar disponible como nitrato. Cuando no lo absorben las plantas, existe el riesgo de que las lluvias o un exceso de riego lo arrastren hacia capas más profundas.
Antes de alcanzar un acuífero puede permanecer en la zona situada entre el suelo y el nivel freático, fuera del alcance de las raíces. “En esa zona puede quedarse almacenado durante años e incluso décadas”, explica.
La recuperación depende de las características del suelo y del acuífero, las precipitaciones y usos del territorio. Lorenzo cita modelizaciones para los aluviales del Ebro que calculan más de diez años para recuperar concentraciones naturales en escenarios sin aplicación de nitrógeno; una estimación que no debe trasladarse automáticamente a otros acuíferos.
El tiempo introduce una dificultad para proteger los abastecimientos, dejar de aportar nitrógeno no elimina inmediatamente el acumulado. Como resume Lorenzo, “podría darse el caso de que incluso si dejáramos una zona sin abonar durante años, el acuífero seguiría recibiendo nitratos”.
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