Ordesa se resigna a oleadas puntuales de turistas: “El éxito de un parque nacional no solo se mide por cuánta gente lo visita”
Antes de las ocho de la mañana, el acceso a la Pradera de Ordesa ya había alcanzado su límite. Durante el puente del Pilar, la concentración de visitantes obligó a restringir la entrada por carretera en dos jornadas consecutivas. La escena, recogida en imágenes y videos por los turistas, dejó al descubierto la distancia entre el atractivo turístico del parque y la capacidad para anticipar y ordenar su demanda. Asimismo, sitúa sobre la mesa una pregunta que el recuento anual no resuelve: cómo valorar el éxito de un parque nacional cuando su atractivo genera una presión que obliga a limitar el acceso.
La restricción de la carretera a los vehículos particulares no supone el cierre de todo el sector Ordesa del Parque Nacional, pero los episodios de saturación en la parada de autobús de recogida de visitantes demuestran que la afluencia no termina en verano. “La buena gestión de un parque nacional, a lo mejor, no radica tanto en el número de visitantes”, plantea la bióloga y divulgadora Lorena Escuer. Acumular cientos de miles de entradas, sostiene, puede ser “un reflejo de presión” antes que una medida del valor ecológico del espacio.
Las estimaciones del Departamento de Medio Ambiente y Turismo del Gobierno de Aragón sitúan en unos 300.000 los visitantes recibidos por el conjunto del parque durante julio y agosto de 2026. Son cifras similares a las de años anteriores, con un pequeño incremento respecto a 2025, según los datos facilitados.
La Consejería explica que en la última década las visitas han rondado las 600.000 anuales, de modo que esos dos meses concentran casi la mitad de la afluencia. En el balance de 2025 presentado por el Patronato, la cifra fue de cerca de 670.000 visitantes, casi un 3% más que el año anterior. El sector de Ordesa encabeza las visitas, seguido de Pineta.
Ese volumen describe la demanda, pero no basta para conocer cómo se distribuye la presión. “No es tanto, a lo mejor, el número de visitantes a largo del año, sino el número concreto de días en el que la masificación se produce”, señala Escuer, ya que una cifra anual puede reunir situaciones de jornadas tranquilas y otras en las que el acceso esté al límite.
La huella del turista
Preguntado por lo que más preocupa de la presión turística, fuentes del Departamento señalan “la posible pérdida de la calidad en la visita”. Sobre los ecosistemas, sostienen que la afección “es difícil de medir” y que no debería producirse “siempre que se respete la capacidad de acogida”.
“La cuestión es cómo vamos a desarrollar nuestra actividad y nuestro comportamiento en estos entornos”, advierte Escuer. Y es que salirse de un sendero, pisar repetidamente las raíces de un árbol o recorrer el monte con un altavoz son conductas que la divulgadora menciona para explicar cómo puede alterarse un espacio natural. El paso por fuera de las zonas preparadas para caminar provoca “erosión, compactación del suelo y cambios en la infiltración del agua de lluvia”. También señala las molestias que el ruido puede causar a la fauna, sobre todo en momentos como la reproducción.
No son ejemplos de daños concretos comprobados en Ordesa, sino afecciones que las conductas y acumulación de impactos pueden acompañar a las visitas. “Disfrutar de la naturaleza no es solo un privilegio. Si no aprendemos a comportarnos, realmente acabamos destruyendo aquello que estamos buscando, que es salud y conexión”, explica Escuer.
Un plan casi terminado
“No sé si se está promocionando por encima de la capacidad, pero si realmente se está promocionando tanto, a lo mejor hay que cambiar la gestión”, reconoce Escuer. La bióloga propone facilitar la reserva del acceso por internet para que los visitantes puedan organizarse antes de desplazarse. Saber de antemano si podrán entrar evitaría parte de las colas, según Escuer, y la concentración de personas en Torla sin tener garantizada su visita.
La propuesta coincide con una de las herramientas que el propio Gobierno aragonés anuncia, aunque no fijan a partir de cuándo podrá utilizarse, Según el departamento de medio ambiente, la revisión del Plan de Movilidad Sostenible está “prácticamente” concluida y trabajan en concretar la dotación presupuestaria para 2027. El documento incorpora “aportaciones de los municipios del entorno” y contempla regular aparcamientos, mejorar la información sobre su ocupación, habilitar reservas y compra anticipada por internet y reforzar el transporte colectivo.
Si bien son medidas relacionadas con los problemas que afloran en las jornadas de mayor demanda, no se conoce cuándo se traducirán en cambios reales para los municipios que soportan esa afluencia. En el sector de Ordesa, además, se trabaja para mejorar la organización del autobús lanzadera entre Torla y la Pradera para gestionar los flujos y reducir la dependencia del vehículo privado.
El departamento subraya además que el control del aforo “no depende exclusivamente del parque” y requiere coordinación con otras administraciones, especialmente los ayuntamientos.
Más plazas para una demanda que busca espacio
La presión turística también tiene una expresión fuera de los límites del espacio protegido. Según ha avanzado 'Heraldo de Aragón', la empresa Sanzlera promueve en Torla un aparcamiento de pago para unas 80 o 90 autocaravanas, con una inversión prevista de 400.000 euros en su adecuación.
El proyecto se encuentra en evaluación ambiental y sus promotores aspiran a abrirlo el año que viene. Se plantea sobre una parcela de unos 25.000 metros cuadrados utilizada como prados para ganadería extensiva. Óscar Lera, responsable de la promotora, justifica la iniciativa por la saturación de autocaravanas en los pueblos del entorno y asegura que “hay muchísima demanda debido a esa masificación”. La instalación prevé servicios de abastecimiento y vaciado de depósitos.
La propuesta busca ordenar una demanda existente, aunque todavía debe superar la tramitación ambiental. También muestra cómo la afluencia genera nuevas necesidades de espacio y servicios alrededor del parque, pero la cuestión es cómo encajar esas instalaciones en el modelo de movilidad y conservación del conjunto del entorno.
¿Qué merece considerarse un éxito?
Escuer observa además el papel de las redes sociales en la elección de los destinos. Ordesa tiene una enorme riqueza natural, pero también es “muy fotografiable”, por lo que parte de quienes lo visitan “buscan capturar una foto” antes que una experiencia de conocimiento e inmersión en la naturaleza.
Frente al protagonismo del recuento de entradas, la divulgadora propone aprovechar los estudios que se realizan en el parque para comunicar su riqueza y su evolución: “Cuántas especies de animales, insectos o plantas han aumentado, cómo han variado y qué revela ese seguimiento sobre su conservación”.
También considera relevante la participación en rutas guiadas, talleres o actividades educativas, porque quienes acuden a ellas muestran interés por el entorno “desde el conocimiento y, por tanto, el respeto”.
“Acumular cientos de miles de visitantes a largo del año es un reflejo de presión más que de potenciar la riqueza del parque, que creo es lo que deberíamos potenciar. Habría que sacar pecho y presumir de lo que realmente nos merece la pena”, concluye Escuer.
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