La factura del odio a Sánchez
El PP, lanzado de lleno a la campaña electoral -es de facto campaña-, ofrece una regresión histórica en derechos y libertades a cambio solo de disfrutar de todo el odio a Pedro Sánchez que es capaz de generar. No sabemos ya si el espécimen que preside Argentina vino a enseñar nuevos improperios a sus correligionarios españoles o aprender más aquí. Ayuso, tras un estruendoso abrazo provocador, estuvo de acuerdo con los insultos que Milei le había dedicado al presidente de nuestro país y el suyo. Añadió que “a la democracia española le quedan horas contadas y que ”no va a quedar nada“ -con este gobierno por supuesto-. El PP de Madrid escribió con el acrónimo de PSOE, ”parásitos, sinvergüenzas, okupas y estafadores“. La portavoz Ester Muñoz volvió a sacar la historia del presunto prostíbulo familiar en plan bastante repugnante. Les montaron unos vídeos falseando imagen y voz con IA para volver a atacar a Begoña Gómez. Y nadie salió a defender al presidente español de los insultos de Milei. Nadie. Rollán, presidente del Senado, permaneció callado mientras disparaba su virulencia el argentino. Por este camino, además, el mes largo que queda hasta el 29N se nos va a hacer insufrible.
Feijóo ha aportado mucha más concreción de sus planes en una entrevista en la Cadena Ser. Una vez más, sin embargo, ha salido muy trasquilado de ella porque realmente la pifia casi cada vez que habla. Confirma, eso sí, el retroceso histórico que piensa imprimir de corte ultraconservador... si llega a ser presidente. Eliminará el Ministerio de Igualdad, dice. Él es feminista “por haber crecido con mujeres”, argumenta para mofa general, lo que le ha llevado a soltar otra sarta de insultos a Sánchez, impropia de un candidato a la presidencia del gobierno. Escribir en X una cadena de insultos y acusaciones, retuiteada por su partido y varios colaboradores, ha reflejado desesperación. Calidad humana infima al coronarla con la acusación de que Sánchez ha echo su “carrera política con el dinero de la prostitución”. Tremendo para un aspirante a presidir el gobierno.
Sigamos. Feijóo reabre también el debate sobre el derecho al aborto y a la eutanasia, coincidiendo plenamente con Vox. Está de acuerdo con censurar la cultura si, según ellos, tiene “sesgos ideológicos”, como ha hecho ya el gobierno de Castilla y León. De programas aplicados por la pareja gobernante en Andalucía, destaca prohibir la investigación sobre los errores en el cribado del cáncer de mama. O expulsar emigrantes. Ya.
El Salario Mínimo lo revalorizará -dice Feijóo- si está de acuerdo la patronal. Siempre se opone, por cierto. Así que subir el Salario Medio, competencia exclusiva de los empleadores, como sugiere él, es una pura entelequia. No sabe o no quiere saber que el SMI no tributa, como no lo hacen las rentas más bajas, y ha patinado en ese punto de la entrevista también con gran eco mediático. Ha contestado, además, al Sr. Aimar, como ha llamado al periodista Aimar Bretos, sobre esa cuestión: “Las pensiones nadie las discute en España ¿por qué a usted le preocupa?” ya para rematar.
Todo el discurso de Feijóo para ganar las elecciones está basado en el relato apocalíptico que hace de la gestión del Gobierno. No se cree las cifras, no se cree la viabilidad de las pensiones, nada… Sabe más que todos los organismos internacionales que han certificado la buena marcha y la solidez de la economía española.
El FMI y la OCDE dicen en sus informes que es la economía europea más dinámica. El 2,5% de su crecimiento supone más del doble del que tiene la zona euro (1,1%). Destacan “la resiliencia del consumo interno, la fuerte creación de empleo y el impulso de las inversiones”. La Comisión Europea también certifica el momento expansivo de nuestra economía. The Economist, en sus clasificaciones anuales macroeconómicas sobre los países de la OCDE, ha llegado a colocar a España en el puesto número uno “por su rendimiento combinado en indicadores como el PIB, el empleo y la evolución del déficit pública”.
Parece ser que el Sr. Alberto, Don Núñez Feijóo, sabe más. Sabe sobre todo de lo que quieren hacer él, su partido, sus socios y patrocinadores con esa jugosa economía a aumentar en recortes a los ciudadanos.
Por supuesto que ese crecimiento y estabilidad han de volcarse mucho más en la sociedad, pero si alguien cree que un gobierno PP/Vox lo va a hacer, no pisa el suelo. Sin embargo, no parece ser ese el factor que más influya en el voto a esta derecha-ultra-derecha, sino el odio a Sánchez, fomentado con muchas insidias por la derecha y sus medios. O con las precisas incursiones del Tribunal Supremo que envía mensajes amenazadores como este hoy mismo: El Supremo pide al Gobierno la lista de 160.000 nacionalizados con la ley de nietos y advierte de su “responsabilidad penal”. ¡Advierte sobre su responsabilidad penal!
La entrevista en La Revuelta a Pedro Sánchez con David Broncano ha marcado récords de audiencia, un 33,9% de cuota, máximo histórico del programa y anual de los espacios no deportivos, con más de 4.400.000 de espectadores de media, pero las plumas destacadas de la bulosfera no han encontrado en ella nada positivo. Renuncio a repetir ni palabra de unos textos con tan poca talla y tal cantidad de prejuicios. Por cierto, Feijóo está invitado también pero no irá por miedo a quedar en ridículo, máxime después de la fallida entrevista de este viernes. Aunque, David Broncano no deja de insistir en que no es periodista. Ciertamente: hace un programa de entretenimiento, pero sí tiene curiosidad y criterio. A menudo es hasta ingenuo.
Votar a esta derecha que se propone una regresión histórica solo por el odio a Sánchez (a los rojos, a los zurdos), nos va a destrozar la vida en derechos y libertades a millones de españoles. No hay ni un argumento sólido que indique que con un gobierno PP/Vox mejorará la vida de los ciudadanos.
“Mi primer objetivo es que Sánchez se vaya del Gobierno” ha asegurado Feijóo con una rara sinceridad en él. Pues bien, “el primer objetivo de todo demócrata progresista viendo las circunstancias reales que concurren es que PP y Vox no formen Gobierno”. Informar, informarse, y votar ayuda.
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