Manuel Avellanas, uno de los mayores referentes en medicina de alta montaña en España: “Jamás cobraría un rescate”
Antes de viajar a los Andes y al Himalaya, Manuel Avellanas Chavala (Huesca, 1952) nadaba en el pantano de Arguis y empezaba a descubrir la montaña de la mano de Peña Guara. Después llegaron casi 40 años de trabajo en cuidados intensivos, la mayoría en el Hospital San Jorge de Huesca, donde creó y dirigió la Unidad de Congelaciones y Patologías de Montaña. Médico en expediciones, impulsor de formación universitaria en medicina de montaña y de la medicalización del rescate en Aragón, la Federación Aragonesa reconoce su trayectoria con el Premio Federación.
Vicepresidente de Peña Guara y responsable de Salud y Prevención de la FAM, Avellanas defiende que nadie retrase una llamada de auxilio por miedo a pagar, reclama campañas estatales de prevención y critica la desaparición de la unidad de congelaciones del San Jorge.
¿Cómo se encontraron en su vida la medicina y la montaña?
Fue antes la montaña, por supuesto. Y antes que la montaña, la natación. Yo fui nadador, campeón de Aragón. Pero cuando tenía nueve años iba al pantano de Arguis, al lado de Huesca, a una travesía por el pantano que organizaba Peña Guara con el Club de Natación de Huesca. A partir de ahí también empecé a hacer montaña. Después estudié Medicina, hice la especialidad de cuidados intensivos, medicina intensiva, pero como tenía amigos que estaba en Peña Guara y con la montaña mezclé las dos aficiones.
Ha trabajado en cuidados intensivos y como médico de rescate, además de acompañar expediciones, ¿qué le enseñó la montaña que no había aprendido en una UCI?
R: Muchas cosas y muchas patologías. Es más, mi experiencia en intensivos me sirvió para la medicina en montaña, fue al revés. Por ejemplo, para el tratamiento de congelaciones aplicamos un tratamiento muy novedoso aquellos años, fue en el año 2000. Antes, se utilizaba para infarto agudo de miocardio, pero la fisiopatología en la génesis del congelamiento es la misma que la del infarto, y eso hizo que salváramos muchísimos dedos de pies y manos.
Has participado también en expediciones de alta montaña. Cuando el paciente también es tu amigo o un compañero de expedición, ¿cómo cambia la responsabilidad del médico?
R: Estás acostumbrado a tratar a pacientes y entre los que has tratado ha habido amigos o padres de amigos, te pones profesional. No puedes ir con tonterías. Tienes que decir las cosas como son y ponerte serio para hacer el tratamiento como hay que hacerlo.
Participó en la puesta en marcha del rescate medicalizado en Aragón, ¿qué cambió para los accidentados cuando el médico empezó a llegar hasta ellos?
Cambio totalmente. De la noche al día. En mis tiempos libreas colaboraba con la Guardia civil y, a veces, me llamaban para algún problema que tenían en algún rescate o accidente grave que había podido complicarse, sobre todo con la unidad de helicópteros. Después, surgió en 1995 la posibilidad de establecer con la Universidad de Zaragoza y el Doctor Morandeira una formación universitaria sobre medicina de auxilio y rescate en montaña. Así nacieron los primeros Cursos Universitarios de Especialización en Medicina de Urgencia en Montaña (CUENUM). A partir de ahí, se formaron las primeras generaciones de médicos con un máster de especialidad en medicina de montaña. Esos médicos fueron los primeros que se integraron en los servicios de rescate de la Guardia Civil. A partir de 1999, los médicos volaban con la Guardia Civil y el GREIM. Piénsalo. La presencia de un sanitario que calme el dolor de una persona con una pierna o una cadera rota que la tienen que mover. Solamente eso, es otro mundo.
¿Qué carencias ve hoy en la atención sanitaria de los accidentes de montaña en Aragón?
No veo carencias en estos momentos. Lo que veo, y se acabará imponiendo, es la imposibilidad actual de hacer rescates nocturnos por el tema del helicóptero. Creo que con el tiempo se acabará imponiendo la tecnología para el rescate nocturno y entonces ya no solo se estará medicalizado de sol a sol, sino las 24 horas del día.
En la información sobre accidentes de montaña aparece mucho la palabra ‘imprudencia’. ¿Qué opina sobre cobrar los rescates?
He visto muchas cosas y yo jamás cobraría los rescates en montaña. Entre otras cosas, porque he visto a gente casi morirse por el culebrón de todos los veranos diciendo que se cobraban los rescates. Gente se pensaba que se cobraba no querían pedir auxilio en montaña. Hubo uno que hasta se vendió el coche para poder pagar el rescate que decían costaba 200.000 euros. Tenía una fractura de cadera y estaba con hipotermia muriéndose. Aparte, rescates no se cobran ni en Estados Unidos. En Cataluña intentaron cobrar los rescates de montaña y ahí están. En Francia no se cobran los rescates de montaña. En Alemania no se cobran los rescates de montaña. En Suiza hay ocasiones en que el rescate es privado y, en ese caso, sí lo cobran. Pero en la inmensa mayoría del mundo, el rescate de montaña no se cobra. Otra cosa sería que un juez estableciera que ha sido una imprudencia y le multara. Pero eso es otra cosa diferente a lo que estamos hablando.
En el Hospital San Jorge de Huesca impulsó una unidad dedicada a las congelaciones y patologías de montaña, ¿qué hizo falta para desarrollarla desde Huesca y qué necesita para tener continuidad?
Estaba inicialmente en Zaragoza, en el Clínico como hospital público. Lo que hacía falta era voluntad política. Entonces nos reunimos Modesto Pascau, Manolo Bara y yo con el entonces vicepresidente, Roberto Bermúdez de Castro, y con el consejero de Sanidad, Ricardo Oliván, y planteamos dos problemas. Uno, los CUENUM habían desaparecido y no iba a haber recambio para los médicos que hacían rescate en montaña. Si desaparecen los cursos no había nada. Y otro, que había desaparecido la unidad de congelación que estaba en el Clínico. Nos reunimos con ellos, lo entendieron perfectamente y de ahí salimos con que los cursos se iban a reanudar con el nombre de Máster en Medicina de Urgencia en Montaña en el Campus de Huesca y que se iba a quedar en el Hospital San Jorge de Huesca la unidad de congelaciones y patologías de montaña. Fue la colaboración desinteresada de una serie de médicos que queríamos sacar eso adelante y el apoyo público, que tuvimos desde el primer momento, que hizo que se pudiera poner en marcha esa unidad. Fue única en España, no había otra igual en un hospital público y atendíamos a españoles y de otras partes del mundo nos mandaban congelados. La situación actual es que en el Hospital San Jorge de Huusca, y por decisiones políticas, ha desaparecido la unidad. La están intentando montar, no sé si ya está montada, en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Es una pena, porque la montaña está en Huesca, no está en Zaragoza. Le están quitando el protagonismo que se merece.
Desde su responsabilidad en salud y prevención en la FAM, ¿qué autocrítica hace sobre cómo se comunica la seguridad? ¿Cree que hay mensajes que no están llegando?
El problema es que, por una parte, estamos potenciando el Pirineo y la Sierra de Guara centro mundial de aventura, así ha sido reconocida y premiada, y eso lleva a más afluencia a la montaña. Eso implica que, si ves en un anuncio a una persona saltando en un barranco en una poza, lo vas a querer imitar. Pero vas a tener que saber si esa poza está limpia, que el salto es limpio y no te vas a dar con ninguna piedra. Por muchas campañas que hagamos desde la FAM, la inmensa mayoría de los accidentados no son de Aragón. Hacemos mucha información y se gasta muchísimo en prevención. El problema es que tendrían que ser las campañas a nivel nacional, como las de tráfico.
¿Qué te ha dado Peña Guara que no se expliquen una relación entre cumbres y expediciones y qué crees que debería conservar los clubes de montaña para los chavales que empiezan hoy?
Tenemos muchísimos cursos de iniciación al montañismo, dos al año que se llenan, aparte de cursos de barracos, escalada, técnicas invernales, esquí de travesía de la montaña, en pistas. Solamente durante la Semana Blanca movimos a 1.000 personas para hacer cursos de esquí de pista. Los cursos hay para gente joven, muy joven y para gente mayor que ha descubierto la montaña, se ha jubilado y quiere aprender cómo moverse por la montaña. Por eso lo cuento muy orgulloso, la federación también impulsa ese tipo de formación, porque los clubs están para eso, para formar.
¿Sigue saliendo a la montaña?
Sigo saliendo, cómo voy a dejar de salir.
¿Qué es lo que busca ahora?
Divertirme. Que me premien por haber hecho lo que me ha gustado y haber estado con mis amigos haciendo lo que queríamos, no tiene ningún valor. Ahora seguimos saliendo con los amigos al monte y hacer cosas dentro de las posibilidades que tenemos que cada vez estamos más jorobados, sobre todo en la espalda que hecho muchas especialidades y ahora se paga.
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