Más allá del turismo: cómo los parques industriales frenan la despoblación en el interior del País Valenciano
El País Valenciano continúa creciendo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población valenciana ha aumentado un 118,30% desde 1960 —etapa central del éxodo rural del siglo XX— hasta alcanzar los 5,5 millones de habitantes. Sin embargo, esta población no se reparte proporcionalmente ni entre provincias ni entre municipios.
Castellón, Valencia y Alicante crecen a ritmos distintos. La brecha entre Castellón y las otras dos provincias responde a las oportunidades laborales y los sectores predominantes en cada una de ellas. Así, Castellón es la que menos crece, lejos de Alicante y de Valencia.
Esta diferencia no resulta extraña: es otro ejemplo de la España vaciada o, en este caso, del País Valenciano vaciado, una tendencia al decrecimiento poblacional de algunos territorios desde finales de los años 50 por el éxodo rural. “Vaciada” posee, además, una carga política, pues reivindica que este éxodo rural no fue, en muchos casos, voluntario, sino a fuerza de las condiciones materiales. Territorios cuyas poblaciones, al no poder encontrar empleo o tras la Ley de Reforma Universitaria (LRU) de 1983 —impulsada por el gobierno de Felipe González, que modernizó y fomentó una gran matriculación en las instituciones académicas—, abandonaron sus hogares.
En el País Valenciano, los municipios que pierden población se concentran en parte de Alicante y en el interior de Valencia y Castellón. En esta última, la despoblación ocupa la mayor parte del territorio. Estas zonas coinciden con las áreas fronterizas con Castilla-La Mancha y Aragón, la tercera y la cuarta autonomía española con menor densidad de población.
De nuevo, para comprender estos movimientos poblacionales, cabe atender a las oportunidades laborales. Según el Instituto Valenciano de Estadística (IVE), Castellón tiene su mayor peso ocupacional en la agricultura, vinculada al decrecimiento poblacional; Valencia dedica más personas a la industria, mientras que en Alicante predomina la construcción. En esta última destaca Benidorm, capital turística, que pasó de 6.259 personas en 1960 a 77.327 en 2025. Con más de 80 edificios que superan los 100 metros, miles de personas emigraron a esta ciudad por las oportunidades en la construcción, el sector hotelero y el ocio.
La disparidad en infraestructuras y escenarios explica estos flujos. Las ciudades con universidades, centros financieros y empresariales o turismo potente generan un “efecto llamada” de poblaciones provenientes de otras comarcas, comunidades e, incluso, países. Encontramos extremos como L'Alfàs del Pi, donde, en 2008, el Partido Laborista Noruego —en el gobierno del país nórdico por aquel entonces— creó su primera agrupación local en el extranjero. Aquel año, el municipio alicantino, con 20.000 habitantes, contaba con más de 2.340 noruegos censados y más de 8.000 residentes habituales. Benidorm y L'Alfàs del Pi han crecido desde 1960 un 1.135,45% y un 2.107,33%, respectivamente.
En cuanto a los nuevos habitantes procedentes de mercados laborales insuficientes dentro de la Comunitat Valenciana, estos tienden a instalarse en los grandes núcleos, contribuyendo frecuentemente al declive de sus pueblos de origen. Hablamos de municipios como aquellos que envuelven la capital, los destinos turísticos como la Costa Blanca o Peñíscola —que en verano supera los 100.000 habitantes y en 2017 alcanzó las 2.361.758 pernoctaciones—, las ciudades universitarias y, como centro de este artículo, los núcleos próximos a parques industriales, que crecen drenando otros territorios.
Estos son los 220 municipios valencianos que, según el estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV), están en riesgo de despoblación:
¿Adónde va esta población?
El éxodo rural trajo a otros españoles y extranjeros a las ciudades valencianas, atraídos por los sectores industriales, académicos y turísticos en auge. También miles de valencianos emigraron a grandes urbes dentro y fuera de España.
Los municipios más beneficiados por este flujo migratorio en el País Valenciano, tras las grandes ciudades, son los “núcleos industriales”.
Estas zonas, algunas con infraestructuras empresariales sólidas —aunque otras con economías en declive o saturadas—, han atraído en las últimas décadas a trabajadores de cualquier sector. A los extranjeros que llegan a estos núcleos los reciben sus habitantes —si los hay—, aquellos que lograron mantenerse en sus lugares de origen por la creciente oferta laboral.
Algunos de estos vecinos del siglo pasado han tenido que abandonar sus hogares por la gentrificación: mientras que sus niveles de vida y salarios se han mantenido estancados o han decrecido, los precios de los servicios de sus barrios han aumentado debido a la presencia de nuevos vecinos —muchas veces temporales— con mayor capacidad y demanda —esta última, suplida por locales de moda, franquicias y cafeterías de especialidad—. A este respecto, esto deriva en alquileres caros e inaccesibles para los valencianos de origen, que han quedado disponibles sobre todo para nómadas digitales, personas con patrimonios mayores o jóvenes que comparten piso en muchos casos.
De modo que se produce un efecto de reemplazo donde, en algunos municipios que logran sobrevivir, como Paterna, Benidorm o Sagunto, los nuevos trabajadores sustituyen a las familias originales, que, bien de forma voluntaria, bien forzosa, se quedan o se desplazan a otras localidades más asequibles o prometedoras.
Y no solo crecen los municipios con parques empresariales, sino también los colindantes, pues no dan abasto para cubrir la demanda de vivienda asequible en los primeros. Es el caso de Elx y su vecina Elda, situadas a 30 minutos en coche.
Estos núcleos empresariales, como el Triángulo de la Cerámica —Onda, Borriana y Vila-real— o el eje industrial Requena-Utiel, sostienen a los habitantes en aquellos lugares donde el turismo o la influencia de las grandes ciudades no llegan. La siguiente figura muestra cómo el turismo, las zonas empresariales y universitarias y la influencia de las grandes ciudades han resultado claves para sobrevivir a la despoblación:
Para ver la influencia del sector industrial en la población, basta con comparar las diferencias demográficas entre 1960 y 2025 y observar su distribución, muy similar a la de los parques empresariales actuales:
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