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Bulos no: Vox sí defiende las pensiones

El líder de Vox, Santiago Abascal (d), durante un acto público de esta formación celebrado en Granada.

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En uno de tantos alardes a los que nos tiene acostumbrados José María Figaredo para acallar el debate sobre su escasa capacidad intelectual, el diputado de Vox tiró de manual de libertario y propuso traer a España lo que se conoce como mochila austriaca. Que en Austria funcione este sistema es cosa de ellos, como fue cosa suya el entusiasmo con que recibieron, en 1938, la llegada masiva de turistas alemanes. Otra cosa es que aquí pueda aplicarse este modelo de semiprivatización de las pensiones y, una tercera, que es que la gente quiera que se aplique. Que los herederos económicos (e ideológicos) del franquismo pongan tanto interés en la cuestión es una red flag que debería percibirse de aquí a China.

De ahí, creo, nace el malentendido de que a los ultras no les preocupa el futuro de las pensiones cuando hay pruebas de sobra de que es una de sus primeras preocupaciones. Como presidente vitalicio de la Fundación Disenso —algo que él niega—, Santiago Abascal no puede cobrar un sueldo —algo que también niega—, pero sus examigos Juan García-Gallardo, Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith o Macarena Olona han olido trola, y juran y perjuran que no solo es presidente vitalicio del chiringuito sino que se ha embolsado 2,5 millones para asegurarse una vejez saneada. 2,5 millones, por cierto, de dinero público que recibe Vox para acabar con las paguitas.

Pero esa mamandurria es peccata minuta. Ellos piensan en grande. No a subir el salario mínimo interprofesional, no a actualizar las pensiones, no a la Ley de la Vivienda, no a reducir la jornada laboral… Cuando toca votar en contra de una ley que mejora la vida de la gente, ellos se ponen del lado de los que más tienen para que no tengan que temer por su futuro. Hasta proponen, en contra de la Constitución, reducir a dos los tramos del IRPF para que los suyos lleguen a la edad de jubilación con suficiente patrimonio como para vivir como reyes cien años más si hace falta. Digo ‘los suyos’, pero es evidente que un partido con expectativas de sumar el 20% del electorado el próximo 29 también tiene a mucho empanado que prefiere ir de tonto útil antes que asumir que está a dos pasos de tener que comerse los mocos.

Las pensiones, volvamos al tema, mueven 200.000 millones de euros al año, y si Vox propone la mochila austriaca es porque está muy interesado en ellas. Para saquearlas, por si hay dudas. Si algo, aunque sea un poquito, puede acabar en manos de fondos de inversión, ya se pueden ir a casa contentos. En Estados, la PBGC (Pension Benefit Guaranty Corporation) —dinero público para fiascos privados— asume cada año entre 40 y 50 pufos de fondos que quiebran y dejan a todos en la ruina. A todos los tontos me refiero, porque los CEO no solo cobran hasta el último día, sino que, antes de irse por la puerta grande a su mansión, se llevan algún bonus para poner broche de oro a la estafa.

Pero no hace falta cruzar el charco para encontrar ejemplos: en España, la rentabilidad media de los planes de renta fija es inferior a la inflación. Si sumamos los de renta variable (más rentables y arriesgados), solo la mitad son rentables. El que quiera que se arriesgue, pero que deje al resto en paz. Los bonus, eso sí, se pagan igual.

De todas estas cosas nos tendrá que hablar Abascal, el próximo lunes, en La Revuelta. Eso, si no pinta los calzoncillos, que de momento parece que por ahí van los tiros. Que alguien que casi hizo la mili, y el valor casi se le supone, haya pedido desembarcar con su propio público demuestra que cuando amenazan nubarrones y el tema puede salir, ni él se fía de si mismo para dar explicaciones. Porque las pensiones no nos las van a robar los menaokupas ni los woke, nos las va a robar la derecha y sus palmeros que votan por vivir peor.

Y la siguiente parada será ver a Figaredo en el debate de La Sexta del próximo viernes en el que se medirá, entre otros, a los ministros Carlos Cuerpo (PSOE) y Pablo Bustinduy (Frente Amplio). Huele a intervención de esas que da mal nombre a la vergüenza ajena. Con la mitad, en el cine mudo acababan en pelea de tartas.

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