Sobre este blog

‘En legítima defensa’ és un espai de distanciament crític o d'implicació serena amb les coses de la vida, que s’imposa com a objectiu primordial la defensa del dèbil davant d’això que anomenen actualitat, que no és el que passa, sinó el que volen que creguem que passa, o això ens sembla. La nostra arma preferida és el floret, però no renunciem a fer ús de l'estoc si cal, encara que això puga restar-nos una mica de prestància.

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‘En legítima defensa’ es un espacio de distanciamiento crítico o de implicación serena con las cosas de la vida, que se impone como objetivo primordial la defensa del débil ante eso que llaman actualidad, que no es lo que pasa, sino lo que quieren que creamos que pasa, o eso nos parece. Nuestra arma preferida es el florete, pero no renunciamos a emplear el estoque si hace falta, a pesar de que eso pueda restarnos un poco de prestancia.

Con las tripas

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‘En legítima defensa’ és un espai de distanciament crític o d'implicació serena amb les coses de la vida, que s’imposa com a objectiu primordial la defensa del dèbil davant d’això que anomenen actualitat, que no és el que passa, sinó el que volen que creguem que passa, o això ens sembla. La nostra arma preferida és el floret, però no renunciem a fer ús de l'estoc si cal, encara que això puga restar-nos una mica de prestància.

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‘En legítima defensa’ es un espacio de distanciamiento crítico o de implicación serena con las cosas de la vida, que se impone como objetivo primordial la defensa del débil ante eso que llaman actualidad, que no es lo que pasa, sino lo que quieren que creamos que pasa, o eso nos parece. Nuestra arma preferida es el florete, pero no renunciamos a emplear el estoque si hace falta, a pesar de que eso pueda restarnos un poco de prestancia.

Acabamos de despertar de un mal sueño y ya tenemos preparado un buen tazón de mierda para desayunar. Un desayuno que no hay quien se lo trague, que incita al vómito, que augura una indigestión aguda que algunos estómagos ya no están para resistir. Y más, sabiendo que es el preludio de un menú pantagruélico y mucho más empachador que todavía está por servir, que nos embutirán tanto si quieres como si no.

Al contrario de lo que dice el tango, ni el músculo dormía ni la ambición descansaba, no lo han hecho jamás. La poesía es un timo. Resulta que la nueva normalidad era la guerra, resulta que lo que se estaba preparando no eran solo las vacunas que habían de devolvernos la salud; también las pócimas con las que se intoxica el entendimiento de la mayoría y las armas con las que se destruye la vida de los más desafortunados, aquellos a los que les toca hacer de diana.

Por debajo o por encima del horror, lo que más le asquea a uno ya no es la sangre. Al fin y al cabo, la sangre es el líquido amniótico en el que se gesta la historia (esa que había llegado a su fin, según algunos). Lo que más asco le da es todo lo que permite que se viertan sangre y sufrimiento impunemente y a raudales: la doble moral, el oportunismo, la censura, la desinformación, la mentira, la manipulación, la simplificación insultante, los golpes bajos y persistentes que por una parte nos aturden y por otra despiertan nuestros peores instintos: el miedo y el odio, esos ratones insidiosos que recorren nuestras venas y nos incitan al linchamiento.

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