Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Este blog pretende transmitir reflexiones sobre música, literatura, arte, pensamiento y cultura en general, sin eludir la dimensión política. Trata de analizar la realidad, especialmente cuando, como ocurre con frecuencia, supera la ficción.

Gloriosos infrecuentes

Manuel Muñoz

0

Sobre este blog

Este blog pretende transmitir reflexiones sobre música, literatura, arte, pensamiento y cultura en general, sin eludir la dimensión política. Trata de analizar la realidad, especialmente cuando, como ocurre con frecuencia, supera la ficción.

El repertorio de las orquestas sinfónicas se suele centrar en una serie de compositores que se repiten sistemáticamente cada temporada. Es normal que haya mucho Brahms, Beethoven, Schumann, Mahler, Bruckner, Chaikovski… Son los preferidos del público, pero los programadores deben hacer esfuerzos por ampliar el repertorio. No solo hacia la música de autores actuales, sino también hacia otros músicos de calidad que por desgracia son poco frecuentados.

El Palau de la Música de Valencia ofreció el pasado día 18 un interesante programa con obras infrecuentes. Lo abría una del catalán Benet Casablancas, nacido en 1956, Tres epigramas para orquesta. Después se interpretó el Concierto para saxofón alto en mi bemol mayor de Alexander Glazunov, y en la segunda parte la Sinfonía número 1 en sol menor de Vasili Kalínnikov. Tocó el saxofón Carlos Giménez y dirigió Francisco Valero-Terribas, ambos valencianos. Las Orquestra de València interpretaba por primera vez las tres obras. El concierto fue programado como extraordinario, es decir, fuera de la temporada de abono, y con todas las entradas a precio reducido. Eso debió de contribuir a que una parte del público revelara su poca familiaridad con las salas de concierto aplaudiendo entre los movimientos de las obras.

La obra de Casablancas, estrenada en 2002 por la OBC, está escrita para gran orquesta, con importante percusión, nutridas maderas y amplios metales. Consta de tres partes, y tiene una gran fuerza expresiva y complejidad rítmica. Valero-Terribas hizo gala de precisión y claridad en el gesto. La lectura de la orquesta fue de gran intensidad. Delicioso el segundo movimiento, Notturno, con bellos solos, y brillante el final Allegro assai. Giocoso. La interpretación fue muy aplaudida y el compositor subió al escenario a saludar reclamado por el director.