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Sobre este blog

Este blog pretende transmitir reflexiones sobre música, literatura, arte, pensamiento y cultura en general, sin eludir la dimensión política. Trata de analizar la realidad, especialmente cuando, como ocurre con frecuencia, supera la ficción.

Joan Fuster en Chicago

Escultura de Henry Moore, titulada 'Energía nuclear', ante la biblioteca Regenstein de la Universidad de Chicago .

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Viajé a Chicago en el verano de 1988, cuando mi mujer, Júlia, trabajaba allí con una beca de Investigación de la Biblioteca Newberry. La ciudad está en la zona de los Grandes Lagos, en la ribera suroeste del Michigan. La belleza natural del emplazamiento se complementa con el interés arquitectónico de los edificios del centro. Un incendio de gigantescas proporciones lo destruyó en 1871, y célebres arquitectos acudieron para contribuir a su reconstrucción, como Louis Sullivan y Frank Lloyd Wright. El verano de 1988 hacía mucho calor, lo que es habitual en una ciudad de clima continental extremo. Me sorprendió que las ardillas que poblaban los parques públicos eran marcadamente sociables y que a la hora del crepúsculo era frecuente ver el tenue resplandor de las luciérnagas en los jardines.

La Joseph Regenstein es la principal biblioteca de la Universidad de Chicago, y ya entonces, hace 36 años, abría de ocho de la mañana a medianoche. Fue construida entre 1964 y 1970, según proyecto de Walter Netsch, y se ubica en el Campus Norte, donde estaba el antiguo campo de atletismo.  Allí Enrico Fermi y otros científicos lograron en 1942 la primera reacción nuclear en cadena autosuficiente. Lo recuerda una escultura en bronce de Henry Moore, titulada Energía nuclear. Acompañé a Júlia en una de sus visitas y quise curiosear si había libros de Fuster. Pude comprobar que estaba representada toda su obra publicada y también estudios sobre ella. La biblioteca aplicaba un sistema revolucionario: los libros podían ser retirados por los estudiosos directamente. Después de consultados, debían ser abandonados sobre las mesas y unos empleados se encargaban de devolverlos a su lugar.

En 2022 la Generalitat Valenciana, la de Cataluña y el Ministerio de Cultura celebraron con actividades y ediciones el Año Fuster, en el centenario de su nacimiento. Sin embargo, el nuevo conseller de Cultura y vicepresidente del Consell de la Generalitat Valenciana, Vicente Barrera, de Vox, decidió en noviembre pasado retirar la subvención que aportaba esta institución al Espai Joan Fuster, en Sueca. Se trata de la antigua vivienda del escritor, convertida en museo, que contiene un archivo con 21.000 libros y 12.000 revistas y periódicos, y que organiza actividades culturales. También retiró las ayudas a la Cátedra Vicent Andrés Estellés, en memoria del poeta de Burjassot, y a la asociación Acció Cultural del País Valencià. Por el contrario, anunció el apoyo económico a la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV), a Lo Rat Penat y a la Fundación Toro de Lidia de Madrid. Las razones dadas por el vicepresidente son que no piensa financiar entidades que promueven los Països Catalans para no contribuir a un procès a la valenciana. Tanto Lo Rat Penat como la RACV utilizan unas normas gràficas de escritura para la lengua autóctona diferentes a las de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, único organismo con capacidad normativa ortográfica reconocida por ley. Su creación fue iniciativa del PP cuando presidía la Generalitat Eduardo Zaplana, y se promulgó con los votos favorables de populares y socialistas. Ahora PP y Vox en las Corts Valencianes acaban de rechazar la propuesta de PSPV y Compromís de celebrar el centenario de Vicent Andrés Estellés en 2024 como Año Estellés aduciendo el “catalanismo” del poeta.

Me abstendré de calificar la decisión del vicepresidente Barrera, sobre todo porque se ha escrito mucho al respecto, pero también porque creo que se califica sola. Sí me gustaría, en cambio, hacer alguna reflexión. Las únicas razones que alega son ideológicas, lo que parece poco acorde con los criterios que deben presidir la actuación de las instituciones en una sociedad democrática plural. Ni una sola palabra sobre la calidad y transcendencia de las obras de Fuster y de Estellés.

Es bueno recordar que en 2005 el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM), dependiente de la Diputación de Valencia, organizó una gran exposición sobre Joan Fuster a propósito del cincuentenario de la publicación de su obra El descrèdit de la realitat. Allí se celebraron unas jornadas que dieron lugar a un libro bajo el título de El descrèdit de la Modernitat, en colaboración con la Universitat de València. Era diputado delegado de Cultura Vicente Ferrer y presidente de la diputación, Fernando Giner, ambos del Partido Popular y escasamente sospechosos de promover los Països Catalans. Se puede añadir que el libro que motivó la exposición, como la mayor parte de su obra, no versa sobre la cuestión nacional, ni siquiera sobre política, sino en torno al arte contemporáneo. Fuster unía a su agudeza intelectual una portentosa erudición y su obra versa sobre una gran variedad de temas. 

La retirada de estas subvenciones me ha recordado el verano de 1988 en Chicago. Ahora hay medios electrónicos que facilitan la consulta que hice entonces directamente en la Biblioteca Regenstein, aunque estemos a 7.000 kilómetros de distancia física. Su página web informa de que contiene 4,5 millones de volúmenes impresos. Una búsqueda por el nombre “Joan Fuster” arroja el resultado de 75 títulos, 45 de los cuales corresponden a obras firmadas por él y el resto, a estudios de otros autores. La búsqueda “Vicent Andrés Estellés” arroja 11 resultados, el primero de los cuales es una selección de poemas traducidos al inglés, publicada en 2013 en Ámsterdam. Es escasamente probable que el interés de la Biblioteca Regenstein por estos autores valencianos tenga que ver con la promoción de los Països Catalans o con la organización de un procès a la valenciana.

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